“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
Apelar a un dispositivo fantástico para contar una historia de amor o desamor no es nuevo. Pensemos, por ejemplo, en una película y una novela: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, de Michel Gondry, y La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares. La opera prima de Diego Lublinsky no se acerca al nivel de estas obras estupendas, pero utiliza un mecanismo similar: coordenadas más que infrecuentes en el cine argentino.
También es cierto que Tres minutos, trabajada en un tono naif —casi de fábula infantil— y un humor que bordea la farsa, parece más centrada en la emotividad de lo posible —sin idealizar a la pareja— que en los dramas de lo imposible. Ese aire descontracturado, más las actuaciones de un buen elenco y la música, le dan un encanto particular, que suple algunas puestas en escena no muy logradas y algunas simplificaciones, un tanto arbitrarias, del guión. No es fácil hacer ficción fantástica con pocos medios.
El género demanda la suspensión momentánea de la incredulidad. Y acá más. Alex (Nicolás Pauls) es un periodista de televisión casado con una periodista llamada Julieta (Antonella Costa). El matrimonio, que está estancado, debe viajar a un pueblo para investigar y mandar notas sobre tres hombres que se perdieron en una cueva: uno de ellos es hijo de una vieja actriz que desapareció en los 50. Julieta le da a Alex unas extrañas pastillas que lo aceleran y le cambian la percepción del tiempo.
En un hotel de pueblo, Alex conoce a Ana (Natalia Amado/ Julieta Zylberberg), una adolescente que vive ensayando música clásica en su piano (su metrónomo será un elemento esencial del filme) y que está por afrontar un duro examen. El guión hará que la nena se convierta en el vértice de un triángulo, que más bien será un cuadrado. Con desniveles pero frescura, la película sigue esta historia sentimental y otra de suspenso; encuadradas en un juego de anacronismos. "La única diferencia entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho dura un poco más", decía un personaje de Oscar Wilde. Amor y tiempo, misterios e ironías: elementos que también parecen fascinarle a Lublinsky.