CRÍTICA



  • Rompecabezas, un agradable cuadro realizado con delicadas pinceladas
    Por Bénédicte Prot


    La belleza del “Nuevo Cine Argentino” pasa a menudo por una delicada atención a los detalles y buen ejemplo de ello es Rompecabezas, de Natalia Smirnoff, coproducida por la francesa Las Ninas Pictures con la ayuda del Fondo Sud Cinéma, que no solamente usa la técnica sino que la sugiere hasta en su título. La apertura es significativa, donde se ve en un gran plano (una manera de rodar que conviene perfectamente y que encontramos en toda la película) a una madre preparar cuidadosamente una comida de cumpleaños, luego recoge uno a uno, mientras que todo el mundo se divierte, los pedazos de plato roto. Sólo cuando aporta la torta nos damos cuenta que es su cumpleaños.

    Rompecabezas posa una mirada tierna y exclusiva (no mostrando las actividades del resto de la familia que por fragmentos indiferentes) sobre la mujer, la madre, que se sacrifica siempre sin que nadie se dé cuenta y se encuentre incluso totalmente caracterizada por este instinto de ayudar y proteger, hasta que le duele el cuello por haberse inclinado tanto sobre las comidas preparadas para los otros.

    Uno de los regalos recibidos para el cumpleaños, que abre sola después de la fiesta, le permite sin embargo romper con este cotidiano de pequeñas atenciones femeninas, abriéndole las puertas de un universo maravilloso de imágenes y bonitos colores, que se pone apasionadamente a reconstituir pieza por pieza, hasta inscribirse, con un amigo que comparte su minucia, a un concurso. Cuando su familia, poco receptiva a sus pasiones pero afectuosa, nota este nuevo pasatiempo, el marido lo considera en primer lugar como una pérdida de tiempo (mientras que él mismo aprecia la calma de un día de pesca y el Tai-chi) porque aunque amable, no logra preocuparse por lo que le interesa a ella, una característica recurrente entre el género masculino, y no aprecia no encontrar su comida preferida en la nevera.

    Sin embargo, poco a poco, su familia comienza a interesarse un poco más por su madre y los unos por los otros (“esta noche, cocino”, le declara su hijo al teléfono), como da prueba con frescura la escena donde todos se ponen a bailar espontáneamente. Poco a poco, la heroína (interpretada con una sensibilidad infinita por Maria Onetto) vive una liberación: se atreve a enfadarse, pedir un favor, a pensar un poco a ella, ya que lo que desea, simplemente, destaca Smirnoff, es “encontrar su lugar en su propia casa”.  Rompecabezas tiene de sobra su lugar en la competición berlinesa.

    (Fuente: www.cineuropa.org)


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