“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CINEASTA
  • Francisco Arturo Palau Pichardo
    (República Dominicana, 1879-1937)



    Nace en Santo Domingo, República Dominicana. Su nombre llena, con todo derecho, uno de los capítulos más sobresalientes de los inicios del cine dominicano. Dueño de una conocidísima colchonería y papelería de Santo Domingo, el fotógrafo Palau editó, a partir de 1908, la revista de variedades Blanco y Negro, que en total completaría siete años de existencia. Al frente de esa revista de sociedad captó numerosos sucesos de la vida republicana que hicieron historia en su país, como las elecciones municipales de 1909 y la juramentación de Eladio Victoria en 1911, entre otros acontecimientos, a la vez que se formó como reportero gráfico, especialidad que contribuyó a enaltecer ante el gremio de periodistas y fotógrafos con sus trabajos para las páginas de La Cuna de América y Listín Diario, entre otros.

    Su contribución no fue menos importante en el orden técnico: a él se debe la introducción en el país del procedimiento de grabado conocido como tricromía, que hasta aquella fecha se hacía en La Habana. Pronto, sin embargo, el entusiasmo de este pionero se trasladó al cine. La oportunidad apareció en 1922, en ocasión de celebrarse la coronación de la Virgen de la Altagracia. Aprovechando el momento, Palau y el fotógrafo Tuto Báez, junto a Juan B. Alfonseca, quien hizo las veces de empresario, se lanzaron a filmar la primera película netamente dominicana: La aparición de Nuestra Señora de la Altagracia, con guión del historiador Bernardo Pichardo y decorados del catalán Enrique Tarazona. Concebida en cuatro actos a la manera de los filmes «artísticos» del período silente, la película se estrenó con gran despliegue publicitario (incluido un tráiler) el 16 de febrero de 1923 en los teatros Colón e Independencia de la capital, luego que el Vicario General concediera su aprobación, encontrándola «conforme a la tradición y recomendable a la fe y devoción de los fieles». En esta primera producción nacional participaron actores aficionados, entre los que se encontraban la joven italo-venezola Alma Zolessi, José B. Peynado Soler, Fernando Ravelo, Panchito Palau y Pedro Troncoso Sánchez.

    La fiebre del cine parece haber contagiado de tal manera a la troupe de Palau que no se esperó a terminar La aparición…para iniciar el rodaje de otro proyecto, aún más ambicioso. Se trató de la comedia ligera Las emboscadas de Cupido, sobre un guión del propio Alfonseca. En la misma también intervendrían aficionados, en este caso «distinguidas señoritas y jóvenes de sociedad», como las calificara la prensa, entre los que se encontraban Delia Weber, Rafael Paíno Pichardo, Evangelina Landestoy, Pedro Troncoso Sánchez y Panchito Palau. Uno de los detalles más interesantes de aquel nuevo proyecto fue que para dicha ocasión el dúo Palau-Alfonseca prescindió de los decorados teatrales y filmó en locaciones, algunas de las cuales eran propiedad de la pareja en cuestión. Las emboscadas… es deudora del cine más primitivo, al estilo de un Griffith, con sus historias de amores contrariados, padres intolerantes y finales conciliadores que a la sazón hacían las delicias del público. El éxito fue rotundo desde su estreno, el 19 de marzo de 1924, al punto que las exhibiciones batieron un récord de dieciséis funciones en la capital, sin contar la triunfal gira de provincias que llevó a Palau con parte del elenco por las más importantes ciudades del interior. Meses antes, no obstante, el director había concluido su reportaje documental La República Dominicana (1923), cuyo inusual realismo incluía  imágenes de la vida cotidiana en los sectores más humildes de la sociedad, lo cual causó no poca desazón y rechazo en la prensa burguesa, incapaz de asimilar una propuesta en clave naturalista singularmente adelantada para su época. A partir de 1924, Palau se dedicó únicamente a la fotografía de prensa, con lo cual se cerró este primer momento en la historia del cine dominicano. Años después el cineasta René Fortunato homenajearía a la figura de este pionero en su primer documental: Tras las huellas de Palau (1985).




    Francisco Arturo Palau Pichardo (1879-1937) was born in Santo Domingo, Dominican Republic. His name deservedly points out one of the most outstanding moment of the beginning of Dominican cinema. He was the owner of a famous mattress store and an stationer’s in Santo Domingo. As photographer, he published in 1908 the variety magazine Blanco y negro, which was published for seven years. As director of this society magazine he reflected many events of the republican life that were of historical significance to his country, as the municipal elections in 1909, the Eladio Victoria´s oath in 1911, etc., at the same time he became press photographer, a job he contributed to ennoble in front of the journalists and photographers trade with his work for the pages of the newspapaers La Cuna de América and Listín diario, among others. His contribution was not less important in the technical aspect: thanks to him was introduced in the country the printing technique known as trichromy which until this moment was only made in Havana, Cuba. Soon, this pioneer´s enthusthiasm turned to film. His opportunity appeared in 1922, when it was celebrated the Altagracia virgin´s coronation, taking adventage of the moment, Palau  together with the photographer Tuto Báez,  and Juan B. Alfonseca, who made the functions of producerr, took the risk of making th first completely Dominican film: La aparición de Nuestra Señora de la Altagracia, with the screenplay by historian Bernardo Pichardo and the set designs of the Catalan Enrique Tarazona. Made in four acts like the «artístic films» of the silent period, and preceded by a great publicity campaign (a including a trailer), the film was released on February 16, 1923 at the movie theaters Colón and Independencia of the capital city, after that the General vicar would give his permition, finding the film respectful of tradition and recommended to the the faith and devotion of the faithful.». In this first national production took part non- professional actors, among which was the young Italian-Venezuelan Alma Zolessi, José B. Peynado Soler, Fernando Ravelo, Panchito Palau and Pedro Troncoso Sánchez. The frenzy of  film creation seemed to have caught Palau´s troupe in such a way that, before finishing La aparición…, they began to shoot an even more ambitious project. This time was the lightweight comedy Las emboscadas de Cupido, based on a screenplay of the own Alfonseca. In it also took part non-professional actors in this case «distinguish ladies and young men of society», as the press noted, among them were Delia Weber, Rafael Paíno Pichardo, Evangelina Landestoy, Pedro Troncoso Sánchez and Panchito Palau. One of the most important details of the new project was that the duet Palau-Alfonseca did not use theatrical sets and filmed in locations, some of them of their property, Las emboscadas is indebted to the Griffith´s style of most primitive film, with its unrequited love stories, intolerants parentss and conciliatory ends, which at the time pleased the audience. Las emboscadas was a complete success since its premiere on March 19, 1924, to such an extend that its screening reached the record of sixteen daily showings only in the capital city, without taking account of the triumphal province tour that carried Palau and part of his most important cast to inner cities of the country. Months before, however, the filmmaker had finished his documentary report La República Dominicana (1923), which with an unusual realism included images of the daily life of the most humble sector of society; this produced unease and the rejection of the bourgeois press, which was unable to accept and understand a film proposals with a naturalist style well ahead of its time. Since 1924,  Palau devoted himself to press photography; in this way, closed that first period of the Dominican cinema history. Years later, the filmmaker René Fortunato would pay homage to this pioneer figure in his first documentary: Tras las huellas de Palau (1985).
    Referencias en el Portal:

    La leyenda de Nuestra Señora de la Altagracia, 1923, Dirección
    Las emboscadas de Cupido, 1924, Dirección
    No aparecen referencias.
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