publicación No. 6

  ISSN 2218-0915
La Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y su gestión cultural
Maryuska Hernández Reyes


Colección fotográfica de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Apuntes para su interpretación como patrimonio cultural
Maryuska Hernández Reyes
Memorias de la esclavitud en el Caribe y en el Congo: Rue Cases-Nègres de Euzhan Palcy y Lumumba de Raoul Peck
Lieve Spaas
Estereotipos latinos en los personajes del Cine y la TV estadounidense
Johan Moya Ramis
Medios indígenas, desde U-Matic hasta Youtube: Soberanía mediática en la era digital
Faye Ginsburg
Mujeres latinoamericanas dirigiendo cine: un espacio ganado poco a poco y con cierto prejuicio hacia la palabra feminismo
Lisandra Leyva Ramírez
Guía no-turística de Río de Janeiro: cuerpos errantes y (an)alfabetismo afectivo en el primer cine de Nelson Pereira dos Santos
Mónica González García

Acto de inauguración de la sede de la FNCL, el 4 de diciembre de 1985

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Colección fotográfica de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Apuntes para su interpretación como patrimonio cultural
Maryuska Hernández Reyes
La interpretación dirigida a la comunicación de las características y valores que posee determinado bien patrimonial, va dirigida a la comunidad o sociedad consumidora de estos valores. El patrimonio cultural, como parte indisoluble de la imagen e identidad de cada sociedad, requiere de la interpretación como gestor del desarrollo y de su obligatoria conservación.

“La interpretación del patrimonio es considerada como un método de dinamizar los lugares históricos, monumentos y comprende el conjunto de dispositivos a través de los cuales se intenta dar vida o significado a los objetos patrimoniales que están separados o despojados de su contexto original” (Morales, 1998). Se considera como una disciplina o sistema interdisciplinario para dar a conocer, hacer accesible y explicar el sentido y el significado de procesos naturales, históricos o culturales complejos. La interpretación del patrimonio posee además una mirada técnica por ser un eficaz instrumento de gestión para el intercambio cultural que merece ser bien planificado para reducir los impactos negativos e infundir unas actitudes y comportamientos positivos para con el patrimonio, incluido el entorno social.

El resultado final de la interpretación debe ser un estado de conciencia y un deseo de contribuir a la conservación del patrimonio. La meta de la interpretación es mostrar el elenco de datos históricos, tradiciones y significados atribuidos al bien patrimonial.

Según especialistas existen tres tipos de interpretación:
• La emocional: que busca provocar emotividad; manipula los sistemas de valores que hacen referencia al nacionalismo, a la moral o la religión.
• La ideológica: es aquella que integra a la interpretación, los valores religiosos, las convicciones, los símbolos.
• La instrumental: es aquella que utiliza instrumentos adecuados para ayudar a percibir y descifrar la complejidad de lo visible.

La interpretación del patrimonio cultural debe respetar su autenticidad y proteger su integridad. Para divulgar la historia, el arte o la cultura es preciso poseer profundos conocimientos de aquello que trata de hacerse comprensible y por tanto son necesarios los conocimientos teóricos y la investigación, para despertar el interés de acercar la cultura a la sociedad y que la sociedad se acerque a la cultura.

Esa es la razón por la que no basta añadir información al bien patrimonial para interpretarlo. La información debe servir para revelar el sentido y significado del recurso; insertarlo dentro de una historia y de un argumento que se convierta en el hilo conductor del discurso interpretativo. Debe ser un discurso ameno y atractivo y que logre mezclar adecuadamente los recursos y productos culturales.
El gestor o interprete del patrimonio es quien media entre el bien y el que lo aprecia; revela los significados que ayudan a una mejor comprensión; que logra crear vivencias que contribuyen a entrelazar patrimonio y sociedad.

El patrimonio cultural está compuesto por un sinnúmero de bienes, tangibles e intangibles, reconocidos desde tiempos inmemoriales, como parte de los más importantes bienes de cualquier sociedad. Sobre la manera de reconocerlos, tratarlos, protegerlos e interpretarlos incluso, se ha teorizado muchísimo; sobre todo en las últimas décadas. Sin embargo, dentro del conjunto de bienes considerados patrimonio cultural, se incluye una considerable producción documental de inestimable valor para la comprensión de la vida, la historia y la evolución del hombre y la sociedad en general.

Aun cuando existe una amplia bibliografía y estudios especializados para el manejo y tratamiento de los documentos; queda mucho camino por recorrer en el sentido de reconocer y otorgarle el lugar que merece dentro del patrimonio cultural a los grandes y valiosos conjuntos documentales producidos por el hombre en su devenir social .

Dentro de este conjunto destaca la fotografía como un tipo especial de documentos con una dimensión testimonial e histórica de enorme importancia. Según palabras de Luis (2002) “…la fotografía es lo que fue, lo que existió en un momento dado” y por simple que pueda parecer, desde la perspectiva documental esta dimensión testimonial e histórica es enormemente importante; es lo que confiere a la fotografía su función de memoria individual y colectiva. Como señala Gubern (1987) “… el prestigio documental de la fotografía, y también su dimensión mágica, surgida de la extrema fidelidad al objeto fotografiado, radican en su realismo esencial”.

Ya en 1859 Charles Baudelaire, en su crítica a la fotografía como sustituta de la obra de arte, destacaba la dimensión documental de la fotografía al escribir que ésta debía regresar “a su verdadero deber, que consiste en ser la sirvienta de las ciencias y de las artes (...) Que enriquezca rápidamente el álbum del viajero y de a sus ojos la precisión que faltaría a su memoria; que adorne la biblioteca del naturalista, exagere los animales microscópicos, hasta que fortifique con algunos informes las hipótesis del astrónomo; que sea en fin secretaria y libro de notas de quien tenga necesidad en su profesión de una absoluta  exactitud material (...) que salve del olvido las carcomidas ruinas, los libros, las estampas y los manuscritos que devora el tiempo, las cosas preciosas cuya forma va a desaparecer y que reclaman un lugar en los archivos de nuestra memoria...”

La imagen fotográfica juega un importante papel en la transmisión, conservación y visualización de las actividades políticas, sociales, científicas o culturales de la humanidad, de tal manera que se erige en verdadero documento social. Si los periódicos constituyen una fuente histórica básica para la comprensión de los avatares de la humanidad durante los últimos siglos, la fotografía, sea la de prensa, la profesional o, incluso, la fotografía de aficionado, representa, junto al cine y la televisión, la memoria visual de los siglos XIX y XX y es un medio de representación y comunicación fundamental. Por ello, desde la perspectiva de las Ciencias de la Información y la Documentación se debe asumir responsabilidad en la conservación y gestión de un patrimonio documental útil e informativo que, por muy diversas razones, no siempre ha sido bien tratado.

El Diccionario de la Real Academia Española (2006) dice que la fotografía es “el arte de fijar y reproducir por medio de reacciones químicas, en superficies convenientemente preparadas, las imágenes recogidas en el fondo de una cámara oscura” y define imagen como “figura, representación, semejanza y apariencia de una cosa”. Lo cierto es que mediante la fotografía algo o alguien situado en determinado momento ante el lente de una cámara pasa a ser registrado en un soporte que permitirá su colección o exhibición futura.

Para comprender la dimensión documental de la fotografía, los estudiosos consideran que es preciso analizar la relación que ésta establece con la realidad, puesto que es su objeto de representación. Las imágenes, y como tal la fotografía, establecen tres modos de relación con el mundo:
• El modo simbólico, presente desde los orígenes de la humanidad en la utilización de la imagen como símbolo mágico o religioso y después con muchos otros objetivos indicadores.  Los bisontes de Altamira o las Venus prehistóricas son ejemplos primitivos característicos, y esa misma relación se establece ahora con muchos otros símbolos religiosos, políticos o deportivos.
• El modo epistémico, según el cual la imagen aporta informaciones (de carácter visual) sobre el mundo cuyo conocimiento permite así abordar incluso en sus aspectos no visuales. Es una función general de conocimiento y la fotografía cumple de este modo una función mediadora; el fotógrafo nos representa en el lugar del hecho, se convierte en nuestros ojos e incorpora lo que no vimos a nuestra memoria. Esta función de conocimiento y mediación es especialmente significativa en la fotografía documental, en la fotografía de prensa o en la fotografía científica. 
• El modo estético, pues la imagen está destinada a complacer al espectador, a proporcionarle sensaciones específicas.  Es una noción estrechamente vinculada o casi, la del arte, hasta el punto que pueden  confundirse

Ciertamente la fotografía participa de los tres modos de relación con el mundo y aunque el modo epistémico pueda resultar el más accesible al procesamiento documental clásico lo cierto es que la dimensión simbólica y la dimensión estética no deben ser subestimadas. De hecho, muchas fotografías cambian por diversas razones su modo de relación. Un ejemplo clásico de esta interrelación es la famosa fotografía que hiciera Alberto Díaz (Korda) a Ernesto Guevara, como reportero de un acto político; que no tenía más intención inicial de ser una imagen para la prensa y se convirtió, por sus valores estéticos y simbólicos, en todo un ícono del arte de la fotografía del siglo XX y aún del XXI.

Sin ánimo de establecer tipologías, siempre excluyentes y discutibles, queremos señalar algunas características de la fotografía documental, la cual es en su mayoría la que se conserva como memoria en las instituciones, como parte de su legitima actuación social.

La fotografía documental se crea con la intención de documentar todo tipo de entes, acciones o instancias. Miguel Ángel Yáñez, historiador sevillano de la fotografía, define el documentalismo fotográfico o fotodocumentalismo, como “aquella cualidad de algo pasado, objetivamente registrada y mostrable al espectador en soporte fotográfico, y que encierra potencialidad para testimoniar, instruir e informar sobre ese algo.” Su objetivo es testimoniar, instruirse, informar objetivamente sobre lo que representa. Para Yáñez, la estructura de la fotografía documental cumple tres requerimientos. El factor ético implícito en el hecho de buscar la verdad mediante la testificación de la realidad. El factor documentogénico, o el poder de despertar el interés del espectador por el simple paso del tiempo que surge de una comparación inconsciente entre el mundo que le ha tocado vivir y el del tiempo representado en la imagen. El tercer factor es el objetivismo, sólo atemperado por las decisiones técnicas y compositivas del fotógrafo. Dentro de esta categoría se sitúa claramente la fotografía de reproducción de obras de arte y patrimonio antropológico. También la fotografía de documentación profesional y científica para disciplinas como la arqueología, la arquitectura, la ingeniería, industria, astronomía o la fotografía institucional al servicio de empresas u organismos.

La fotografía periodística, sin embargo, no es exactamente fotografía documental: Nace con voluntad comunicativa y mediadora y con la intención de testimoniar  los acontecimientos reales, reflejados e interpretados visualmente por un fotógrafo, por medio de un mensaje visual que se sumará al mensaje del resto del periódico, especialmente al mensaje textual que constituye la noticia. No tiene la cualidad objetiva del fotodocumentalismo pues el componente editorial del periódico va a pesar mucho en el momento de la selección del tema, del enfoque, de la imagen elegida para publicar, pero sobre todo, del enfoque de la noticia y del correspondiente pie de foto que conducirá nuestra lectura.

La fotografía privada, la fotografía familiar, son imágenes comunes, más o menos estandarizadas, de individuos privados para uso privado. Aunque por propia esencia es una fotografía marcadamente social, viene a certificar la posición del individuo en la sociedad alienando visualmente su personalidad y transformándolo en estereotipo. Aunque en la actualidad ha evolucionado hacia una certificación de la extensión visual del individuo y ahora las fotografías son aparentemente más personales; en realidad todos tenemos las mismas.

Las fronteras entre estas categorías son evidentemente muy difusas. Los procesos técnicos de las Ciencias de la Información y la Archivística tienen una gran trascendencia en la fotografía. La Archivística como ciencia, se ocupa del documento como objeto y como contenido o información y la fotografía, tanto o más que los documentos textuales, necesita ese enfoque.

Una fotografía es un objeto que hay que conservar, cuidar, almacenar, restaurar. Se estropea con facilidad; le afectan muchos elementos externos y además, la complicada unión entre soporte y contenido hacen que el deterioro de aquel repercuta sobre la percepción y buena interpretación de éste.

Las fotografías están en nuestros hogares guardadas en álbumes; en cuadros en la pared o encima de un mueble; en las estanterías, o en nuestras carteras. Nos recuerdan cómo éramos en nuestros mejores momentos; las fechas señaladas que han marcado nuestras vidas; los rostros de los que están y de los que se fueron. Son nuestra memoria familiar y personal.

La naturaleza, los retratos, las guerras y conflictos sociales, las catástrofes, el arte, la actividad política, la moda, los deportes, la publicidad, la ciencia, la historia, el catálogo comercial, la foto artística, la foto de satélite meteorológico; el mundo entero está fotografiado por aficionados y profesionales que contribuyen con su aportación a llenar nuestras vidas de imágenes,  a fijar en dos dimensiones  la realidad haciéndola memorizable, clasificable, archivable, manipulable, transportable, transmisible, recortable o reproducible... De esta manera se publica en periódicos, revistas, libros, carteles o en páginas web, y también entra en fototecas, archivos, bancos de imágenes, colecciones, ficheros o álbumes. No todas las fotografías se coleccionan o se conservan pero muchas de ellas entran a formar parte de esa memoria cultural que es necesario preservar.

Diferente grado de interés suele mostrarse, en las entidades de este tipo hacia las fotografías que conforman los fondos documentales de archivo que guardan parte de la memoria de la institución que los ha generado o reunido. Por lo general, recién están empezando a ser estudiados y preservados y continúa produciéndose cierta dificultad para equiparar su valor al del resto de obras coleccionadas.

Pese a la variedad de situaciones que caracterizan a las instituciones que custodian fondos fotográficos, pueden establecerse en muchos casos puntos comunes de actuación y encontrar dificultades similares a la hora de llevar a la práctica la recuperación, preservación y difusión de este patrimonio cultural, especialmente referidas a la actividad llevada a cabo desde los organismos públicos.

La recuperación de la memoria visual es una de las actividades que más interés suscita en las instituciones, ya que nuestra sociedad ha aceptado el valor testimonial, estético y documental de la imagen.
En el desarrollo de la labor de recuperación de conjuntos documentales de imágenes, la acción debe estar guiada por un criterio ético fundamental de respeto a la integridad de los conjuntos documentales, y ha de responder, como señalaba Josep Pérez (s.a.) a una política de colección previamente establecida por la institución.

Son varias las maneras en que puede contribuirse a la recuperación y acrecentamiento del patrimonio fotográfico:
•    Puesta en valor de fondos fotográficos de las instituciones, hasta ahora olvidados.
•    Recuperación mediante compra o donación de archivos y colecciones fotográficas a personalidades naturales o jurídicas.
•    Recopilación y/o recuperación de referencias de las imágenes en fuentes documentales de otros archivos.

La fotografía como documento de archivo

La concepción sobre los archivos ha ido variando con el desarrollo de la Archivística, que aporta herramientas para el trabajo de organización de la documentación que ellos conservan. Los archivos no son producto de la reunión erudita, la colecta programada, ni la acumulación caprichosa de documentos. El Diccionario de Terminología Archivística Elseviers Lexicon, lo define como “el conjunto de documentos recibidos o elaborados por una persona física o moral, pública o privada, y destinados por su naturaleza a conservarse”. Su formación es producto de un proceso natural, es resultado del “desarrollo de la actividad práctica, jurídica y administrativa de un Estado, de una ciudad, de un grupo organizado o también de una persona física o de una familia.” (Lodolini, 1993). Los archivos se fueron convirtiendo, gracias a la plasmación en documentos escritos de los actos de cualquier tipo, “en el testimonio fehaciente de la memoria colectiva, en el sistema de control por antonomasia de los actos jurídicos y económicos de los hombres y de los Estados” (Núñez, 1999). Esto fue posible dado el avance de la sociedad, de su organización, estructuración y sobre todo de la administración económica, política y social, hechos en los que la escritura y el documento como prueba de éstos jugaron un papel preponderante.

Los archivos son uno o más conjuntos de documentos, acumulados en un proceso natural por una persona o institución pública o privada en el transcurso de su gestión, conservados, respetando aquel orden, para servir como testimonio e información para la persona o institución que los produce, para los ciudadanos o para servir de fuentes de historia.” (Heredia, 1993). Este concepto evidencia la importancia de los documentos de archivo como fuentes de información para la sociedad. Sin embargo, los mismos deben ser "organizados y conservados científicamente, respetando su orden natural, en un depósito que reúna las debidas condiciones y atendido por personal capacitado, para servir al sujeto productor o a cualquier persona, como testimonio de la gestión de actos administrativos y/o jurídicos, o como información para fines científicos o culturales" (Ruiz, 2001).

Como consecuencia del desarrollo de la archivística, en su definición, el archivo analiza elementos importantes que visualizan el mismo desde un punto de vista científico y disciplinar más amplio y no como un conjunto de documentos “llenos de polvo”. Estos elementos son: institucionales, documentales, estructurales, personales, científicos y técnicos. Además, se toma en cuenta la doble dimensión de los archivos: en el ámbito de la memoria histórica y la gestión documental.

Analizado el concepto de archivo, se hace necesario abordar el concepto de documento y de documento de Archivo.

Desde el punto de vista de los marcos jurídicos del país, la ley del Sistema Nacional de Archivos de la República de Cuba, incorpora en sus disposiciones generales, que un documento de archivo es “aquel en el que se refleja el testimonio material de un hecho o acto realizado por persona natural o jurídica en el ejercicio de sus funciones y que por su valor administrativo, legal, fiscal, científico, económico, histórico, político o cultural, debe ser objeto de conservación”.

Se puede resumir que el documento de archivo independientemente de la información que contiene y su soporte material, debe formar parte del contexto en el cual fue creado con el objetivo de mantener su valor legal, administrativo, fiscal, económico, político, cultural, y además debe ser conservado para prestar servicio de información y prueba a la sociedad.

El valor artístico y patrimonial de la fotografía ha sido resaltado desde su surgimiento. En la fotografía como objeto patrimonial, se defiende la idea que las imágenes creadas por los seres humanos a partir de su propia existencia deben entenderse como un bien cultural. Las fotografías de ayer y hoy son parte fundamental del patrimonio cultural de un pueblo, y su conservación, organización y difusión son tareas que garantizan el acceso a la memoria colectiva. Se hace evidente entonces el referirse a la fotografía como memoria colectiva, pero se puede decir que también forman parte de la memoria individual, dado que existen los archivos personales en los que el fondo fotográfico está enfocado a la vida y las actividades de una persona en específico.

La UNESCO siendo una de las organizaciones que busca la salvaguarda del patrimonio cultural, en uno de sus programas plantea dos elementos fundamentales que componen a un documento de archivo: el contenido informativo y el soporte, donde ambos son claves en la construcción de la memoria. Dentro de esta clasificación, distingue a las piezas audiovisuales, las cuales están compuestas por las películas, cintas, discos y, además incluye a las fotografías (Edmonson, 2002), insertándose así como uno de los componentes del patrimonio documental de los países.

La fotografía como documento de archivo significa un testimonio valioso para los investigadores. Este material visual constituye parte insustituible del patrimonio de un país, dada su peculiar forma de comunicar. Su poder de reproducir exactamente la realidad externa le concede un carácter documental mayor que a cualquier otro documento. La fotografía, desde sus inicios, ha servido al hombre para atesorar sus más preciados momentos, sus costumbres, cultura y política, de ahí la importancia de su organización; actividad que permite prolongar su vida y conservar la memoria.

Desde el punto de vista del investigador, las imágenes son testimonio vivo del pasado y del presente histórico, pues revelan tanto información contextual como estados de ánimo de los seres vivos presentes en ella. Constituyen el reflejo de vivencias y actos que permiten acceder al conocimiento, estilos de vida y costumbres de cada época.

En los últimos tiempos la fotografía ha experimentado una explosión documental tanto en soporte papel como digital, y ha abierto una nueva vía de trasmisión y conservación del conocimiento por medio de las imágenes. Constituye uno de los patrimonios documentales que más se ha difundido y forma parte de la memoria visual de la sociedad.

La fotografía ha estado presente en cada momento de la vida del ser humano, validando, a través de la imagen, sus acciones. En la actualidad este tipo documental forma parte del fondo archivístico de instituciones públicas y privadas.

Desde el contexto archivístico la fotografía es abordada en relación a términos como: documentación, representación, memoria histórica, investigación social. Es por ello que se hace relevante desde su estudio como documento de archivo, su valor patrimonial, su análisis documental, desde los enfoques iconológico e iconográfico.

Las fotografías cada vez son más empleadas para fundamentar tesis sociales, proyectos científicos, grandes obras, planos de inversión urbanísticos. Son medios únicos de transmisión de ideas. Actualmente, es una de las fuentes de información no textual más frecuentes en las instituciones de información. Constituye un elemento portador de información que recuenta piezas del pasado; expone y describe la existencia de personas, edificios, culturas, prácticas sociales, costumbres, o sea, resume en el plano de lo visual los acontecimientos de la sociedad, las actividades culturales, económicas, sociales y científicas del hombre en su devenir histórico, reflejando a través de la imagen su contexto. Son precisamente estos elementos los que ubicaban a la fotografía como fuente de información para la sociedad.

El documento fotográfico es en primer lugar un objeto informativo; lo que se corrobora en el propio hecho que tienen como finalidad el carácter probatorio de actos, ya sean jurídicos, económicos o de otra índole. Esto solo puede realizarse a través de la información contenida en ellos. Este contenido informativo va a estar condicionado a las características de conjunto orgánico y a su carácter seriado. Solo teniendo en cuenta los aspectos particulares de la génesis de la fotografía, su tratamiento será completo y eficiente, especialmente a la hora de descifrar toda la información que ofrecen.

Hasta el momento se aprecian grandes avances en la sensibilización general por el valor documental y estético de la fotografía, en su recuperación y difusión. No sólo se han formado o puesto en valor innumerables fondos y colecciones fotográficos, sino además, se realizan grandes esfuerzos en la elaboración de censos y guías y bases de datos para el control y recuperación de estos archivos.

La Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y su colección fotográfica

La Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano es una institución cultural de alcance regional, que surgió con el propósito de aunar y dar visibilidad a la cinematografía del continente latinoamericano. Fue creada por iniciativa del Comandante en Jefe de la revolución cubana, Fidel Castro Ruz y el eminente escritor colombiano Gabriel García Márquez.

La institución tiene su sede en la Quinta Santa Bárbara; una majestuosa y mágica mansión, ubicada en las afueras de la ciudad de La Habana; “…casa de propiciar los sueños y de alentar la imaginación, evoca a la vez el pasado, la nostalgia…nació para asombrarnos con su belleza, su elegancia y confesémoslo, también con sus misterios” (Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, 2005). Fue la residencia de Flor Loynaz Muñoz (hija del venerable general de la guerra de independencia, Enrique Loynaz del Castillo y hermana de la ilustre intelectual Dulce María Loynaz); mujer con una sugerente historia de vida, que cautivó la imaginación y prolija fantasía del eminente Gabriel García Márquez; quien decidió éste como el lugar ideal para radicar la Fundación:

De modo que pocas casas como ésta podrían ser tan propicias para emprender desde ella nuestro objetivo final, que es nada menos que el de lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple y así de desmesurado. Esta es la casa de ustedes, la casa de todos.

Esta edificación, que fue concebida como residencia familiar, aloja desde 1985 una institución; que como cualquier otra, ha gestionado y gestiona diariamente todos los resortes y recursos para su funcionamiento administrativo. Posee incluso una admirable sala de cine que forma parte del circuito cinematográfico de la ciudad.

Sede de innumerables acontecimientos culturales, ligados a la creación cinematográfica, posee una invaluable trayectoria que involucra a las más prestigiosas figuras y personalidades del mundo del cine, la televisión y las artes en general. Su labor cultural trasciende los marcos incluso de la casa para llegar a la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, de quien es gestora.

Todo su accionar en la vida cultural, social, e incluso política de Cuba y Latinoamérica, está recogida en el más valioso de los tesoros que encierra: su vasto acervo documental que por más de 30 años ha generado. Este continúa siendo aún uno de sus principales secretos; uno más de los que guarda la casa. Dentro de ese grupo documental se destaca sobremanera la colección fotográfica que recoge las actividades relacionadas con el acto fundacional; las múltiples visitas de su presidente García Márquez en compañía de destacadísimas personalidades de la región; entre ellos Alfredo Guevara, Miguel Littin, Julio García Espinosa, Daniel Díaz Torres; Armando Hart, Pastor Vega, Fernando Birri y muy especialmente el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Las fotografías recogen además los actos de inauguración de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños; los Talleres de Creación y Apreciación Cinematográficas; las reuniones del Comité de Cineastas de América Latina; de los miembros de las Cumbres Iberoamericanas para los temas de la cultura en la región; las actividades relacionadas con las 39 ediciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano; entre otros eventos relevantes. La historia que encierra esta colección documental, está estrechamente ligada al proceso de integración de América Latina.

La colección está formada por 2300 fotografías en soporte papel y más de 5000 negativos, que forman parte de los 35 metros lineales de documentos que atesora el archivo institucional; sin embargo, esta memoria documental , que forma parte por derecho propio del patrimonio cultural de Cuba y América Latina, no ha recibido aún el reconocimiento que merece, pues no ha sido sometida al riguroso tratamiento archivístico y de conservación que requiere, para poder garantizar su uso y preservación en el tiempo.

Si el objetivo final del proceso de interpretación del patrimonio es acercar el bien cultural a la sociedad para que esta lo aprecie en su justa dimensión y contribuya con su preservación, resulta obvio que para poder darle valor de uso a estos documentos, es imprescindible aplicarle las técnicas de gestión documental establecidas que garanticen el adecuado control y recuperación de la información que contienen evitando el uso y manipulación indiscriminados de los mismos.

Los especialistas en gestión documental, que vienen a cumplir la función de intérpretes de este patrimonio como mediador entre los documentos y el público en general, tienen la tarea de identificar, clasificar y organizar esta valiosa colección, de manera que logre preservar sus condiciones físicas, tan susceptibles al deterioro. Tómese en cuenta que los archivos fotográficos requieren para su conservación de exquisitos cuidados, especialmente en lo relacionado con las condiciones ambientales de temperatura y humedad, así como adecuados sistemas de almacenamiento. Cumplir con estos requerimientos se convierte en una de las principales motivaciones para el procesamiento de esta colección.

La idea de acercar el patrimonio cultural a la sociedad y de motivar a la sociedad a que contribuya con la preservación del patrimonio, se logrará en la medida que la colección fotográfica pueda ponerse al servicio público, luego de ser sometida a un tratamiento pertinente, según las reglas y normas existentes en el mundo  de la archivística actual.

Solo así develaremos para el bien común uno más de los entresijos que esconde esta mansión y que al decir de García Márquez…“es un impostergable esfuerzo de reconquista cultural”. La Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano se ha propuesto así, conservar contra el olvido, su memoria documental.

Bibliografía:

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Diccionario de Terminología Archivística Elseviers Lexicon

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