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  • La rabia de la Argentina rural llega a Alemania

    La Argentina más agreste llegó a la Berlinale con La rabia, una película deliberadamente dura de Albertina Carri, que transporta al mundo rural donde los animales no son tratados como mascotas domésticas y los seres humanos tampoco.

    "Las personas que no vivimos en el campo tenemos una imagen idílica, contagiada de la fascinación por el paisaje. La realidad es mucho más dura, hay una naturalización de la violencia", afirmó la directora, consciente del impacto de algunas imágenes.

    En el campo se escuchan más golpes, graznidos de aves o ladridos de perro que palabras. A las comadrejas se las mata metiéndolas en un saco, a golpes contra un árbol, y luego se las echa al río. La presencia humana se remite al rechinar de un ciclomotor o el chillido de una niña que no es muda, sino autista, pero a la que se trata como lo primero.

    Este es el entorno de La rabia, el cuarto largometraje de Carri, que se exhibió en la sección Panorama, la misma donde se mostró hace unos días El café de los maestros, de Miguel Kohan.

    "En el campo hay una violencia distinta a la ciudad. Es una violencia más intrínseca, más inconsciente. Una especie de animalidad. Algo parecido ocurre con el sexo", añadió la directora.

    En La rabia, los protagonistas no llevan coqueta lencería, sino calzoncillos deshilachados y el sexo da placer acompañado de sumisión.

    Ello supone la confrontación entre dos machos predestinados a matarse uno al otro de un tiro. Para el muerto, sea quien sea, no habrá lágrimas. No cuadran con el entorno.

    "Hay una rabia contagiosa, en la doble acepción de esa palabra: explosión de furia y enfermedad que se transmite, en este caso no entre los perros, sino de adultos hacia los menores", dijo Carri.

    La película, rodada en Roque Pérez, provincia de Buenos Aires, gira en torno a dos niños —"la imagen de la vulnerabilidad"— y a esos dos machos, con una mujer en medio.

    Sobre ellos planean los patronos, seres fantasmales sobre sus vidas. "El campo en la Argentina perteneció siempre a la oligarquía. Ahora ya no están ahí, son los patronos a los que no se ve, porque en realidad ni se pasan por sus posesiones", explicó la directora.

    El trío protagonista adulto —Analia Couceyro, Javier Lorenzo y Víctor Hugo Carrizo— respira la animalidad que precisa el film, mientras que los niños —Nazarena Duerte y Gonzalo Pérez— aportan el toque de vulnerabilidad y rebeldía que precisaba Carri.

    Una curiosidad es la presencia de Dalma Maradona, hija de Diego Armando, quien llegó al casting "por casualidad", ya que alguien en producción comentó que iba en busca de un papel y la directora la probó. 'Encajó perfectamente en el papel de adolescente', añadió.

    La rabia llegó a la Berlinale como película "no precisamente turística", como comentó anteriormente el director del festival, Dieter Kosslick, ya que no presenta a una Argentina espléndida.

    "Para promocionar el turismo ya tenemos en Berlín la ITB (Bolsa Internacional del Turismo), un par de semanas más tarde. En la Berlinale estamos para otras cosas", ironizó Kosslick.

    El cometido de un festival es mostrar lenguajes propios y en esa órbita se sitúa La rabia en . Panorama, sección nacida para mostrar cine de autor, fue el espacio destinado para esta película agreste.

    La rabia llegó a la Berlinale precedida por la buena recepción que tuvieron anteriormente otros representantes del cine argentino.Lucrecia Martel marcó la pauta en 2001 con La ciénaga. En 2004 Daniel Burman se llevó el gran premio del jurado y el Oso de Plata al mejor actor —Daniel Hendler— con El abrazo partido. Un año después vino el Premio Alfred Bauer para El custodio, de Rodrigo Moreno, y en 2007 El otro, de Ariel Rotter, repitió con el gran premio del jurado y la Plata para el actor Julio Chávez.

    El film se anunció como continuadora de esta sólida generación y sus escenas más duras se encajaron sin aspavientos, ni siquiera cuando se degüella en vivo y destripa a un chancho. El campo es el campo, en Alemania o en Argentina, y tampoco hay abismos entre el entorno rural de Carri y el de Miguel Delibes o Carlos Saura.

    La rabia se abre con la advertencia de que los animales que aparecen en el film han vivido y muerto en su hábitat. El hábitat berlinés no es más sensible que el de Buenos Aires. La pregunta en el ambiente era si tanta dureza no venía algo forzada por un premeditado interés en asustar al ser urbano.




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