ARTÍCULO

  • La mejor oferta de Giuseppe Tornatore


    Filme italiano La mejor oferta, exiliados artísticos
    Por Rubén Padrón Astorga


    Cada vez que Totó desaparece, su madre lo encuentra en el cine Paradiso, entre penumbras de polvo y rollos de nitrocelulosa. Cuando destruyen su barco, Novecento muere tocando por última vez un piano invisible. Cuando el escritor de Una pura formalidad abandona los dominios de la literatura, descubre en sus ropas la sangre de un homicidio. Virgil Oldman, el protagonista de La mejor oferta, usa guantes para no contaminarse con los gérmenes del mundo y solo se los quita para acariciar las pinturas que colecciona. Entre los cuadros del museo blindado que ha fabricado para él dentro de su propia casa, su agorafobia desaparece.

    Los personajes de Giuseppe Tornatore viven fuera de los límites del mundo. Como disidentes de una realidad perniciosa, emigran a regiones espirituales desinfectadas, perfectamente aisladas, excluyentes, construidas por su fantasía creadora y diletante, donde habitan en la inmunidad de sus recuerdos y sus miedos, de sus placeres autónomos e intransferibles. Sin embargo, y aunque pudiera parecerlo, estos refugiados del arte no solo huyen por misantropía o por higiene esteticista: huyen del caos, de lo incomprensible, de lo ilimitado. Novecento no le teme a la ciudad que nunca ha pisado, sino a la inmensidad de un mundo que no puede abarcar con la imaginación. Prefiere su barco y las 88 teclas de su piano, un número redondo, pequeño, fácil de contar. Con solo 88 teclas puede producir infinitas resonancias, es decir, puede crear su propio e inabarcable universo sonoro.

    Desde hacía algunos años, Tornatore había abandonado a estos peregrinos expatriados de las regiones del arte, exactamente desde La leyenda del pianista sobre el océano, su última fuga artística. A su manera, Baria, La desconocida y Malena también relatan evasiones, pero de un pueblo perdido, de un pasado triste o de la adolescencia, es decir, asuntos mundanos de los que, de una forma u otra, huye todo el mundo. Con algunas variaciones, La mejor oferta significa el retorno de Tornatore a sus mejores relatos, aquellos que han conmovido a todo tipo de espectadores y que en definitiva lo han convertido en el cineasta excepcional que es.

    Todas sus películas son recreaciones de una nostalgia, de la añoranza por un mundo maravilloso, una edad de dicha e inocencia que alguna vez se evaporó. Sin embargo, el grupo de La mejor oferta ofrece una perspectiva de las que las otras carecen. Al celebrar la voluntad y la capacidad creadora del arte, estas películas no solo ponen en duda la voluntad humana, sino que cuestionan la naturaleza misma de la realidad social, vulgar por su carencia de afanes artísticos. Detrás de la alienación compulsiva de sus personajes, y de la rareza de sus comportamientos, subyace la ironía con que Tornatore observa la brutalidad del entorno que los rodea, y que enfatiza simbólicamente en situaciones catastrofistas como la demolición del cine Paradiso o la explosión del barco del pianista. Aunque tristes, estas escenas no hacen más que redundar en la destrucción moral que sufren los protagonistas, pues el arte que los redime termina por aniquilarlos en el goce de un placer estéril que rara vez pueden compartir con alguien.

    Lo singular de La mejor oferta es que reproduce este mensaje, pero de forma mucho más amarga que lo habitual. Por primera vez Tornatore se concentra menos en el personaje protagónico que en su relación con el entorno, por lo que hace que el esteta regrese de su exilio a su propio riesgo, un giro inesperado en su obra y un reproche sin precedentes del director italiano a las capacidades redentoras del arte, a las cuales había confiado hasta ahora el destino de tantos personajes.


    (Fuente: Cartelera Cine y Video ICAIC)


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