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  • Sanjinés vuelve al documental
    Por Dean Luis Reyes


    Jorge Sanjinés, uno de los más importantes realizadores del cine latinoamericano de los años 60 y 70, célebre exponente del discurso de denuncia social y de reconocimiento de la singularidad cultural de los pueblos indígenas de Bolivia, su país natal, ha estado en un periodo de recogimiento creativo. Después del estreno en 2005 de su largo de ficción Los hijos del último jardín, Sanjinés se ha volcado a su vocación inicial: la literatura.

    No obstante, medios de prensa bolivianos han informado de la finalización de la primera novela de Sanjinés. Como también dan a conocer el interés del cineasta por emprender en breve una nueva película: un semidocumental, como él mismo lo califica, en el cual emprendería la reconstrucción de algunos sucesos históricos del pasado reciente de Bolivia, un poco a la manera de la docuficción que explorara en El coraje del pueblo.

    En una reciente entrevista realizada por el periodista boliviano Michel Zelada Cabrera, Sanjinés comentaba que su nueva película estaría ambientada en el período histórico que concluyó en 2003 con el llamado "octubre negro", y estará relacionada con las luchas sociales que lo antecedieron y que de alguna manera explican el proceso sociopolítico que hoy vive ese país.
    Es curiosa la coincidencia de una serie de aproximaciones documentales al presente convulso de Bolivia, y a que las mismas persigan testimoniar el movimiento político que llevó al Movimiento al Socialismo y a su líder, Evo Morales, al poder, con el consiguiente cambio sociocultural que para el ejercicio de lo político en ese país significa. Obras como la recién estrenada El estado de las cosas, de Marcos Loayza, o Cocalero, de Alejandro Landes, indican el interés del mundo del cine por los acontecimientos que transforman día a día el escenario de lo real.

    Sanjinés, hombre político y de militancia consumada, indaga en su obra en los trasfondos de esta realidad. Por ejemplo, según ha declarado, su nueva novela muestra “de qué manera el racismo nos ha separado e impedido ser una nación acabada. Y es sorprendente cómo no se han generado grados más elevados de violencia, como podrían haberse desarrollado, porque existe un sentimiento acumulado a causa de la discriminación, la marginación y el racismo que ha sufrido la mayoría de los habitantes del país. Y esa mayoría nunca pudo participar en la construcción de la nación boliviana. Le cuento el caso de Franz Tamayo, que fue un aymara que tuvo la oportunidad de estudiar y aprender y llegó a ser una de las mentes más lúcidas de la intelectualidad boliviana. Y eso sostenía el padre de Franz, Isaac Tamayo, que los blancos son iguales que los indios y la única diferencia es que unos tiene oportunidades y los otros no. Yo me pregunto, cuántos Franz Tamayo ha perdido esta nación por haber marginado a esa mayoría que no pudo construir el país”.

    La novela, por cierto, parte de una amplia investigación en torno a sucesos históricos documentados. “Todos los hechos que ocurren en esa novela, indica, son hechos históricos. Los cuatros personajes que tejen la historia son de ficción, pero viven hechos ocurridos en la realidad.“
    El cineasta ha trabajado por años desde el CEFREC (Centro de Formación y Realización Cinematográfica), institución que fundara, para formar a realizadores procedentes de esas culturas marginadas. Como me contara en una entrevista que le hice en 2005, “el cine que nosotros hemos hecho tomando en cuenta ese universo ha querido volcar la atención de nuestra sociedad hacia el mundo indígena. No es un cine de los indígenas, pues ha sido hecho desde la ciudad, pero tratando de entender y respetar un mundo marginado, excluido. El propósito del cine del grupo Ukamau ha sido llamar la atención de la sociedad sobre la importancia de esa otredad, a la que no se le ha reconocido un lugar histórico adecuado. Esperamos que llegue el momento en que los propios indígenas harán su cine. Eso es lo que inevitablemente va a ocurrir.”

    Respecto a la renovada noción de cine popular, del cine como espejo o, como él lo define, “cine junto al pueblo”, Sanjinés insiste en el cinematográfico como un tipo de discurso que “puede acompañar la lucha del pueblo boliviano en su proceso de liberación. Decidimos militar en el cine y no en un partido político. Hoy estoy convencido de que el cine, la literatura o cualquier forma de arte son fundamentales para la constitución de una nación, para el fortalecimiento y creación de una idea nacional y una identidad cultural propia. Yo creo que el arte es un instrumento, incluso más poderoso que la propia ciencia o la razón. En ese sentido vemos al cine como un medio para apoyar ese proceso de liberación, que en los últimos años está teniendo un desenlace interesante.”



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