Jacob Fuoco compraba contrabando. Una tarde, Carleto estuvo en su tienda diciéndole que tenía algo para él aquella noche. El viejo respondió que mandaría a su sobrino Carluccio, gerente de la casa, para ver la mercancía. A la hora acordada, el muchacho se encontró con los dos contrabandistas y Jerônimo Pigatti, dueño del barco que los llevaría al punto de la Guanabara, lugar donde recibirían el contrabando. Este no existía: lo que el trio deseaba eran las llaves de la tienda, lo que consiguieron matando al muchacho y tirando su cadáver al mar, con una enorme piedra amarrada a la cintura. Volvieron a la Calle de la Carioca, penetraron en la tienda e iniciaron el robo. Pero no contaban con la llegada inesperada del otro sobrino de Fuoco, Paulino, que se vieron obligados a matar. Por poco cometen los crimenes perfectos, pero fueron descubiertos.
Basada en la pieza teatral Quadrilha da morte, de Figueiredo Pimentel