CRÍTICA



  • La feminidad en un juego de escena
    Por B.F.


    Las protagonistas de Juego de escena buscaron al director brasileño Eduardo Coutinho después de leer el anuncio en el periódico. El director buscaba candidatas dispuestas a contar sus problemas personales y la historia de sus vidas frente a las cámaras. Ellas quizás no imaginaron cuán sufrido sería hablar sobre experiencias tan íntimas, ni tampoco cuán difícil sería compartir sus experiencias para que fueran representadas por actrices, ni cuánto habría que trabajar sus declaraciones para ser representadas por las estas.

    Al final son sus relatos, miradas, lágrimas y sonrisas las que mezclan la ficción con la realidad y exponen la dificultad de representar exactamente el texto de un personaje real. Un “juego de escena” que demora un poco en mostrar sus reglas, pero que retrata la feminidad con la sutileza de lo imprevisto, bañada por el rigor y la maestría.

    Coutinho prefirió enfrentar a estas mujeres y proponerles este desafío. Un total de 83 candidatas se inscribieron y de ellas 23 participaron en las grabaciones. Finalmente seis fueron escogidas para participar en el filme, acompañada cada una de seis actrices: Andréa Beltrão, Débora Almeida, Fernanda Torres, Lana Guelero, Marília Pêra y Mary Sheyla. De esta forma cada una de las protagonistas aparece con su pareja artística, o sea la actriz que la interpreta. Algunas veces, es el personaje real el que comienza a narrar la historia, a lo cual le sigue o se le intercala la interpretación de la actriz, utilizando el corte entre una y otra. En otras ocasiones lo que se busca es confundir al espectador y dejarlo dudando sobre si es la actriz quien está hablando sobre su propia vida.

    Todas las mujeres aparecen sentadas frente al director y fueron “entrevistadas” en el escenario del Teatro Glauce Rocha, de Rio de Janeiro. La posición de la cámara es casi siempre la misma: Coutinho en el lado izquierdo de la pantalla, los personajes en el centro, y la platea baja en el fondo. Lo que resulta importante de los personajes es su expresión individual, sus leves movimientos de brazos, solo ocasionalmente se utilizan algunos primeros planos, mas nada que propicie la emoción exagerada. Es justamente en ese momento que interviene el lado documental. El director solo escucha a las protagonistas y, de vez en cuando, interviene para hacer alguna pregunta.

    El lado ficcional está representado por las actrices, el texto que ellas dicen no es siempre fiel a cada palabra del original, y en ocasiones no utilizan expresión corporal. Para realizar estas interpretaciones el director grabó primero las declaraciones de los personajes y se las entregó a las actrices en un DVD. Incluso delante de las cámaras, cuando todo está listo, la representación se hace real, con los errores y aciertos de cada interpretación. Marília Pêra inclusive llevó consigo el cristal japonés — utilizado para forzar el chorro de lágrimas— en caso de que Coutinho insistiese en el llanto teatral. Pero por supuesto no fue preciso. Finalmente el dispositivo técnico acaba entrando en escena, como una información real más de todo ese juego, lo cual deja al espectador atónito con la información.

    En este filme el texto y la expresión perturban tanto como el silencio. Ellos revelan la intimidad de miles de mujeres por medio de la identificación, por lo menos con las 12 aquí filmadas.

    Resumen por: F. J. Quirós (traducido)

    (Fuente: revistadecinema.uol.com.br)


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