“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • Un mundo raro, cuando la sorpresa es más interesante que la convicción
    Por Rubén Padrón Astorga

    Ya no son solo las películas de los directores consagrados las que reafirman la vitalidad del cine mexicano contemporáneo. Ya son también los trabajos principiantes, los proyectos de aprendizaje y los sueños realizados de cineastas que empiezan de cero la aventura de rodar, sin experiencia previa y sin fama que los sostenga. Una cinematografía robusta no es la que se firma solo con nombres célebres, que pertenecen más a un pasado ilustre que a un futuro incierto, sino la que sorprende con historias bien contadas por cineastas que lo hacen por primera vez. Un cine hecho exclusivamente por consagrados es un cine decadente.

    Un mundo raro (Armando Casas), que forma parte del Proyecto de Óperas Primas del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), de la Universidad Autónoma de México (UNAM), cuenta la historia de un grupo de ladrones que se dedican a asaltar taxis. Un día la víctima resulta ser el famoso Tolín, un humorista que conduce un programa de televisión. Lo asaltan, lo secuestran, pero uno de los ladrones es un furibundo admirador suyo.

    No dejan de sorprender en esta cinta las tremendas transformaciones que sufren sus protagonistas. Mientras está secuestrado, el cómico se deja seducir por la admiración de su ladrón. Atravesado por el miedo, Tolín escucha conmovido los chistes del novato y lo corrige con humildad. Entre la brusquedad y el entusiasmo, Emilio, el matón, guarda su pistola, desata las manos del secuestrado y se deja instruir. Entonces lo libera, animado con la idea de cumplir su sueño de triunfar en el mundo del espectáculo. Poco tiempo después, el cómico recibe la visita del asaltante, que quiere ser incluido en el programa de televisión.

    Hasta aquí se han presentado dos caracteres rigurosamente opuestos, no solo por la clase de personas que son, sino por su comportamiento. Pero distanciados de la circunstancia que diseñó su primer encuentro, el comediante se revela como hombre sin escrúpulos que utiliza los peores recursos para solidificar su fama. Su talento es una oscura selección de ganchos fáciles para atraer al público.

    Por su parte, Emilio se entrega a la ilusión de su sueño recién cumplido, en un mundo mezquino y competitivo que le recibe a empujones, que le vienen de todas partes, pero sobre todo de Tolín. Pero lo interesante es que el cómico no lo ataca para vengarse, sino para demostrarle al ladrón que la ilusión y el talento no son las reglas del sitio al que ha llegado, sino la violencia, la fuerza y la astucia. Entonces Emilio se convierte en una especie de secuestrado en el mundo de Tolín.

    Un mundo raro seduce por la inteligencia y la seguridad con que está narrada. Y no era una historia fácil de contar. Basta con observar la complejidad de su tesis y a estos dos personajes antagónicos, que son colocados por el azar en el mundo del otro. Disociados repentinamente del sitio al que pertenecen, ambos salen de esta visita como purificados y un poco mejor de lo que eran. Esto es raro, o por lo menos contradictorio. Pero la realidad es así de extraña y a uno no le queda más remedio que sorprenderse.


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