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  • José Manuel Cravioto


    Olimpia, película mexicana hecha con rotoscopía, es coproducida por la UNAM

    Dirigida por el mexicano José Manuel Cravioto y coproducida por la UNAM, Olimpia es la primera película mexicana hecha con rotoscopía.
     
    Por extraño que suene, el cineasta mexicano J. M. Cravioto estaba en plena infancia cuando se sintió interesado por primera vez en los hechos ocurridos el 2 de octubre. A la edad aproximada de 9 años se topó con un volumen de La noche de Tlatelolco, el testimonial de Elena Poniatowska, en donde halló esas fotografías de niños tirados en el pavimento que nunca más pudo olvidar. “El hecho de yo ser un niño que estaba viendo niños muertos se me quedó. Conforme fui creciendo me hizo querer saber qué había pasado, y eso, antes que otra cosa, me motivó a explorar el tema”.

    Olimpia, la película que resultó de esas ansias por entender, se une ahora a otras aproximaciones de cine que han abordado el movimiento estudiantil del 68, aunque lo hace desde frentes inexplorados. El primero de ellos es la animación, pues se trata de la primera película mexicana hecha con rotoscopía, técnica inventada por Max Fleischer en 1915, y que consiste en filmar en acción viva para luego pintar cada uno de los fotogramas. El segundo es la mezcla que hace de ficción y realidad, ya que utiliza imágenes intervenidas del documental El grito, de Leobardo López Aretche.

    “Es muy caro hacer recreaciones históricas, tener escenas llenas de extras”, nos platicó el cineasta, a quien recordamos por la ficción Mexican gángster: La leyenda del charro misterioso y por el documental Los últimos héroes de la península. “Y pues dicen que la necesidad es la madre de la creatividad. Llegué a la conclusión de que para tener esa energía que yo quería podía usar materiales reales, y que la forma de integrarlos con la ficción debía ser muy plástica. Así llegué a la rotoscopía. Me inspiré en algo como Vals con Bashir, película animada que también tiene tema político y que mezcla ficción con realidad”.

    Las imágenes de El grito, según el cineasta, sirven para recrear momentos en específico que sus personajes atestiguan. “Tengo por ejemplo personajes que están filmando lo que ven y eso que están viendo son imágenes de El grito intervenidas. Todo es 100% animación”.

    Aunque Cravioto no gozó de un estudio de animación, tuvo en su lugar el apoyo de la UNAM. Como egresado del CUEC, y habiendo tenido como maestros a varios de los cineastas que participaron en el movimiento estudiantil, acudió a su alma mater para pedir permisos y apoyo. Consiguió el respaldo en la producción ejecutiva tanto de Guadalupe Ferrer, exdirectora de la Filmoteca de la UNAM, como de Armando Casas, director de TV UNAM, institución a través de la cual se aportó financieramente al proyecto. Sin embargo, lo que le permitió a la cinta ser un verdadero producto del espíritu universitario –ése que a su vez intenta retratar– fue la participación de los mismos alumnos en el proceso de posproducción. “Convocamos a la Facultad de Artes y Diseño. Fueron 100 estudiantes coordinados por cuatro maestros los que rotoscopiaron la cinta en nueve meses. Fue una experiencia colectiva muy en el espíritu de los 60: un grupo de artistas reunidos para un fin común”, nos reveló el director.

    El apoyo de la UNAM también facilitó el rodaje, que duró sólo 12 días y se llevó a cabo en un 80% en varios de los lugares más emblemáticos de la universidad (Rectoría, Las Islas, etc.). La Filmoteca aportó los materiales de archivo y gestionó con las autoridades de patrimonio los permisos para rodar, en un papel de coproductora que no descarta seguir tomando. “Una de las cosas que tiene en la cartera el doctor [Jorge] Volpi es que podamos establecer un sistema de estímulos para la producción de cine”, nos dijo Hugo Villa, actual director de la Filmoteca. “Filmar más allá de lo que hacen los alumnos del CUEC y poner también aquí una línea de producción de contenidos que sean relevantes para la UNAM”.

    Para los jóvenes de hoy

    Olimpia usa como eje la entrada del ejército mexicano a la UNAM, ocurrida el 18 de septiembre de 1968. Su foco principal, sin embargo, es desentrañar el espíritu de unión. “La película es una suerte de tributo a todos los materiales que ha habido antes, Rojo amanecer está ahí, El grito está ahí, pero yo quería retratar la visión de los jóvenes, una más doméstica. ¿Qué pasa con un joven que no está totalmente definido existencial ni vocacionalmente, pero que quiere y siente que debe unirse para ser parte de un cambio? ¿Qué pasaba con la gente en sus casas? ¿que los motivaba?”, cuestionó el director.

    “Quiero que sea muy disfrutable para alguien joven”, continuó. “En un momento en el que el cine internacional y mexicano comercial les da atole con el dedo a los jóvenes, quise contarles una historia con la que quizá no estén familiarizados del todo, de una manera a veces didáctica y hasta divertida, con todo lo crudo que tiene. Mi objetivo es que volteen a ver cómo estaba su país antes, cuántas cosas cambiaron, cuántas no y cuántas podríamos hacer que funcionen mejor”.

    Por la forma en que suele ser recordado y estudiado, el movimiento pareciera haberse quedado en el pasado, contenido en un sólo día de octubre, casi como si hubiera nacido y muerto en Tlatelolco. Sin embargo, Olimpia recuerda que antes de la matanza hubo una unión que, como se demostró a principios de septiembre con la manifestación de estudiantes en CU, sigue viva.“Yo no esperaba que pasara eso, pero refuerza la tesis de mi película”, nos dijo Cravioto. “Ya no estamos buscando qué pasó ni quiénes son los culpables, sino de qué forma como jóvenes se pueden replantear un país mucho más interesante en términos de unidad social. Siempre hemos hablado de la matanza de Tlatelolco y entre toda la revoltura de versiones se diluyó lo importante que fue un movimiento no solo estudiantil, sino social”.

    ¿Qué es lo que se necesita para unirnos de esa forma? Para Cravioto tiene que ver con cómo dialogamos, pues incluso en la era de las redes sociales, habría que retomar dinámicas de convivencia del pasado. “Algo que pasaba antes era la comunicación: curiosamente, entre más comunicados estamos hoy, menos lo estamos como personas. Antes había esta forma de organizarse entre vecinos, estudiantes, clubes sociales, que ya no hay. A lo que me gustaría que los jóvenes le pusieran atención es cómo mis personajes están dialogando entre ellos para crear algo, aunque no estén seguros de cuál es la solución. Están comunicando lo que piensan y sienten para crear. Hoy no se hace eso”.

    Olimpia será la película encargada de cerrar el ciclo de cine restaurado y recuperado Arcadia, con el cual la Filmoteca de la UNAM recordó del 25 al 30 de septiembre el movimiento estudiantil del 68, así como el contexto sociopolítico mundial de los 60. La película se proyectará la noche del domingo 30 de septiembre en la Plaza de las Tres Culturas después de una proyección de la versión restaurada de El grito. “Las personas podrán ver El grito y luego podrán ver El grito pintado”, nos dijo riendo Cravioto.

    La cinta también es parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia, a celebrarse del 20 al 28 de octubre. De acuerdo con Hugo Villa, después de eso, Olimpia viajará a festivales y probablemente no se podrá ver otra vez en México, sino hasta después de dos años que consiga su estreno comercial. “Ésta es la oportunidad de oro”, no dijo el director de la Filmoteca.


    (Fuente: Cinepremiere.com.mx)


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