“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

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  • El nuevo reto de Jorge Luis Sánchez
    Por Paquita Armas Fonseca

    Hace poco más de un  año me encontré de nuevo con  Malú Tarrau. Ambas somos amigas de Luciana Mazza, una documentalista argentina  que tiene una pieza, Luces y duendes,  sobre  La colmenita que de alguna manera he sido su promotora en Cuba.

    El día que me topé con Malú sus manos eran (no es una metáfora) un témpano de hielo y su voz se ahogaba al decirme “voy a hacer de Juana Borrero, en una película sobre Casal”.

    ¿Y quién la hará? , le pregunté y me dijo Jorge Luis Sánchez, yo solo atiné a decirle “empieza a leerte todo lo que puedas de la Borrero para que te sientas poseída por ella”. Le pedí me avisara cuando supiera algo más del filme y no lo hizo, la entiendo a Jorge Luis no le gusta hablar sobre lo que hace ni crear expectativas, pues es de los que cree que en materia de cine ni la pantalla es el fin, si no la mente de los espectadores.

    Para mí pensé ¡que guapo, después de su ópera prima con El Benny, todo un éxito y Cuba libre, también reconocida, de nuevo una película de época!

    El viernes 21 de septiembre terminó la filmación de Casal, título de producción,  luego de 11 semanas  intensas dedicadas a la prefilmación  y 10 agotadoras de Filmación, rodada íntegramente en los Estudios Cubanacán del ICAIC con un posible estreno para el cuarto  trimestre del 2019 y que tiene un antecedente en el guion El frio en el disco de la luna (así se llamaba), que recibió una mención  en el  XXI Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, diciembre de 1999, casi veinte años atrás.

    Digo mal: existe otro antecedente: su documental  Dónde está Casal (1990), entonces  ¿quién le iba a costear un  largometraje de época?

    Aunque para esa época el graduado en Pedagogía ya  tenía en su haber la asistencia de dirección a varios filmes, entre ellos: Un señor muy viejo con unas alas enormes (Fernando Birri) y Clandestinos (Fernando Perez), con este último repetiría en Hello Hemingway y Madagascar, como primer  asistente.

    Y también había realizado el documental El fanguito que mereció una caterva de reconocimientos.

    Jorge Luis, un cineasta, mejor un creador de pelo en pecho, como diría su amigo el Blado Zamora, también muestra un pedigrí de promotor: organizó en 1987 el Taller de Cine y Vídeo de la Asociación Hermanos Saíz, (AHS), espacio que nucleó a numerosos jóvenes que no habían podido dirigir sus obras en el ICAIC, presidió la Asociación Hermanos Saiz, en uno de sus mejores momentos y el comité organizador de las Muestras Nacionales de Nuevos Realizadores.

    Lo de su admiración  por Casal le llega con la misma edad conque murió el poeta, de manera intensa con la lectura de Casal, la biografía de Emilio de Armas, además de las Prosas y la Poesía, Compilación, prólogo y notas de Emilio de Armas, que lo compulsó  a leer toda la obra de aquel joven considerado un  iniciador del modernismo y al que José Lezama Lima, Dulce María Loynaz, Cintio Vitier y Fina Garcia Marruz le dedicaron no pocas horas para rescatarlo quizás no del olvido, pero del rincón en el que aún está.

    Como todo artista Jorge Luis rumió su historia, convocó a amigos, les leyó el guion y así, al fin, pudo empezar a filmar.

    Esther Masero, a cargo de la Producción, contó que  en cinco espacios, incluido el Foro de Cubanacán, se montaron 36 decorados, un promedio de doce en cada uno, que  requería un complejo proceso de montaje y desmontaje, lo que significaba  que lo filmado hoy no se podía repetir mañana porque ya el decorado había cambiado. Para ella, Ingeniera civil de formación, ducha en esos menesteres, esta es una de las producciones más complejas que ha dirigido.

    En tanto Pedro Suarez, Supervisor de postproducción, una nueva y necesaria figura en el cine cubano, que asegura la eficiencia y la armonía tecnológica en medio  del incesante entramado digital, detallista, analítico y explícito a la hora de explicar comentó que las tomas filmadas, luego de desglosarse y sincronizarse,  cuando terminaba el día de rodaje Jorge Luis y el equipo de dirección las visionaban, algo que en el argot cinematográfico se conoce como como ver rushes, practica importantísima y que, lamentablemente, desde la irrupción del digital está desapareciendo en el cine cubano. Se está utilizando el soporte 4K, el más parecido a la imagen en el antiguo 35 mm, pero cuando terminen los procesos finales de la postproducción, esto hará posible que se exhiba con la máxima calidad en los proyectores digitales de los cines, además de la copia HD para la televisión.

    El resto del staff lo integran: fotografía,  José Manuel Riera; montaje, Osvaldo Donatién; arte, Maykel Martínez; diseños de vestuario, Gabriel Hierrezuelo; escenografía,  Taimí Ocampo; diseño de Banda Sonora, Osmany Olivares; sonido directo, Damián Rubiera; música, Juan Manuel Ceruto; Primer Asistente de Dirección, Juan Carlos Téllez; efectos visuales, Jorge Céspedes; Maquillaje, Magaly Pompa; peluquería, Elio Durán y guión, Mariana Torres y el propio  Jorge Luis.

    El reparto está formado por Yasmani Guerrero, Yadier Fernández, Blanca Rosa Blanco, Armando Miguel, Marlon López, Enmanuel Galbán, Malú Tarrau, Oscar Ibarra, Frank Mora  y Rolando Rodríguez, entre otros actores y actrices.

     

    Para el cineasta “El poeta cubano Julián del Casal (1863-1893), vivió 29 años, los suficientes para ser uno de los iniciadores del Modernismo, el movimiento literario que desde Latinoamérica, a finales del siglo XIX, renovó las letras hispanas. Su corta e intensa vida me inspiró concebir esta película.”

    Mucho antes, José Martí dijo “(…) De la beldad vivía prendida su alma; del cristal tallado y de la levedad japonesa; del color del ajenjo y de las rosas del jardín; de mujeres de perla, con ornamentos de plata labrada; y él, como Cellini, ponía en un salero a Júpiter. Aborrecía lo falso y pomposo. Murió, de su cuerpo endeble, o del pesar de vivir, con la fantasía elegante y enamorada, en un pueblo servil y deforme (…)” y también “(…) El verso, hijo de la emoción, ha de ser fino y profundo, como una nota de arpa. No se ha de decir lo raro, sino el instante raro de emoción noble y graciosa. Y ese verso, con aplauso y cariño de los americanos, era el que trabajaba Julián del Casal (…)”

    Razones existen para volver (o visitar) a Casal. Yo sólo vi un set y me impresionó. Le seguiré los pasos y en algún momento  le pediré a Jorge Luis que confiese su acto de “exorcización”  con Casal.


    (Fuente: tvcubana.icrt.cu)


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