Su preocupación inicial en el uso de las tecnologías digitales se orientaba a comparar la unicidad de la relación tradicional entre artista y medio artístico en las circunstancias de las actuales tecnologías de la información usadas como medio y soporte en el arte. Se cuestionaba la real capacidad crítica y de interactividad del arte tecnológico cuando veía que si bien por un lado el hombre renunciaba a una parte física, biológica, inherente a sí mismo, por el otro, el discurso de ese nuevo arte no debía ser la negación de la tecnología sino más bien su aceptación. El pincel electrónico, la obra digital impresa y la animación digital, le abrían un camino para la obtención de un nuevo tipo de narrativa que antes había limitado a la cuestión de la serialidad por la vía de la “reproducción” o la representación de esta. Animaciones digitales suyas como Mondrián, La velocidad del siglo XX, (ambas del 2003) Entre California y Bagdad, y El hogar... sus fantasías (realizadas en el 2004), tematizaban muchas de esas problemáticas y contenidos para ampliar el universo referencial que nacía de su condición como pintor y usarlo en una superposición de referentes icónicos, de efectos visuales, de música y de movimiento en una atmósfera notablemente mixta.