ARTÍCULO

  • Tim Burton


    Terror para niños: Tim Burton y la estética de la lástima
    Por Rubén Padrón Astorga


    Personajes inadaptados, escenarios tenebrosos, universos fantasmagóricos, visualidad provocadora: es fácil distinguir una película de Tim Burton. Sin embargo, es más complejo entender su éxito, su capacidad de atracción, si se soslaya la naturaleza singularísima de sus relatos, concebidos como historias infantiles para adultos, y sostenidas por un apacible desconcierto y una confortable sensación de lástima como flujo constante de comunicación con los espectadores.

    Hace algunos años, afirmaciones como estas hubieran puesto en pie de guerra a los fanáticos del cine de Tim Burton, sobre todo en aquella época en que los estudios Disney observaban con desconfianza el espanto que provocaban en los niños las primeras películas del joven director. En aquel entonces, la Disney esperaba aprovechar para sus fines productivos el talento innegable de Burton, aunque a la larga comprendieran la inutilidad de esta intención y terminaran por despedirlo.

    Conceptualmente, no hay nada que haga sospechar que sus películas no puedan ser asimiladas por un público infantil. La naturaleza sencilla, si bien tétrica, de sus personajes, las relaciones inequívocas que estos establecen con su entorno, la atmósfera diluida y fantástica de sus relatos, el humor asequible que recorre cada escena, la claridad del lenguaje, los colores, texturas y trazos llamativos de sus composiciones, que le dan a sus películas un aspecto de postal animada, de escenario portátil y surrealista, harían esperar que sus historias pudieran resultar estimulantes para la imaginación infantil. Pero hay dos cosas con las que los niños no saben lidiar: el terror y el cinismo, el primero porque lo sobrevaloran y el segundo porque no lo comprenden.

    Sin embargo, el terror de las películas de Burton no se ejerce sobre los espectadores, sino sobre los personajes. Emocional, física o socialmente desvalidos, sus personajes se sienten excluidos y atormentados por toda clase de traumas. Por culpa del entorno, de su pasado o de sus inclinaciones espirituales, siempre están más o menos aterrorizados. Vistos de lejos, en su desamparo, atacados por privaciones y conflictos emocionales, Burton no busca otra cosa que justificarlos y enaltecerlos con el apoyo cómplice de los espectadores, con su sentido de la justicia y con su lástima.

    Sombras tenebrosas

    La nueva película de Burton (no tan nueva, pues Frankenweenie ya anda por ahí), recicla los presupuestos narrativos de las anteriores. En un escenario de una belleza impactante, de paisajes góticos y sobrecogedores, un vampiro es encerrado por una bruja durante 200 años en un ataúd a 20 metros bajo tierra. Cuando despierta, se encuentra la mansión de sus padres en un deplorable estado de deterioro y habitada por una extraña familia con la cual está emparentado. También se entera de que todavía existe la bruja que lo enterró, quien ha logrado sobrevivir gracias a sus conocimientos de hechicería. El vampiro tratará de vengarse y de recuperar la antigua gloria familiar.

    Cada personaje, incluso la bruja, goza de una rareza singular. Ahora bien, mientras más oscura o grotesca es la rareza, mayor valor dramático tiene el personaje. No deja de parecer cínica esta jerarquía de lo grotesco, sobre todo si se compara con las mejores obras de Burton (Ed Wood, Eduardo Manostijeras, Sweeney Todd), mucho más interesadas en descubrir la belleza y las potencialidades creativas que se esconden detrás de los instintos siniestros de sus personajes.

    Aunque Sombras tenebrosas es un relato atropellado y con regusto sensiblero, destinado a ablandar los sentimientos de los espectadores para amarrarlos afectivamente a la trama, se equilibra con las actuaciones excelentes de las musas habituales de Burton (Johnny Depp, Helena Bonham Carter) y con el apoyo de Eva Green, una bruja muy atractiva y convincente. Su buena factura, puesta en función de resaltar los encantos vampirescos de Johnny Depp, cuenta con una fotografía y un diseño artístico muy imaginativos, que permiten el despliegue de una alucinante composición visual, tal vez lo mejor de la película.


    (Fuente: Cartelera de Cine y Video ICAIC)


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