ARTÍCULO



  • El cuento de los cuentos, de Mateo Garrone, para despertar ingenuos
    Por Joel del Río


    El cine de fantasía, con elementos oscuros, ha recibido el desprecio secular de los críticos e intelectuales, quienes le reprochan el formulismo rampante, la propuesta evasiva, el gesto impostado y genuflexo ante la llamada popular culture. El cuento de los cuentos (2015, Mateo Garrone) refuerza los componentes tenebrosos o surrealistas de un orbe ilusorio, fuera del tiempo y el espacio conocidos, donde conviven reinas y reyes, príncipes y princesas, con animales mitológicos, dragones y brujas, en medio de pruebas, retos, equívocos y hazañas.

    El importante cineasta italiano Matteo Garrone tampoco resistió la tentación de pulsar la fantasía (el género más taquillero en fechas recientes), trabajar en inglés y contratar varias estrellas de garantizada reputación (Salma Hayek, Vincent Cassel) con el fin de alcanzar mayor audiencia internacional de la que disfrutaron dos de sus excelentes filmes anteriores: las muy naturalistas y comprometidas Gomorra (2008) y Reality (2012).

    Estamos entonces en presencia de un cineasta que intenta probar un nuevo registro expresivo, o simplemente de otra operación comercial dirigida a quienes se puedan deslumbrar por estos mundos fabulosos, la Hayek con un vestido rojo suntuoso, cuya cola se arrastra por interminables laberintos (sin faunos) o Cassel aplicando su soberbia expresividad y fotogenia a la historia de un rey lamentablemente equivocado por el sonido seductor de una voz femenina.

    El cuento de los cuentos (2015) narra tres historias inspiradas en varios relatos de Il racconto dei racconti de Giambattista Basile, y sí, es necesario admitir que la trasposición a la pantalla pierde el indispensable sabor nacional, y desfigura las ordenaciones originales, para adaptarlas al gusto mediatizado de las mayorías. Y es que últimamente algunos productores sagaces y ambiciosos se llenaron de plata estimulando los cambios de roles y puntos de vista en los cuentos de hada tradicionales (Maléfica, la Cenicienta donde brilla más Cate Blanchett que la muchachita cazapríncipes). El cuento de los cuentos eligió formar parte de esa familia.

    Pero Mateo Garrone no es Guillermo del Toro. Y tamaña obviedad se explica, creo yo, cuando añado que al italiano le faltan la gracia y la destreza narrativa del mexicano, además del poder de convencimiento en las escenas mágicas, irreales o perversas. Garrone ha tenido más suerte descubriendo la parte estética de la fealdad y la monstruosidad, y exponiendo la zona ridícula de ciertas tragedias, pero de ningún modo, ni el formalismo ni el humor, consiguen ocultar las vacilaciones de una narración poco diestra a la hora de saltar de una historia a la próxima, o más bien de exponerlas las tres al mismo tiempo.

    Antes de la línea final es preciso aclarar que El cuento de los cuentos tampoco quiso ser solo entretenimiento seriado e imitativo, y para colocarse por encima de ese promedio cuenta con ases incuestionables en la fotografía de Peter Suschitzky y la música de Alexandre Desplat. Además, hay ciertas escenas fascinantes, en las cuales Garrone supo manejar la arriesgada combinación de lo grotesco y lo sublime, lo pedestre y lo asombroso. Pero ya lo decía Luis Buñuel: no hay grandes películas, lo que hay es un momento grande, que solo dura unos minutos. El cuento de los cuentos tiene un par de instantes de ese tipo.


    (Fuente: Cartelera de Cine y Video)


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