“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • Diego Lublinsky habla de su primer largometraje Tres minutos

    Tres minutos, primer largo de Diego Lublinsky, puede gustar o no, pero seguro sorprende. En el contexto de un cine nacional mayormente naturalista, no es común que un director se lance con una historia fantástica, de apariencia ingenua, centrada en el amor entre un periodista de alrededor de 30 y una pianista preadolescente. ¿Una combinación de Volver al futuro con Lolita? No, y menos que menos de Lolita: en Tres minutos, ciertas distorsiones del tiempo -o, tal vez, la distorsión de la percepción del tiempo- acercan en edad a los personajes y los alejan de la prohibición del deseo.

    "Simplemente, me planteé hacer una propuesta lúdica para el espectador y me dejé llevar -explica Lublinsky, de 39 años y larga trayectoria en televisión-. Lo pensé como un juego: qué pasaría si el tiempo se detuviera y una pareja lograra aislarse del resto del mundo. No filmé pensando en oponerme a ninguna corriente; no quise diferenciarme de nadie. De chico me influyó el cine fantástico y, por supuesto, la literatura de H.G. Wells. La dificultad es que acá no hay referentes del género fantástico ni un camino recorrido. Hay que apelar a la imaginación y lograr efectos visuales creíbles, sin tecnología de punta ni megapresupuestos".

    La historia romántica de Tres minutos parece aludir a los amores anacrónicos, que finalmente son desamores. Al típico: "Qué bueno hubiera sido conocernos en otro tiempo..."

    Es verdad. Y yo le encontré otros sentidos a la película una vez que la terminé. Por ejemplo, que el paso del tiempo se vive de un modo diferente según la edad. El enamoramiento adolescente se vincula con una sensación de eternidad y de aislamiento del resto del mundo. Pero, más allá de estos elementos que mencionamos, intenté acercarme al público de un modo no intelectual. Traté de hacer un cuento infantil que hiciera pasar al espectador por las sensaciones de los protagonistas. A mí me pasó eso cuando a los 13 años vi Un fantasma en el Paraíso, de Brian De Palma. La disfruté mucho. Pero recién cuando volví a verla, más adelante, noté con mayor nitidez que tenía otros sentidos.

    Empezaste a escribir este guión con una ex pareja, hace ocho años. ¿El paso del tiempo y las circunstancias cambió mucho la historia original?

    Me fui a vivir a España en el '98. La primera versión de Tres minutos es de 2000; al año siguiente ganó el concurso del INCAA "Opera prima". Tiempo después, me separé, dejé todo allá y me volví a la Argentina. Obviamente, al retomar la historia ya era otro tipo, algo que suele pasar en el cine. Mi noción del amor y el paso del tiempo habían cambiado: ya no pensaba que el "para siempre" era tan maravilloso. Más bien me parecía angustiante. La historia de Tres minutos se empezaba a enrarecer. Igual, traté de mantenerme fiel a la idea original; la que, en definitiva, había premiado el Instituto.

    En televisión fuiste director de El otro lado y de El visitante, ciclos míticos de Fabián Polosecki. ¿En qué te modificó trabajar con él?

    Teníamos estilos muy distintos. Yo, en aquel momento, hacía cortometrajes con un alto grado de delirio, mientras que él tenía un contacto feroz con la realidad. Polo me puso los pies sobre la tierra: me mostró que en cada esquina hay una historia fantástica, en todos los sentidos de la palabra. Sabía observar y escuchar. Para mí, los años con Polo fueron una escuela más importante que la ENERC, en donde estudié cine. Además, la experiencia en El otro lado y El visitante me permitió hacer televisión en España: me cambió la vida.


    (Fuente: Clarín)



    Más información en: www.clarin.com


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