En 1969 —un momento en que el cine mexicano recibía su mayor impulso desde los jóvenes y los independientes—, le da forma, junto a Antonio Gutiérrez, a Un diablillo angelical, surgido como piloto de una serie que nunca cristalizó, protagonizada por el conocido personaje de Yolanda Vargas Dulché, Memín Pinguín.
