Viviana Cordero se tomó su tiempo para ensamblar esta película. No robarás (a menos que sea necesario) se presenta espontánea, sin poses y sobre todo sin egos. Atributos que contrastan con los últimos filmes ecuatorianos donde prima la forma, mas no el contenido. Este no es el caso. La primera impresión de este filme es que está hecho con pocos recursos, pero se nota que cada uno de ellos está aprovechado; más allá de la selección del tema y los prejuicios del espectador.
El mayor capital de esta película es su elenco. Y esto no hubiese sido posible sin la intervención de Viviana Cordero, quien preparó a jóvenes sin experiencia en actuación y les indujo en un mundo que ella había formado. El trabajo de Vanessa Alvario y Erick Chica, dos de sus protagonistas, estremece con su sencillez. Ellos interpretan a Lucía y a Pedro, personajes que no se desarman en el camino, que evolucionan y sobre todo se muestran templados a pesar de no tener experiencia.
La mayoría de personajes se justifica, actúa bajo las circunstancias impuestas. Un padrastro agresivo, una madre maltratada, un joven enamorado, delincuentes juveniles, una niña a quien se induce al mundo de la prostitución con mujeres de clase alta. El ambiente punk no es tratado con prejuicio y eso es importante.
Pero en esta historia también se incurre en varios estereotipos y personajes que no aportan en la trama; por ejemplo, un peluquero gay y un abogado corrupto. O incluso la sobreactuación de varios personajes que desentonan con el ambiente melancólico y trágico que se propone en la cinta.
En esta película, por fin se quitó esa etiqueta del drama de clase media alta que ve en las drogas y el punk su camino para salir de una aburrida vida burguesa, donde la única búsqueda es la libertad.
La película narra la historia de Lucía, una adolescente como cualquier otra, pero que almacena un historial familiar doloroso. Hija de un padre que no conoce y de una madre que ha vivido prisionera de relaciones fallidas, lo cual la arroja a ser una mujer humillada y sumisa.Pero Lucía no. Ella, más madura, posee una fortaleza inquebrantable. Lucía es el sostén emocional de una familia disfuncional. Tiene tres hermanos menores, un padrastro violento y una madre sometida. Con ese cuadro es evidente que algo va a estallar, y así sucede. Su madre es acusada de intento de asesinato, es apresada y ahí es cuando Lucía asume el rol materno. Una niña que deja de serlo para adentrarse al destemplado mundo adulto.
Pero también su condición de adolescente la hace voluble, toma alcohol, consume drogas y gusta del punk (de hecho tiene una banda donde toca con sus amigos). Lo que pudiera encasillarla en el estereotipo de adolescente rebelde no lo hace, la historia se sostiene y el personaje de Lucía justifica el por qué de su accionar.
No robarás… es un filme que no desentona, la dirección de arte es prolija en su naturaleza. Se aprovecha cada locación, en especial el edificio donde vive Lucía, lugar que condensa la esencia, el deterioro y el abandono de este personaje. La fotografía tiene algunos contratiempos, pero se acopla a la historia, sobre todo en la decisión de seguir a los personajes. No se trata de una obra cinematográfica profunda, pero sí muestra un cine que respira, un cine vivo.