CRÍTICA

  • Retrato de un artista siempre adolescente (una historia de cine en Cuba), el ICAIC y su época
    Por Carlos Galiano


    Retrato de un artista siempre adolescente (una historia de cine en Cuba) no es solo un documental sobre la figura que lo inspira, el cineasta y ensayista Julio García Espinosa, sino también sobre la institución en que se formó y contribuyó decisivamente a formar, el ICAIC, y sobre la época en que ambos, artista e institución, participaron activamente en la vida cultural de un país que transitaba por las primeras décadas de su proceso revolucionario.

    Ese proceso es el que hilvana las tres rutas de vida con las que Manuel Herrera configura este retrato múltiple, entretejido, poliédrico, en el que se adentra por primera vez en zonas de la trayectoria de su protagonista, el cine cubano y coyunturas políticas cruciales que les tocó enfrentar, hasta ahora no revisitadas, al menos con la debida objetividad y lucidez.

    Retrato de un artista… deviene así no solo el documental que Julio merecía, sino también uno que el ICAIC necesitaba y un ejemplo de los muchos de su enfoque problematizador y anticomplaciente que la cultura cubana demanda. Merecimiento, necesidad y demanda que además se sustentan en un nivel de elaboración artística como el que hace un buen tiempo no encontrábamos en nuestro cine documental, que con esta obra se conecta más con lo que internacionalmente se está haciendo en el género, desde nuestro punto de vista más innovador en términos de lenguaje que el cine de ficción contemporáneo.

    Encomiable el arduo trabajo de investigación, selección y preparación de los materiales de archivo utilizados, así como el esfuerzo de ordenarlos de manera coherente en una estructura narrativa en la que concurren otros disímiles recursos expresivos como la entrevista, el cartel, fragmentos de películas y testimonios gráficamente representados mediante el formato de la historieta.

    El realizador no elude tópicos del documental biográfico convencional, pero ellos solo allanan el camino para luego dinamitar el curriculum vitae del protagonista en episodios que hacen caso omiso de cronologías, filmografías y sucesión de trabajos teóricos, de forma tal que su exposición se concentra en las ideas esenciales que conformaron el pensamiento intelectual de Julio, y no en los títulos que intentaron traducirlo en películas, o lo reflejaron en sus numerosos ensayos. Retrato de un artista siempre adolescente es un biopic sui generis en el que no faltan las anécdotas, pero predominan los conceptos.

    Por supuesto que estamos en presencia de un trabajo que tiene un valor agregado (no solo emotivo, también racional) para quienes, de una u otra forma, tuvimos y hemos tenido que ver con el artista y la institución, y fuimos testigos y participantes de aquel tiempo. Retrato de un artista… nos hace abrir el baúl de los recuerdos o destapar la caja de Pandora según sea el caso, y por ello estas líneas no pueden constreñirse a los parámetros estrictos de una crónica cinematográfica.

    Así pues, dejemos paso a la evocación, pero siempre desde la óptica del presente, porque si algo no alcanzo a explicarme todavía de este documental es por qué no me dejó un efecto de cine retro o cine de la nostalgia, por qué no lo sentí como un canto a un paraíso perdido (que, por otra parte, tampoco fue ningún paraíso) y cómo se las arregla, ante todo, para hacerme pensar en mi entorno actual.


    (Fuente: Cubacine.cu)


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