CRÍTICA

  • Un espectador atento para La Ciénaga
    Por Leonardo Martinelli


    En su ópera prima, Lucrecia Martel ofrece un relato fantasmagórico sobre la decadencia de la clase media argentina y la disolución del modelo familiar tradicional.

    Inclasificable desde lo genérico, puede ser vista como un drama o como una película de suspenso y terror, en la que desde el comienzo sobrevuela la sensación de inevitable tragedia. La Ciénaga presenta una historia plagada de ausencias (una constante en las últimas décadas argentinas), con una gran cantidad de personajes atrapados en los mismos espacios, donde la naturaleza aparece como una trampa y una amenaza antes que un lugar de esparcimiento y descanso. Los grupos familiares protagonistas (dos matrimonios con cuatro hijos cada uno) viven envueltos en un abandono y en un letargo que les impide cualquier posibilidad de redención o de optimismo en cuanto al futuro inmediato, lo que aleja esta propuesta de los cánones cinematográficos habituales.

    Ubicada en salta, lugar de origen de la directora, La Ciénaga muestra con una sorprendente honestidad los vivios alimentados en el tiempo por la sociedad argentina, desde el racismo hasta la aún vigente diferencia de clases, junto al clásico enfrentamiento entre porteños ( los nacidos en Buenos Aires) y provincianos, alimentado por rencores, envidias y desconfianzas mutuas a la espera de una buena excusa para manifestarse.

    En un país que a nivel social fue conocido en el mundo por sus mujeres ( Evita, las madres de Plaza de Mayo) no sorprende que el protagonismo de la historia recaiga en las dos madres: excelente Mercedes Morán, que recrea a la perfección el acento de la región y una admirable Graciela Borges, quien en el papel de una mujer alcohólica y postrada en la cama, condenada a respetar una especie de maldición familiar, percibe todo lo que pasa a su alrededor. Mujer de pocas palabras, cuando habla lo hace con la suficiente contundencia y claridad para demostrar  la insatisfacción que le provoca su entorno. Ambas representan el matriarcado que permanece vigente en gran parte de Latinoamérica.

    Película visceral por momentos, el vino y la sangre se conjugan para acrecentar la atmósfera religiosa, presente gracias a la continua presencia mediatica sobre la aparición de una Virgen, acompañada por las celebraciones de Carnaval y la creencia en leyendas urbanas, lo que establece las diferencias sociales y culturales presentes en el film.

    La Ciénaga exige un espectador atento, ya que en un principio, el permanente fluir de personajes puede resultar desorientador, pero Martel maneja el relato  con una gran firmeza (no es casual que su guión haya sido premiado en Sundance), sabe lo quiere contar y como hacerlo, además de estar respaldada por la fotografía de Hugo Colace (quien trabajara con Eliseo Subiela en El Lado Oscuro del Corazón), que aumenta el clima absorbente de la trama y el aislamiento de los protagonistas.

    Los notables trabajos actorales superan lo que frecuentemente vemos en el cine argentino.Junto a los consagrados se destaca el grupo de chicos elegidos a través de un casting que incluyó más de 1600 entrevistas. Rodada en apenas 40 días, casi sin improvisaciones, Martel elige una estructura narrativa muy personal, donde la cámara es una integrante más del clan familiar encerrado en el agobiante febrero salteño. Su talento fue reconocido con el oso de Plata a la mejor ópera prima en la última edición del Festival de Berlín.

    An observant viewer for La Ciénega
    By Leonardo Martinelli

    In his debut film, Lucrecia Martel offers a spooky story about the decline of the middle class in Argentina and the dissolution of the traditional family model.

    Unclassifiable from the generic point of view, it could be seen as a drama or a horror or thriller, in which lurks from the beginning the feeling of inevitable tragedy. La Ciénega presents a story full of absences (a constant of Argentina in recent decades), with a lot of characters caught in the same space, where nature seems  a trap and a threat rather than a place of recreation and rest. The protagonists family groups players (two families with four children each) living in an unawareness and wrapped in a lethargy that prevented them from any possibility of redemption or optimism about the immediate future, which make that this film proposal departs  from the usual cinematic canon.

    Located in Salta, the region the director comes from, La Cienaga shows with surprising honesty the ills accumulated through the time by Argentine society, from racism to class differences still existing, together with the classic confrontation between Porteños (those born in Buenos Aires) and those born in the provinces, fueled by mutual resentment, jealousy and distrust that are always waiting for an excuse to appear.

    In a country that was known internationally at the social level for its women (Evita, the Mothers of Plaza de Mayo ) it  is not surprising that the protagonist of the story be the two mothers: excellent Mercedes Morán, which recreates to the level of perfection the accent of the region and an admirable Graciela Borges, who in the role of an alcoholic woman and bedridden, condemned to respect a kind of family curse, perceives what is going on around them. A Woman of few words who when he speaks does so with the forcefulness and clearness enough to demonstrate the dissatisfaction that causes your environment. Both women represent the matriarchy that remains in force in much of Latin America.

    Visceral film at moments, wine and blood combine to enhance the religious atmosphere, present thanks to the constant media presence commenting the appearance of  a Virgin, accompanied by Carnival celebrations and urban legends belief, which provides the  social and cultural differences present in the film.

    La Ciénaga requires an viewer, since at the beginning of the film, the continuous flow of characters can result confusing, but Martel conducts the story with a firm pulse (it is not a coincidence that her screenplay was awarded at Sundance); she knows what and how tell her story, in addition to being supported by the photographic work of Hugo Colace (who worked with Eliseo Subiela in El Lado Oscuro del Corazón ), which increases the alluring atmosphere of the plot and the isolation of the protagonists.

    The remarkable acting work surpasses what we often see in Argentine films. Together with consecrated actors stand out the group of young actors selected through an audition that made over 1600 interviews. Shot in just 40 days, almost without improvisation, Martel chooses a very personal narrative structure, in which the camera is just another member of the family group locked in the suffocating February of Salta. Her talent was recognized with the Silver Bear for Best First Work at the Berlin International Film Festival.


    (Fuente: canalok.com/cine)


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