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María Lourdes Cortés: Escribir historia mientras corre la cámara
Por Doriam Díaz

Desde hace dos décadas, es una infiltrada que se ganó su lugar. Lo suyo era la literatura y la dramaturgia que la llevaron a estudiar las versiones para la pantalla grande de célebres novelas latinoamericanas: así, María Lourdes Cortés empezó a escribir ensayos sobre cine y, ahora, es la especialista irrefutable sobre la historia del séptimo arte en Costa Rica y Centroamérica.

A esta catedrática de Universidad de Costa Rica y gestora del fondo Cinergia la empezaron a llamar historiadora del cine antes de que ella lo aceptara. El medio cultural estaba convencido y lo demostró con dos premios nacionales a sus libros Amor y traición. Cine en América Latina (1999) y La pantalla rota. Cien años de cine en Centroamérica (2005).

Para Cortés no era falsa modestia, sino que ella no había salido de las aulas de historia de las universidades ni era cineasta. El cine se le impuso y se transformó en un fértil campo de estudio; había tantos vacíos que llenar y tantos mitos contra los que luchar.

En dos décadas ha cosechado seis libros sobre la pantalla, el más reciente es Fabulaciones del nuevo cine costarricense, un ensayo publicado por Uruk Editores que se comenzará a distribuir en las librerías esta semana.

Sus trabajos tienen historia, interpretación y hasta algo de crónica. Se alejan del lenguaje rimbombante de algunos académicos para poder explicarles a los lectores la tensa relación entre cine y literatura en América Latina, los importantes esfuerzos cinematográficos de Centroamérica durante 100 años y el duro camino del cine costarricense en el siglo XX, entre los temas más importantes. “Ya nadie se atreve a decir que aquí no hubo cine o que no había cine centroamericano”, asegura antes de darle un sorbo a una Coca Light, su eterno vicio en un restaurante en barrio Escalante, a unas cuantas cuadras de su casa.

Son textos claros y reveladores, mas no rebuscados. “Me gusta hablar en fácil... La mayor parte de los académicos ‘serios’ usan muchas palabras complicadas para decir cosas muy sencillas. Hice un doctorado en París con un montón de palabras difíciles y complicadas y montones de citas y bibliografía para demostrar que tenía ese nivel académico y ya. Quiero comunicar y que mis libros los puede leer cualquiera. Y, por eso, los temas son más populares. Al principio, en la universidad no era tomada en cuenta en congresos o en revistas serias porque mis trabajos no hablaban en difícil, pero, por otro lado, empecé a ganar premios nacionales, lo cual me ratificó que no tenía que cambiar ”, cuenta Cortés con desparpajo.

Nueva aventuras, viejas obsesiones
Dieciséis años después de su ensayo sobre la historia del cine en Costa Rica, María Lourdes quiso volver la mirada sobre nuestra producción actual en Fabulaciones del nuevo cine costarricense. Claro, lo que encontró en este siglo XXI es una panorama diferentísimo, más prolífico, plural y complejo, que había estudiado cuando abarcó el siglo XX.

“Hoy ya no podría hacer un libro como La pantalla rota, que es enorme, como de 614 páginas, para que nadie se atreva a decir que no hay cine en Centroamérica, lo mismo que El espejo imposible. Un siglo de cine en Costa Rica, que es bien grande porque había gente que decía que no hubo nada aquí. Ya no podría hacer esa biblia de estos 16 años porque es tanto lo que se ha hecho que me quedaría igual de biblia. Ahora, debo analizar tendencias y cosas más puntuales porque es demasiado, y eso es maravilloso”, explica.

Las cifras le dan la razón: Costa Rica pasó de nueve largometrajes de ficción exhibidos comercialmente en todo el siglo XX a 43 que se mostraron entre 2000 y 2016, aunque ocho no llegaron a salas comerciales. Todo esto sin contar documentales, cortometrajes, videoclips y videoartes, que también muestran un auge.

De estaba forma, María Lourdes va escribiendo la historia mientras la cámara no deja de correr.

En la nueva publicación de 276 páginas, la especialista aporta algunos factores que han contribuido a este crecimiento (tecnología, políticas culturas y fondos, muestra y festivales, oferta académica) y analiza la pluralidad de tópicos de nuestro nuevo cine: la urbe, la Costa Rica más allá del Valle Central, el fin de la familia feliz, la importancia del viaje, la relación con Nicaragua, nuestros nuevos (super)héroes (los futbolistas), la corrupción, el narcotráfico, las poéticas intimistas y las exploraciones de lenguaje y estructura, entre los más destacados.

“Tantas películas tienen en común la pluralidad y que quiebran con una visión complaciente del país –la de tarjeta postal–, a excepción de Maikol Yordan de viaje perdido (2014), detalla.

La experta valora la película de Miguel Gómez no solo por el fenómeno de taquilla –es la cinta tica más vista de todos los tiempos– y semanas en cartelera, sino también por lo que hay detrás de esto. “No creo que Maikol Yordan sea una comedia fácil; creo que tuvo tanto éxito por presentar los ideales del tico que nos han inculcado en la escuela y el colegio, y que es la imagen de la Costa Rica idílica –que ya no existe y probablemente nunca existió–: esa Costa Rica del tico campesino, blanco, bueno, trabajador, apegado a la familia, religioso... Es lo que le gusta ver a la gente: que el ingenuo le gana al malo, que viene de afuera. En ese sentido, la gente sale feliz de verla”.

En 2009 le sirve para dar varios ejemplos. Ese año se vieron los largometrajes Gestación, de Esteban Ramírez; El camino, de Ishtar Yasin; La región perdida, de Andrés Heidenreich; Tú no estás en mis zapatos, de Gerardo Selva, y Tercer mundo, de César Caro Cruz. “Ese año está Gestación, que atrae a mucho público –es segunda cinta tica más vista–, y El camino, que es la película más premiada de este país –16 galardones internacionales– y se estrenó en el Festival de Berlín. En 2009 se marcan las dos tendencias fundamentales: el cine que intenta atraer un público y el cine que se tira directamente a un festival internacional”.

Curiosamente, el primero se relaciona con una forma de contar más tradicional (de introducción, desarrollo y conclusión) y el segundo muestra propuestas diferentes, más experimentales, con un lenguaje más poético.

Usualmente, los historiadores prefieren la distancia para analizar su campo de estudio; sin embargo, Cortés se lanzó sobre material muy próximo. ¿Por qué ir leyendo en vivo lo que va pasando con el cine? “Quizá porque no es historia. Estos son ensayos acerca de qué están hablando los cineastas en este momento; es un rescate de la memoria para que no se pierda. Es una interpretación mía. Actualmente, hay alguna gente que, por dicha, está empezando a hacer otras interpretaciones y análisis de películas y temas, aunque todavía nadie ha agarrado el bloque entero”.

Centroamérica y más allá
Después de examinar con detalle nuestra pantalla, María Lourdes vuelve a levantar la mirada para examinar el istmo; es la segunda vez que hará este ejercicio.

Gracias a que fue escogida como Catedrática Humboldt 2017 –el otro elegido es Carlos Sandoval–, ella podrá investigar durante este año sobre qué es lo más importante que ha sucedido en el cine centroamericano durante estos 16 años.

Este es su charco. Y lo conoce tan bien no solo por sacar a la luz lo que fue un siglo de producción en la región con la señera investigación para La pantalla rota (2005), sino también por su participación en el fondo audiovisual Cinergia, el cual le dio la posibilidad de acercarse y apoyar cineastas y proyectos en Centroamérica y el Caribe.

Aunque Cinergia se quedó sin recursos para seguir con sus convocatorias y ayudar a materializar sueños cinematográficos, Cortés espera que ese fondo de 12 años se cierre con un último espaldarazo a la película Días de luz, con directores y productores de Centroamérica. “Sería tan simbólico”, dice con brillo en la mirada en medio del luto que ha sido para ella ponerle punto final a esta labor. “La región ya se encuentra en un momento en que sabe dónde conseguir dinero; Cinergia ya cumplió un ciclo”.

Posibilidades no le faltan a esta mujer hiperactiva, apasionada y locuaz –claro, tiene tanto que contar; sin embargo, es cierto que alguna vez la han mandado a callar–. Además del cine del istmo, trabajará el imaginario del fútbol en la pantalla grande; no cabe duda: un temazo.

Mientras la cámara corra, esta madrina del cine de la región seguirá tratando de aclararnos cómo leer esas imágenes en un contexto más amplio.

(Fuente: www.nacion.com)

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