Contundente y simple al mismo tiempo es esta inusual y lograda opera prima del director argentino residente también en Lima, Gianfranco Quattrini, quien con solo treinta años, ya logró un muy buen comienzo en la industria del cine.
El Taxi driver de Lima, recitó alguien en la antesala del cine y si bien no se relaciona en nada por temática, auguró si las desventuras de este conductor de taxi limeño, amante del tarot, que irá cambiando su vida a lo largo de la película.
El protagonista del volante -y merece párrafo aparte- es Julio, interpretado por Jesús Aranda, un carismático actor peruano que lleva adelante con enorme solvencia e inusitada gracia, que provoca una enorme empatia en la platea, el principal rol del film.
Julio, amante del futbol, del destino y de las mujeres pagas, irá viendo como cambia su vida al recibir la noticia de que su hija está embarazada, al mismo tiempo que corre el peligro de perder su casa si no consigue una fuerte suma de dinero. Con un matrimonio aburrido y desgastado, un maestro de tarot que no termina de darle el visto bueno para que se dedique al arte de predecir el futuro, y enamorado de una prostituta, Julio deberá ir decidiendo, casi con los espectadores, cuales son las decisiones que lo lleven a resolver de alguna manera.. sus problemas.
Lejos, pero bien lejos del dilema moral, el director y guionista Quattrini y su coguionista Vazquez muestran a sus criaturas con sus defectos y virtudes y se corren de todo tipo de juicio, dejandonos a nosotros las interpretaciones, si las hubiera...
Con algunas leves lagunas en la narración, quizás demasiado tarot, el film nos lleva suave hasta el final, y aporta esplendidos rubros técnicos, impecable fotografía de ciudad de Lima, aportes actorales de los argentinos Pablo Brichta y Jean Pierre Regueraz; hasta un muy logrado y positivo resultado final, que abre enormes expectativas por la continuidad y el futuro del trabajo de su debutante director.