CRÍTICA



  • La mirada invisible, de Diego Lerman, ojos bien abiertos
    Por Otroscines.com


    Esta nueva película del director de Tan de repente y Mientras tanto (y de los cortos La prueba y La guerra de los gimnasios) está basada en Ciencias morales, novela de Martín Kohan ganadora del Premio Herralde 2007, que describe el sistema represivo y la degradación generalizada desde el punto de vista de María Teresa (gran trabajo de Julieta Zylberberg, muy alejado de sus registros habituales), una joven preceptora que ingresa al Colegio Nacional de Buenos Aires en 1982, pocos días antes de (el libro transcurre durante) la Guerra de las Malvinas.

    Con un gran rigor y austeridad en la puesta en escena, con un inteligente uso del fuera de campo para abordar la crisis final de la última dictadura militar y con una sólida dirección de actores (se destaca también Osmar Núñez), Lerman utiliza a su protagonista y a los estudiantes secundarios como metáfora y alegoría (por momentos, un poco obvia) de una época oscurantista.

    Lerman se concentra en los detalles (una mirada fugaz, el roce de un cuerpo, el solemne canto de Aurora), en esos pequeños rituales cotidianos que ayudan a describir en toda su dimensión y alcances el entramado de disciplina/censura/control/represión que se fueron tejiendo durante seis años de gobierno militar. La contradictoria, inquietante relación entre Biasutto (el manipulador jefe de preceptores interpretado por Núñez) y María Teresa (una joven bastante contenida que calma su frustración y obsesividad espiando a toda hora para descubrir si los alumnos fuman en los baños) es el eje y motor del relato, aunque por momentos el director acentúa y subraya demasiado los aspectos relacionados a la tensión y la perversión sexuales.

    El realizador decidió ser muy fiel a la novela original y —paradójicamente— consigue los mejores momentos (como una fiesta a la que acude la protagonista en la que se percibe cierto espíritu de época y la incipiente apertura propia de la etapa final de la ya decadente dictadura) y los peores pasajes (como un desenlace algo over the top) cuando "traiciona" a la creación de Kohan.

    Menos desenfadada y audaz que Tan de repente, pero mucho más lograda que Mientras tanto, La mirada invisible surge como un interesante, minucioso, cuidado acercamiento diferente a la más trágica etapa de nuestra historia reciente, concebida con elementos propios del cine; es decir, sin caer en la bajada de línea discursiva ni en la demagogia tranquilizadora. Por eso, y por sus más que sólidos atributos técnicos, narrativos y actorales, este tercer largometraje de Lerman merece ser visto, analizado y discutido.

    (Fuente: Diego Batlle)


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