CRÍTICA



  • El secreto de sus ojos, todo un acontecimiento para un cine argentino
    Por Diego Batlle


    El estreno de una película de Juan José Campanella (de ahora en más JJC) es todo un acontecimiento para un cine argentino que no tiene muchos "eventos" por año. Hoy por hoy, hay pocos directores "industriales" activos (en algunas semanas más Marcelo Piñeyro estrena Las viudas de los jueves) con los que uno puede discutir (o dialogar o incluso pelearse). Se puede pensar cualquier cosa del cine de JJC, pero aún odiándolo (no es mi caso, ya que El mismo amor, la misma lluvia me gustó bastante; El hijo de la novia, poco; y Luna de Avellaneda, casi nada) nadie puede discutir su solidez profesional, su capacidad como narrador y como director de actores, su facilidad para los diálogos y su manejo del humor costumbrista.

    Una muestra contundente de la expectativa que genera JJC (tanto entre sus fieles seguidores como entre sus no pocos detractores) fue la proyección de prensa matutina que se realizó el martes 4 en el Hoyts de Abasto. Allí estaban muchos periodistas y críticos que casi nunca aparecen por las "privadas" y hasta se hizo presente una nutrida columna de jóvenes y viejos críticos de la revista El Amante, quizás los más fervoroso anti-campanellistas del ambiente.

    Yo iba dispuesto a que me gustara mucho El secretos de sus ojos, para así reconciliarme de manera definitiva con JJC, y debo decir que casi lo logró: durante 90-95 de los 127 minutos disfruté no sólo de lo mejor de su filmografía sino también de uno de los más ricos y apasionantes relatos del cine argentino reciente, una impecable mixtura entre la épica romántica, el thriller judicial (buena parte transcurre en el interior de un juzgado en 1974) y el drama de época con tintes políticos, reminiscencias del noir y espíritu novelesco.

    Pero esa situación idílica (yo hundido en mi butaca disfrutando como un loco de un film de JJC) comenzó a desintegrarse a medida que avanzaba la última media hora con su cúmulo de desenlaces (nunca vi en mi vida una película con taaaaantos finales) dominados por la manipulación emocional, por los diálogos recargados, por las alegorías y golpes de efecto, y por la confusión ideológica.

    No puedo decir (sería irresponsable de mi parte) que con semejante resolución arruinó por completo mi valoración del film, pero me sentí estafado, traicionado, ya que el JJC de siempre había caído en las mismas tentaciones ampulosas y didácticas de su obra previa para aniquilar al JJC nuevo que yo creía estaba descubriendo durante las primeras tres cuartas partes del relato.

    Que Darín y Villamil están impecables (¡qué difícil es hacer fácil lo difícil y ellos encima resuelven los desafíos más complicados con absoluta soltura, convicción y naturalidad!), que Francella demuestra aquí de manera definitiva que es mucho más que un simple capocómico televisivo, que la producción y la reconstrucción de época son tan vistosas como rigurosas, que JJC es un dotado para filmar siempre con timing cada remate de sus diálogos, son cosas que a esta altura no sorprenden demasiado (porque ya se podía percibir todo esto), pero en El secreto de sus ojos cada una de esas piezas encajaba a la perfección dentro de una historia multifacética, rica en detalles, en climas, en carnadura humana y en connotaciones sociopolíticas.

    Pero -quedó dicho- poco y nada del desenlace me convenció (es muy buena la toma final). Más allá de esta innegable desilusión, me animo a recomendar igual su visión (no deja de ser una película valiosa) y sigo apostando por un JJC que termine de redondear (nunca logra cerrar bien todas las puertas que abre) esa gran película que El secreto de sus ojos pudo ser y no es, ese film irreprochable que tanto quiero disfrutar y que yo sé que él está en condiciones de regalarme. Lo seguiré esperando.

    (Fuente: Otroscines.com)


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