ARTÍCULO



  • Liverpool, de Lisandro Alonso, estará en Cannes 2008
    Por Diego Batlle


    El cuarto largometraje de Lisandro Alonso, Liverpool, tuvo una sola proyección antes de su presentación en el Festival de Cannes 2008. La expectativa entre los argentinos y extranjeros fue tan grande que quedó mucha gente fuera del cine en esta improvisada world premiere, previa a la presentación oficial en Cannes.

    Por programadores, críticos, directores y otros profesionales de aquí y del exterior se dieron cita en la noche de Liverpool, el esperado cuarto filme del realizador de La libertad, Los muertos y Fantasma.

    Nicolas Klotz, José Luis Guerín, Carlos Reygadas, Martín Rejtman, Rodrigo Moreno y Ulises Rosell fueron algunos de los muchos colegas que acompañaron a Alonso en esta improvisada world premiere, previa a la presentación oficial en Cannes.

    Por expreso pedido de Alonso, para no herir la susceptibilidad de los organizadores de Cannes —que suelen exigir que los filmes sean inéditos—, no publicaremos aún la crítica exhaustiva del nuevo largometraje, pero se puede adelantar que Liverpool es tan virtuosa y fascinante como sus películas anteriores y, si se quiere, resulta un poco menos experimental, ya que tiene una narración algo más clásica, planos-secuencia menos prolongados, más cortes de montaje, más diálogos y una trama argumental (coescrita a cuatro manos con Salvador Roselli) bastante más compleja.

    El filme narra la historia de Farrell (Juan Fernández), un marinero alcohólico que regresa a bordo de un barco a su Ushuaia natal después de muchos años de ausencia. Su idea es quedarse apenas un par de días en el lugar para ver si su madre "está viva". En un recóndito poblado lleno de nieve (el rodaje transcurrió en pleno invierno) descubre que la anciana, ya muy enferma, vive con una niña ligeramente discapacitada. No adelantaremos más del misterio que la historia encierra ni del brusco giro que, incluso en su punto de vista, concreta en sus últimos 20 minutos.

    La cámara de Lucio Bonelli hace maravillas con los interiores del buque carguero, con las calles de Ushuaia y con los paisajes desolados de grandes extensiones nevadas en una suerte de mixtura entre el western fordiano y el melodrama a lo Nicholas Ray, con un tono asordinado, lacónico y melancólico. El sonido trabajado con múltiples detalles y matices por Catriel Vildosola y la música visceral de Flormaleva son, nuevamente, aportes vitales para los climas subyugantes que vuelve a construir Alonso. Una película para ir degustando con el tiempo y en sucesivas visiones. Volveremos a ella con un análisis crítico más profundo cuando Cannes así lo "autorice".


    (Fuente: www.otroscine.com)


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