“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
Glue es un relato sobre la adolescencia. Pero, a diferencia de Nadar Solo (2003), la adolescencia no está enfocada como un lugar a la espera de respuestas. Aquí los personajes salen a buscarlas. Si bien en Nadar Solo predominaban los planos estáticos que producían desorientación tanto en el protagonista como en los espectadores, aquí la cámara en mano reproduce la explosión y violencia de los grandes cambios experimentados por los protagonistas en su despertar sexual.
La construcción del relato también es una exploración del lenguaje cinematográfico en búsqueda de nuevas maneras de narrar. Hay momentos con diferente tratamiento de la imagen. Las escenas filmadas en 16 mm acompañadas de música rock and roll (siempre en inglés, porque no importa tanto lo que dice sino la sensación producida en los chicos) marcan la explosión interior en ellos, como si estuvieran lidiando con su interior y el exterior.
Hay dos narradores. Si bien queda claro que Lucas es el protagonista, Andrea por momentos toma las riendas de la narración para dejar en claro que ese proceso adolescente se extiende más allá del género masculino o femenino.
Por otro lado, la película de Alexis Dos Santos contrapone dos mundos claros: el de los adolescentes y el de los adultos. La focalización siempre se encuentra del lado de los chicos, mientras que los adultos son vistos desde afuera. Algunas veces hasta literalmente, como la pelea entre padres a través de la ventana. La frontera entre ambos mundos se irá acortando hacia el final del recorrido, con la perdida de prejuicios y el fin de la inocencia.