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  • En Sabino vive, el director Carlos Azpúrua muestra la realidad del pueblo yukpa

    Luego de grabar y revisar más de 500 horas de material audiovisual y sin “hacer concesiones”, el director Carlos Azpúrua terminó su nuevo documental: Sabino vive, que se adentra en la Sierra de Perijá, en el estado Zulia, para contar la lucha del cacique yukpa Sabino Romero, un emblema de la resistencia indígena que fue asesinado en la noche del 3 de marzo de 2013.

    Alrededor de 18 meses necesitó el director para terminar la película que condensa en 90 minutos la tragedia del pueblo originario por recuperar su territorio ancestral, y que llegará a las salas de cine del país el 6 de febrero de 2015.

    Con el apoyo del editor Sergio Curiel, Azpúrua pudo ordenar para la gran pantalla la realidad y la voluntad del pueblo yukpa, cuyo rostro más visible es el de su líder, que “fue satanizado y criminalizado injustamente”, lamentó el realizador en una conversación con el Correo del Orinoco.

    “Para nadie es un secreto que Sabino es una leyenda de la resistencia indígena. Si bien es cierto que tenemos a Guaicaipuro e invocamos su memoria y tenemos un grabado de su figura, en el caso de Sabino no, la lucha es contemporánea y lo acompañaron en su lucha cantidades de colectivos, gente que lo grabó, que lo fotografió, que registró toda esa historia”, recordó.

    En helicóptero
    El documental comenzó a gestarse pocos días antes de la muerte de Romero. En los Carnavales de 2013, Carlos Azpúrua tuvo actividades políticas con la gobernación del estado Zulia. En aquella época tenía pocas informaciones sobre la lucha del pueblo yukpa y personas que conocían sus históricos documentales de denuncia de problemas en la frontera le instaron a indagar más sobre el caso de Perijá.

    “Estando allá en el Zulia hablé con el gobernador Arias Cárdenas sobre Sabino. La Alcaldía de San Francisco me prestó el helicóptero y Arias Cárdenas me dio el GPS para ubicar a Sabino. Llegamos y le hicimos la última entrevista, fue ahí que me dijo cuándo, cómo, por qué, dónde y quién lo iba va a matar, con nombre y apellido”, contó.

    El testimonio de Romero, de una hora de duración, fue consignado por Azpúrua sin cortes ante la Fiscalía correspondiente como un aporte a la investigación de los asesinos tanto materiales como intelectuales.

    “A partir de esa entrevista –relató el director— investigué audiovisualmente el problema. Comencé a hacerle el seguimiento al proceso en los tribunales, con otras grabaciones, en 500 horas de archivos de múltiples personas de todo el país que grabaron a Sabino, así estructuré la película y se logró la estructura narrativa de este largometraje documental que se llama Sabino vive”.

    “La lucha del líder fue registrada por canales de televisión, por colectivos que se solidarizaron y quizás, el aporte que yo doy a esto es tener la capacidad de haber ordenado una realidad tan dramática y tan dura para un pueblo”, añadió.

    Buena parte de la última entrevista al cacique está en el documental y en sus declaraciones el líder “señala a los autores intelectuales, aunque es temerario que yo diga eso”, insistió Azpúrua.

    El director recordó que las autoridades capturaron a los autores materiales y varios fueron procesados, “no así a los autores intelectuales. El principal (señalado) que es “Manguera”, el que lo mató físicamente, está en proceso y extrañamente se ha retardo la sentencia”.

    “Uno no entiende por qué se retrasa ese proceso, podríamos entender que si es sentenciado este (presunto) sicario (Manguera) por esa vía vamos a encontrar a los que pagaron, a los autores intelectuales”, fustigó.

    Azpúrua dijo que “entre otras cosas, Sabino señaló y todo el mundo lo sabe, que sus grandes enemigos eran los terratenientes que convivían con él, que eran sus enemigos fundamentales, porque el pueblo yukpa ha denunciado que se han posesionado de las tierras” que han ocupado desde tiempos ancestrales.

    El territorio por el que luchó el líder indígena pertenece a “una región muy complica” en la frontera. Las diferentes opiniones expresadas por el presidente Hugo Chávez sobre la problemática están recogidas en la película, quien manifestó también “su solidaridad con los pueblos originarios, sobre todo el pueblo yukpa, desde el punto de vista ambiental y de sus derechos de tenencia de tierra”.

    Se conoce públicamente que la lucha del líder de los yukpa comenzó con la demarcación de tierras ancestrales de los pueblos indígenas. “Ahí comenzó la conflictividad más fuerte, Sabino asumió la defensa e inclusive invadió haciendas. Pero el problema va mucho más allá, Sabino es la punta del iceberg porque hay alrededor de 300 campesinos asesinados por la pugna en cuánto a tenencia de territorio en el país”, según datos del Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora.

    A decir del realizador, en su documental intenta “visibilizar un problema y hacer justicia con cantidades de seres que en definitiva han muerto luchando por la tenencia de la tierra”.

    Azpúrua insiste en que la “verdad es revolucionaria y la verdad nos ayuda a encontrar la paz”. Y si bien el realizador no se cree dueño de la verdad, considera que su producción “muestra las profundas contradicciones que existen en un problema tremendo: el de la tenencia de la tierra en Perijá”.

    Para hablar de su obra, el mismo director cuestiona qué conexión tiene Sabino Romero con “la estrategia del uribismo de impulsar el paramilitarismo en la frontera, con el sicariato contra los campesinos y cómo podemos entender una geopolítica que implica la acción de sectores reaccionarios y de derecha colombiana en Venezuela”.

    A partir de estas preguntas, Azpúrua sostiene que en su largometraje hay también “una visión geopolítica del problema a partir de la muerte de Sabino, para ayudar a encontrar la verdad”.

    “Creo que este documental le habla a este país de este momento duro porque no hace concesión, simplemente expresa situaciones que perfectamente tienen que ser debatidas”, sentenció.

    En carne viva
    El veterano cineasta calificó como compleja y difícil la producción, por las muchas horas de grabación revisadas sin la calidad que requiere el séptimo arte, que fueron realizadas en muchos casos por personas sin experiencia.

    “Si hay una virtud en este trabajo es que es un documental en carne viva. Es lo más cerca que se puede estar de un documento histórico, el de la lucha del pueblo yukpa, impregnada de múltiples intereses”, opinó Azpúrua.

    Además de la última entrevista al cacique, la película presenta las declaraciones de terratenientes de la Sierra de Perijá: “Ahí está todo, si no los abordé yo directamente estaban en los materiales ya registrados o en programas de televisión”.

    Por el debate
    “¿Qué quiere uno con esta película? Que contribuya a lo que debe ser una reflexión abierta, interinstitucional, interacadémica, con el sector privado, el sector público y sobre todo indígenas y el Ministerio de la Defensa, a propósito de una región tan difícil y jodida como Perijá, para contribuir en esa reflexión sobre la paz, la justicia social, el respeto a la Ley de Pueblos y Comunidades Indígenas, a la Constitución”, formuló el creador.

    Según Azpúrua, “esta es una película basada profundamente en los derechos” de las leyes venezolanas, especialmente en aquellas dirigidas a los pueblos originarios.

    La lucha y el asesinato de Sabino Romero no ha sido suficiente para la reivindicación de los derechos de los pueblos originarios. “Todavía sigue el problema y van nueve yukpas muertos”, enumeró el cineasta.

    Compromisos si alfombra roja
    Con su nueva película, el director Carlos Azpúrua no tiene pretensiones de ganarse algún premio o participar en algún festival competitivo. Su compromiso es con el “cine político de autor”, que no recibe estatuillas en Hollywood pero se ha covertido referencia en diferentes adversidades de la historia reciente de Venezuela.

    “Es muy grato viajar y viajar con tu trabajo pero el problema no son los festivales, el problema es el impacto, la incidencia que pueda tener este documental”, ataja.

    Los viajes del cineasta han sido en muchas oportunidades no para terminar en la alfombra roja sino en las comunidades indígenas, en los bordes del territorio nacional.

    En el norte de Venezuela, el realizador filmó Pesca de arrastre (1980), a propósito del ecocidio marino ocasionado por esta práctica, que fue restringida posteriormente. En el Delta del Orinoco, Azpúrua rodó en 1983 Caño Mánamo, en el que evidenció un desastre ambiental.

    En Amazonas, el negocio de este mundo (1987) delató el atropello a los pueblos originarios por parte de misiones evangélicas estadounidenses, conocidas como nuevas tribus, que el gobierno expulsó en 2005 con el apoyo de la Iglesia Católica. Mientras que en El bosque silencioso (1996) la denuncia es contra la minería ilegal en Bolívar.

    “Tengo muchos años en esto, comprometido con la lucha, con los pueblos indígenas, por el patriotismo, por el respeto a los derechos humanos y sobre todo, por esas zonas que por mucho tiempo han estado abandonadas y donde no se han formulado criterios de políticas para el desarrollo integral”, remató.

    Más recientemente Carlos Azpúrua llegó a las pantallas con Terrorismo mediático: Guerras de cuarta generación (2009) y El 4F en la historia (2012), entre otras producciones.

    Un no a la indiferencia
    El cineasta Carlos Azpúrua, autor del documental Sabino vive, considera que ser “indiferente” a la “realidad” de pueblo yukpa y su lucha por las tierras ancestrales es “criminal”.

    El realizador denunció que por reclamar su derecho, nueve integrantes de esa comunidad indígena han sido asesinados. Asimismo, señala que también han muerto 300 campesinos, según las estadísticas que lleva el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora, y “ni siquiera 2 % (de los casos) han sido procesados ni encontrado sus autores materiales, es un problema que está invisibilizado”.

    “Mira lo que acaba de suceder en Europa por la libertad de expresión y dónde está la libertad y la lucha por unos pueblos que sobreviven dramáticamente. ¿Dónde están las contradicciones de una Constitución que establece derechos extraordinarios para los pueblos indígenas o una Ley de Pueblos y Comunidades Indígenas que es violada o simplemente no aplicada?”, se preguntó Azpúrua.

    (Fuente: www.aporrea.org)


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