“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

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  • Zama, de Antonio Di Benedetto, el libro detrás de la película
    Por Juan Pablo Russo

    Antonio di Benedetto publicará por primera vez Zama en 1956, el cual, como muchos de aquellos textos fundantes en la literatura argentina, permanecerá casi sin lectores quizás hasta su regreso al país después de la dictadura. Según Juan José Saer, "...la deuda inmensa de la cultura argentina con Antonio di Benedetto aún no ha sido saldada.” Tal vez sea este el momento.

    Con una escritura bella y precisa, Antonio di Benedetto narra la existencia solitaria y suspendida de Don Diego de Zama, un funcionario de la corona española en Asunción del Paraguay que, víctima de una interminable espera, aguarda ser trasladado a Buenos Aires a fines del siglo XVIII.

    La novela habla de casi una década en la vida, episódica, fragmentada, contemplativa, de un letrado criollo. Diego de Zama es el hombre que espera, pacientemente, regresar a un centro de poder, a la urbe, al puesto que se merece y del que ha sido desplazado por ser un tipo justo. A causa de ser como es, Zama vegeta en un pueblo, en medio de la mediocridad de los matachines y oficiales corruptos. Lo único que lo mantiene vivo, diríase, son sus lances amorosos, auténticas aventuras donjuanescas que adoptan un sentido casi de fin’amor: Zama se enamora como un galán de comedia áurea, ronda de noche junto a las ventanas, sufre por la aparente indiferencia de la amada, suspira, adora y besa la mano femenina como si fuera una reliquia, además de que mezcla la melancolía amorosa con la furia del deseo. Sin embargo, los años pasan, los lances del enamoradizo, así como las dificultades del funcionario, no cesan, el traslado no llega, las cartas menguan.

    Quizás como último recurso, Zama decide desempolvar la coraza y se propone alcanzar la gloria por la vía de las armas. Se embarca en una expedición que tiene algo de tragedia, con ese ambiente de perfidia y muerte que lo impregna todo conforme avanza la hueste a la caza de un rebelde (el borroso Vicuña Porto) que, en realidad, se encuentra entre sus propias filas. Así muere Zama, literalmente desgarrado, indigno y absurdo, a manos de los hombres infames en un ambiente agreste, lejos de los amores refinados y de su familia.

    Una de las mayores virtudes que Di Benedetto expone en Zama es un estilo singular, diáfano e inconfundible. Su prosa es espartana, sobria, con el adjetivo preciso y oraciones cortas, sentenciosas, que se alternan con párrafos sólidos:

    "Ningún hombre –me dije- desdeña la perspectiva de un amor ilícito. Es un juego, un juego de peligro y satisfacciones. Si se da el triunfo, ha ganado la simulación, ante interesado tercero y contra la soledad, guardiana gratuita". (Zama, p. 35).

    Una prosa eufónica, con tintes líricos dosificados, clásica y distinguida es lo que propone Antonio di Benedetto en Zama.

    "¿Por qué hacer una película de Zama? Porque pocas veces en la vida se puede emprender una excursión irreversible y exquisita entre sonidos e imágenes a un territorio decididamente nuevo", señaló Lucrecia Martel, la directora de la versión cinematográfica de la novela que tuvo su estreno mundial en la pasada edición del festival de cine de Venecia.


    (Fuente: Escribiendocine.com)


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