“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

CRITICA


  • António Um Dois Três, las noches blancas de António
    Por Roberto Oggiano

    Al igual que sus ilustres predecesores Visconti y Bresson, el joven director brasileño Leonardo Mouramateus ha decidido adaptar la novela corta Las noches blancas de Fiódor Dostoyevski en su primer largometraje, António Um Dois Três, presentado en la sección Bright Future del 45° Festival Internacional de Cine de Rotterdam.

    Una adaptación bastante liberal y nada rigurosa, por ejemplo, en lugar del San Petersburgo, la Venecia de Visconti o el París de Bresson, ha escogido como trasfondo la ciudad de Lisboa. La que en un principio parecía una comedia sentimental se transforma en una obra de éxito y divertida de la cual el lenguaje meta-narrativo surge como estructura principal de toda la película. El soñador se llama António (Mauro Soares) y él también vaga en busca de ilusiones, pasiones y espejismos románticos que responden al nombre de Deborah, una bellísima joven brasileña de ojos verdes interpretada por la actriz y directora Deborah Viegas.

    El montaje elaborado y original huye de la narración en bloque. Los protagonistas de la película, a pesar de pasar por buenos y malos momentos, mantienen la ligereza necesaria para la narración de un sueño, poco efímero respecto al trágico destino del personaje nacido de la pluma del escritor ruso. Dicen que el filme gira en torno al metalenguaje: cuenta la génesis de una obra teatral que se desarrolla junto al papel de los protagonistas, en ocasiones actores, autores y espectadores, amantes o amados, representantes o representados.

    Una obra ambiciosa aunque no pretenciosa, en la que Mouramateus consigue eludir cierto patetismo recurrente (al que se suele referir erróneamente con el término “teatralidad”), tanto cuando se intenta llevar el teatro de lo absurdo a la gran pantalla como cuando los actores se dirigen al público y miran fijamente a la cámara. Lo mismo pasa al filmar Lisboa: nada de imágenes de postal, nada de anuncios publicitarios, más bien se flota sobre la ciudad con alusiones ocultas e irónicas a la precariedad económica de sus actores. Las inserciones cómicas y reflexivas se miden definiendo el carácter jocoso de la obra (del verbo inglés to play, que significa tanto jugar como recitar).

    En definitiva, una buena película: la agradable narración onírica de António, um, dois, três sigue los pasos de la obra maestra Las mil y una noches de Miguel Gomes, dividido en tres; ¿dices que el nuevo cine habla portugués?

    La película ha sido producida por Filmes do Asfalto (Portugal), If You Hold A Stone (Brasil) y Praia à Noite (Brasil). Ramonda Paris se encargará de las ventas.


    (Fuente: Cineuropa.org)


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