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Guion para hacer memoria del cine del cubano Tomás Gutiérrez Alea
Por Hilda Rosa Guerra

Durante la Feria Internacional del Libro de La Habana los lectores tienen a su disposición el guion del filme cubano más célebre de todos los tiempos, Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea. Este es el segundo ejemplar de la Colección Guion Cubano de Ediciones ICAIC, proyecto coordinado por el guionista Arturo Arango que pretende estrechar a través de las palabras nuestra cinematografía con su público.

En el prólogo de la obra, la profesora Astrid Santana –quien en un libro analizara las relaciones del largometraje con la literatura–, dedica las primeras líneas a la importancia del guion en la concepción de un filme, algo que, aunque archiconocido, a veces olvidamos (in)conscientemente. Estas palabras son un buen resumen: “Si bien un guion no satisface todas las decisiones que se toman en la puesta de escena, contiene la estructura, los diálogos, la caracterización de personajes; a saber, la acción narrativa, la dramaturgia y el planteamiento ideotemático de una obra cinematográfica”.

Luego del umbral, llega el guion, escrito por Edmundo Desnoes y Tomás Gutiérrez Alea. Aunque su lectura, como de todo guion, pudiera resultar difícil por la estructura que caracteriza este tipo de texto, para quienes hemos visto el filme resulta una suerte de revisita, esta vez sin imágenes ni sonido. Aunque creo que lo más interesante es descubrir las transformaciones que experimentó este trabajo, pues el guion que aparece en este libro no es la versión final del filme de 1968. Tan solo el comienzo y el final sorprenden a quienes conocemos la película. De hecho, esa recurrente imagen de Sergio detrás del telescopio estará ausente en la lectura, pues la idea nació durante el rodaje.

El acercamiento a este texto, entonces, da la medida de cómo la filmación y edición de una obra cinematográfica pueden metamorfosear a gran escala las primeras ideas de los guionistas.

Pero el libro es una excelente obra no solo por su plato fuerte, sino por incorporar hermosas fotografías y una serie de textos escritos por diferentes autores, entre ellos, el propio Titón, Desnoes y el editor del largometraje, Nelson Rodríguez, quien asegura haberse pasado la vida hablando de Memorias… Integran también el listado artículos del crítico e investigador Juan Antonio García Borrero, del polémico Rufo Caballero y del director de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo, quien cuenta en jocosa crónica los ires y venires de la restauración de la renombrada cinta.

A tales riquezas se agregan en perfecto cierre los galardones del filme, su sinopsis, ficha técnica, equipo técnico y elenco, pequeña fuente de información concisa y fiable para aquellos que necesitan acudir a los créditos por una razón u otra.

En fin, que esta obra es una de mis sugerencias para la fiesta del libro. Para quienes amamos la película es ejemplar de colección; para los críticos, estudiosos de la obra y demás especialistas cinematográficos, referente obligatorio; para quienes no gustan del largo, la motivación para una segunda lectura visual; y para quienes no conocen la obra por antonomasia de Titón, perfecta invitación a contemplarla.

Concluyo, precisamente, con algunas palabras del gran cineasta, publicadas en 1968 en la revista Cine Cubano y retomadas en este libro: “Debo decir que esta es la película en que más libre me he sentido (libre, se sobreentiende, de los compromisos falsos o verdaderos que uno hace consigo mismo, y de las propias limitaciones), a pesar de las omnipresentes limitaciones que el subdesarrollo nos impone”.

(Fuente: Cubacine.cult.cu)

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