CRÍTICA



  • Ceniza negra, un relato intimista
    Por Carlota Moseguí


    Tras estrenar el corto Selva en la edición del 2017 de la Semana de la Crítica, la cineasta de nacionalidad argentina y costarriqueña Sofía Quirós Ubeda regresa al Festival de Cannes con su ópera prima Ceniza negra. El film seleccionado en la competición de largometrajes de la misma sección paralela del certamen francés es una suerte de continuación, con añadidos sobrenaturales, del relato sobre la vida y la trágica situación familiar de la niña que protagonizó su cortometraje anterior; quien, ahora, en la nueva ficción, ha alcanzado los trece años de edad.

    Selva (Smachleen Gutiérrez) es una huérfana costarriqueña que vive con sus abuelos en un pueblo costero de la provincia de Limón. La película plasma el despertar existencialista de la joven durante el fin de su niñez, provocado por la desaparición de todas las figuras maternas que formaban parte de su nido familiar. Su toma de conciencia de conceptos determinantes, como el luto, la muerte o el sentido de la vida, es llevada a cabo paralelamente a otro tipo de acercamiento. Se trata de su primer contacto con la práctica de la magia, así como la noticia de fenómenos sobrenaturales que están ocurriendo en esa zona.

    Ceniza negra es un coming of age sobre la entrada a una adolescencia interrumpida, envuelto en un aura espectral que, a medida que avance el metraje, se apoderará por completo de la película, transformándola en una excitante historia de fantasmas. El salto al largometraje de la joven cineasta nacida en Buenos Aires combina episodios sobre la convivencia de la chica y su abuelo senil con tendencias suicidas, bajo el mismo techo, con escenas fantasmagóricas, en las que Selva practica rituales ancestrales, o mantiene conversaciones con personas que pertenecen al mundo de los muertos.

    Sofía Quirós Ubeda ha dirigido un relato intimista sobre la superación de un luto familiar, donde la protagonista se enfrenta a dos iniciaciones simultáneas que la conducen hacia una misma meta; pues, ambas le permitirán vencer su único miedo. Tanto el ingreso a la adolescencia, como el aprendizaje de dichos ritos con animales, dictados por los muertos con quienes se comunica, le ayudan a vencer la soledad que siempre llevará consigo, a lo largo de su etapa adulta, debido a su condición de huérfana.

    Ceniza negra ha sido producida por la costarriqueña Sputnik Films, con la coproducción de la argentina Murillo Cine, la chilena La Post Producciones y la francesa Promenades Films. La compañía francesa Totem Films se encarga de las ventas al extranjero.


    (Fuente: cineuropa.org)


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