CRÍTICA



  • Tiempo suspendido, defensa y reapropiación de la memoria
    Por Lucía Miranda


    Para el lenguaje cinematográfico, y en específico para el documental, el tiempo y la memoria son dos anclas conceptuales que le han permitido encontrar una sintaxis propia. En los países de América Latina esta premisa enquista una trascendencia aún mayor en el tránsito que cada geografía ha debido sortear hacia una pretendida democracia. Hace algunos años fue Patricio Guzmán (La batalla de Chile, Nostalgia de la luz) quien resumiera que “un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías”. Quizá este enunciado explique de buena manera al largometraje Tiempo suspendido, ópera prima de Natalia Bruschtein, que se estrena en la ventana digital FilminLatino.

    Egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica, Natalia Bruschtein ha dado continuidad en sus trabajos Encontrando a Víctor y Tiempo suspendido al tema de la desaparición forzada y sus consecuencias familiares. A través de las imágenes a las que acudimos en su primer largometraje documental conocemos a Laura Bonaparte, abuela de la realizadora e incansable activista quien fue líder del movimiento de las Madres de Plaza de Mayo.

    La dictadura argentina de los años sesenta arrebató a Laura a sus hijos y posteriormente le arrebata la memoria propia. Al paso del tiempo, lento para quien dedica su vida a una sola causa por años, la de la búsqueda; y suspendido en la incertidumbre de volver a mirar a sus seres queridos, descubrimos que la protagonista queda atrapada en la paradoja de no poder recordar con claridad aquello que era nítido: las formas de sus hijos, los familiares que le sobreviven y las causas que marcan a esta familia en una persecución política por décadas.

    Laura Bonaparte entrega a lo largo del documental enseñanzas que oscilan entre la recuperación de la memoria histórica y el cuidado a las personas de edad mayor. A su vez Natalia Bruschtein desdobla en planos delicados y secuencias llenas de cercanía un avistamiento íntimo a la vida de su abuela, de manera que encontramos un retrato compartido de dos mujeres que devienen al encuentro genealógico contra el olvido, y a la subversión de los cánones impuestos al género en los tiempos que a cada una le ha tocado vivir.

    El ejercicio de contarse a sí misma a través del tiempo y de los lazos filiares elegido por la directora de Tiempo suspendido guarda estrecha relación con otras voces latinoamericanas en el documental como es el caso de Yulene Olaizola en Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (México, 2008), y de Marcia Tambutti en Allende mi abuelo Allende (Chile, 2015). En el apartado de la ficción contado también en No quiero dormir sola (México, 2013) de Natalia Beristáin, disponible en FilminLatino.


    (Fuente: Elpais.com)


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