CRÍTICA



  • Las dos Irenes, hacerse reflejo
    Por Rafael Guilhem


    Las dos Irenes (As duas Irenes, 2017), película de Fabio Meira, y una de las propuestas que acompañan el luminoso auge del cine brasileño contemporáneo, cuenta el descubrimiento que hace la pequeña adolescente Irene sobre la segunda familia de su padre, quien tiene otra hija de la misma edad y con el mismo nombre: Irene; una especie de calca artesanal, pulida y esbozada con decoro sobre la realidad. A partir de esto, Irene encontrará en la mentira de su padre pequeñas pistas para transformarse a sí misma.

    En principio, Irene tiene un papel tangencial a los núcleos. Se encuentra siempre a la orilla de los hechos observando en vigilia a través de los pasillos y las ventanas; entreviendo en la oscuridad de la sala de cine cómo los chicos elaboran el amor con besos, o bien, expectante ante los jóvenes clavadistas/nudistas del río. Irene es tímida y un poco resentida por la poca atención que recibe debido a su corta edad. Cual puma en el momento previo al ataque de su presa, Irene mira sigilosamente los movimientos que reposan en su casa: a su padre durmiendo y soñando, como un objeto inerte inofensivo, que sin embargo esconde una ficción que él ha construido entre enredos y nudos descarados.

    Irene se funde en el entorno para mirar sin ser mirada. Este escondite es de algún modo una zona de invisibilidad desde donde empieza a gestar sus certezas. La doble vida de su padre le servirá para transitar por otras formas de su identidad y jugar a ser Otra. Se trata de un desdoblamiento de la persona, donde la segunda Irene se encarna como su espejo en el que construyen, en conjunto, sus deseos y experiencias a través de la puesta en duda, el reflejo y la imaginación de estar más allá de los límites de la piel. Es, a fin de cuentas, la posibilidad de vivir a través de la otra Irene, de imitarla para, de repetición en repetición, hacerse única.

    El trabajo que hace el realizador Fabio Meira sobre la corporalidad de las y los jóvenes del filme —un elemento central para el pensamiento actual sobre la subjetividad—, es en sí mismo delicado. Logra el cometido que alguna vez se planteara Jean-Luc Godard sobre cómo filmar los cuerpos después del auge de la pornografía. Los silencios, los susurros, las conversaciones lejanas y los ecos, prueban que el aprendizaje de la identidad está atravesado e intermediado tanto por lo dicho como por lo callado. Y aunque nadie comprenda a la primera Irene, es inevitable que entable una conexión secreta con quien vive paralelamente, como si los reflejos fueran el principio de toda realidad.


    (Fuente: Correspondenciascine.com)


Copyright © 2018 Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Todos los derechos reservados.
©Bootstrap, Copyright 2013 Twitter, Inc under the Apache 2.0 license.