CRÍTICA



  • El Benny: fantasmas de los 50
    Por Dean Luis Reyes


    Jorge Luis Sánchez ha hecho en su ópera prima El Benny una película que contiene algunos de los momentos de cine más preciosos que hayamos visto en nuestro cine reciente. Quiero decir, de generación de atmósferas plásticas que redunden en espectáculo. Ello se entendió bien por los creadores, de cara a lo complejo del tipo de película que querían hacer: reconstrucción de época, cine musical, al tiempo que biografía apócrifa de una de las leyendas más públicas de la cultura cubana.

    La historia de Bartolomé Moré, conocido popularmente como El Benny, ha sido por largo tiempo una papa caliente en manos de los realizadores de cine en Cuba. De hecho, un largometraje de ficción inspirado en su carrera musical, realizado a finales de la década de 1980 bajo la dirección de Constante Diego, no fue siquiera estrenado, debido a su calidad lamentable.

    ¿Las razones? Lo huidizo y multidimensional de una personalidad que no por célebre escapó de sus marcas de origen marginal, cuya carrera musical rebasa los marcos tradicionales (era autodidacta, pero fue un renovador del concepto de agrupación de música popular cubana bailable, al adoptar el modelo de jazz band), así como al carácter nada ortodoxo de una vida ligada a la bohemia, la irresponsabilidad y al goce de los instintos. Pero, acaso la razón más decisiva fuese la incapacidad del cine cubano para hilvanar hasta la fecha una biografía políticamente correcta de un individuo demasiado incómodo para la mirada canónica e instrumental que se ha querido de la gestión de la cultura cubana.

    Y no es que Jorge Luis Sánchez se oriente solamente hacia los aspectos más controversiales de la personalidad de Moré, sino que, aparte de incluirlos, se coloca a una distancia suficiente como para evitar los parentescos visibles. No por gusto se insiste en que la película se ha basado en acontecimientos y personajes reales para recrearlos. Esa cualidad reconstructiva permite a El Benny fabular a su antojo, navegar con libertad en la biografía de un hombre demasiado conocido y evocado en Cuba y fuera de ella. En verdad, la película se cuida de aspectos de la “biografía oficial”, y opera entonces sobre personajes que encarnan caracteres dramáticos.

    El resultado oscila entre el cine de autor y un cine vistoso, popular. No quiero decir con esto que ambos polos estén reñidos, pero son escasos los ejemplos de tal clase de resultado en nuestro cine. En la solución de esas paradojas (personaje vs. leyenda viva; cine de género vs. cine de autor) están tanto las virtudes como los defectos de El Benny. Mucho se ha dicho que la fragmentariedad de su cadena narrativa —los saltos, apenas cuatro en verdad por sobre la linealidad del relato, que más que referir una vida abarca momentos de la misma con grandes pinzas entre unos y otros— es arbitraria. Aunque no comparto tal idea, sí advierto que la decisión de incluir, a manera de viñetas, facetas de la personalidad de un hombre cuyo mérito visible aquí es —más allá de su música o capacidad creativa— ser fiel a sus valores originarios pese a todas las tentaciones y caminos que puso ante él la vida, que defendió incluso esa actitud marginal de sus orígenes sociales, el filme pudo haber contenido menos peripecias, menos situaciones y personajes. La estructura resultante es algo prolija, y en ello a menudo no quedan claras las intenciones de los creadores.

    Jorge Luis es un hombre dado a la desmesura; eso lo sabemos de su obra documental anterior, tan proclive a inundar de sentidos sus indagaciones en las vidas de célebres personalidades marginales de la cultura cubana. No es un dato menor que el título de producción de El Benny fue Divina desmesura. Luego, hay momentos en la película que rozan lo epidérmico, como esa reconstrucción folclórica de las ceremonias de religiosidad negra que dotan de cierto exotismo gratuito e innatural la personalidad del personaje; o aquella subtrama que lo involucra en la agitación revolucionaria de fines de los años 50.

    Pero sin dudas, estamos ante un ejemplo mayúsculo de creatividad audiovisual raro en un cine como el cubano, tan dado a lo textual, al peso literario. Acaso una mirada más aguda sobre el guión del dramaturgo Abraham Rodríguez y del propio Jorge Luis, hubiese dejado flotar más ese humo místico que adorna la memoria de los años 50, la penumbra del bar y los colores atenuados y licenciosos del cabaret, mundo añorado y bastante mal trabajado por el cine nacional. Aunque un manejo exquisito de los rubros formales dejen a una película de ambición narrativa carente de completitud, he aquí uno de los momentos más lujosos dentro de la corta genealogía de un cine de género puramente cubano.

    El Benny: Specters of the 1950´s
    By Dean Luis Reyes

    Jorge Luis Sánchez has made out of El Benny, his author’s first work, a film that contains some of the most precious moments seen in our most recent productions. I refer to pictorial atmospheres that redound in the show. The intention was well understood by the artists, faced with the complex type of film they intended to achieve: reconstruction of an epoch, musical, as well as apocryphal biography of one of the public legends of the Cuban culture.

    The story of Bartolomé Moré, popularly known as El Benny, has been, for a long time, a great challenge for Cuban filmmakers. In fact, a narrative feature film inspired in his musical career, that was made in the late 1980´s and directed by Constance Diego, did not even premiere due to its deplorable quality.

    The reasons? A multidimensional and slippery personality who, although being notorious, could not escape from his marginal origins, with a musical career that overreaches the traditional frameworks (he was self-taught, a renovator of the concept of a band of popular dancing music, since he adopted the model of jazz band), as well as the heterodox character of a life linked to the bohemian, the irresponsibility and the enjoyment of instincts. But probably, the most decisive reason so far was the inability of the Cuban movie to reel off a politically correct biography of an individual who was inconvenient for the canonical and instrumental character given to the Cuban culture.

    It is not that Luis Sánchez focuses only on the most controversial aspects of the personality of Moré, it is just that he includes them but from enough distance so as to avoid visible kindred. It is not without reason that the fact that the film takes real characters and events to recreate them has been highlighted.  That reconstructive quality makes lots of room for story telling in El Benny, in the biography of a man too well known and evoked in Cuba and abroad. In fact, the treatment given to the “official biography” is watchful and focused is placed in actors incarnating dramatic characters.

    The result ranges from an author’s work to a popular, flashy film. I do not mean the two of them have to be at variance, but there are few examples of this kind of result in our movie productions. In the solution of the paradoxes (character versus living legend, genre film versus author’s film) appear not only the virtues but also the defects of El Benny. A lot has been said about the arbitrary fragmentation of the narrative, the transitions, four in all, in the linearity of the story, which more than referring a life time, cover certain moments of it with gaps among them. I do not share that point of view, but I do notice that in the decision of including, in the form of vignettes, phases of the personality of a man whose visible merit here is, beyond his music or creative capacity, his faithfulness to his original values, despite the temptations and paths he faced in life, a man who even defended that marginal attitude of his social origins, the film could have contained less incidents, less situations and characters. The resulting structure is somewhat diffuse and the intentions of the creators are not clear. 

    Jorge Luis is a man with a tendency to excess; that we know from his previous documentary, with a proclivity to flood with senses his inquiries in the lives of famous and marginal personalities of the Cuban culture. It is not a minor detail that the production title of El Benny was Divine excess. And also, there are skin-deep moments in the film, such as the folkloric reconstruction of the Afro religious ceremonies which provide a certain gratuitous and contrary to nature exoticism to the personality of the character, or the sub plot that gets him involved in the revolutionary agitation of the late 1950´s.

    Nevertheless, this is undoubtedly a huge example of audiovisual creativity, weird in the context of the Cuban cinematography, with a tendency to focus on the text, the literary. Probably, a more acute glance over the script of playwright Abraham Rodríguez and Jorge Luis, would have allowed the mythical smoke adorning the memory of the 1950´s to float, the dimness of the bars, the dilute and voluptuary colors of the cabaret, a longed for world, inefficiently treated by the national cinema art. Although the exquisite management of the form hinders the completion of this ambitious narrative, this is one of the luxurious moments in the brief genealogy of a purely Cuban genre cinema. 


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