ARTÍCULO



  • Se crea la Muestra Temática del Cine Pobre de Humberto Solás
    Por Rubén Padrón Astorga


    Durante cuatro jornadas, frías por el clima, pero cálidas por su contenido, se desarrolló en Cienfuegos la 1ra Muestra Temática del Cine Pobre de Humberto Solás, evento complementario del Festival de Gibara, más corto y más teórico, cuya segunda parte ya fue anunciada por su director, Sergio Benvenuto Solás, para repetirse en la misma sede, en octubre de 2009.

    Gibara no desaparece, sino que se fortalece con esta Muestra, que ya puede llamarse cienfueguera. Los siete días del Cine Pobre en la ciudad holguinera habían dejado con sus logros la sensación de que no eran suficientes para tratar con profundidad los temas que los audiovisuales pobres, o sea, los realizados con bajo presupuesto y con pocos recursos, suelen exponer. A la fiebre festivalera es difícil anexarle un aparato teórico que procese toda la información. Hacerlo a la fuerza habría terminado por quitarle vigor al Festival de Gibara, restarle espacio a la exhibición de películas, al contacto del público con el cine, a disminuir la riqueza de la competencia. Por lo que Cienfuegos viene a ser el momento de calma de Gibara, su reposo, menos emocional, pero más profundo y caviloso. No por gusto pasaron siete años sin que llegara este momento de calma. Es la calma a la que llega todo proceso cuando ha acumulado experiencias, cuando puede sentarse a pensar en las cosas pasadas, a sacar conclusiones para el futuro y a decidir lo que está bien y lo que está mal. El Cine Pobre tenía que contar con un pasado para que la Muestra Temática pudiera existir.

    El Cine Pobre se suele definir equívocamente como cine de pobres. No es exactamente así. El cine es una industria, tal vez más que ningún otro arte. No se hace cine si no se tiene dinero. Solo los materiales que se utilizan y se gastan para hacer una película, sumados a los salarios del equipo técnico y a los gastos en concepto de sostén de las producciones, en alimentación, transporte, locaciones y otras mil pequeñas eventualidades, hacen del cine un menester carísimo, que casi nadie se puede dar el lujo de ejercer. Solo es posible hacerlo engatusando con proyectos a las casas productoras, que en rigor son casi extracinematográficas, por sus principios y presupuestos, distintos de los del artista. Es posible encantando a patrocinadores, ganándolos para una causa que no es necesariamente la suya, y que tampoco es necesariamente artística. Hacer cine es en gran medida ajustarse a los requerimientos de quienes pueden sostener las producciones, a quienes con buenas o no tan buenas intensiones ponen sus recursos a disposición del cineasta. Sin ellos el artista se pierde entre los deseos de hacer y la incapacidad de realizar. Es este el drama del cineasta.

    El Cine Pobre es, entre otras, una solución a este drama. Es posible hacer un cine que no excluya a la industria, porque no se trata de excluir a nadie, pero que se pueda realizar con pequeñas cantidades de dinero y de recursos. ¿Cómo disminuir los gastos, sin que se sacrifique la calidad artística? Ese es el reto, y la razón de existir del Cine Pobre, husmear entre la producción cinematográfica aquellas creaciones que hayan logrado limitar sus gastos sin sacrificar la calidad, y estimular este tipo de producción, para que trate temas cuyos contenidos puedan sobrevivir a un descuento en el presupuesto.

    El cine de grandes gastos tiene otras exigencias y obligaciones, tiene que recuperar lo invertido, por lo que sus temas y tratamientos tienen que interesar a grandes multitudes de consumidores. Su mirilla tiene que estar puesta en la recepción de sus propuestas, no solo en lo que propone. Sus éxitos son mayores, pero sus demandas son imperiosas. El Cine Pobre, en cambio, tiene la posibilidad, en vistas de que sus gastos son más fácilmente recuperables, de tratar ciertos temas y hacerlo aunque una parte de los consumidores elijan desecharlos. Tiene todo un campo abierto que puede explotar, siempre y cuando pueda hacerlo con calidad.

    Esta es la principal virtud del Cine Pobre, la variedad de sus temas, la libertad para llegar a extremos, sin pagar un precio tan alto por la osadía. Gibara los reúne, los exhibe, los pone en contacto con el público, los hace competir. Pero no es suficiente. Hay que profundizar en ellos, hay que estudiarlos y compararlos, hay que procesarlos para que echen raíces en la vida de las personas. No hay arte sin crítica. Cienfuegos es la parte crítica de Gibara.

    Este año el tema fue la perspectiva de género, que a tanta gente preocupa, porque a tanta gente afecta. Pero queda mucho por explorar, zonas más íntimas y sutiles de la vida de las personas, que sean comunes o no, que identifiquen a mayorías o no, y que echen luz sobre lo desconocido, lo inexplicable e incluso lo prohibido. Y es este el camino del Cine Pobre.



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