“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CINEASTA
  • Glauber Rocha
    (Brasil, 1939-1981)



    Glauber de Andrade Rocha,  uno de los más grandes directores brasileños,  nació el 14 de marzo  1939, en Vitória da Conquista, en el estado de  Bahía. Estudió Leyes en Brasil,  ejerció la crítica cinematográfica, y realizó también en la adaptación de piezas teatrales. Participó como cineasta en la creación y desarrollo del Cinema Novo, en Río de Janeiro, del que se convertiría en su líder teórico y su principal embajador en Europa.  Sus escritos Riverçao critica do cinema brasileiro (1963) y Una estética de la violencia constituyeron las bases del Cinema Novo del Brasil de los sesenta del siglo XX.

    La mediocridad y las contaminaciones del mercantilismo, que algunos consideran inherentes al cine, le parecían a Glauber Rocha  los enemigos jurados de un arte heterodoxo, purificador, auténticamente nacional e intelectualmente elevado. A través de sus artículos críticos, su periodismo agudo y comprometido, sus escritos teóricos, y sobre todo de un cine anti convencional, opuesto a los cánones narrativos convencionales, cine del arrebato y el ensueño, del simbolismo rebuscado y la poética elaboración de lo popular, el creador devino testigo iluminado e imprescindible de un mundo tumultuoso (Brasil, América Latina, por extensión el Tercer Mundo) y de realidades contradictorias, milagrosas, surrealistas.

    Sus diez largometrajes, pero sobre todo Dios y el diablo en la tierra del sol (1964) Tierra en trance (1967) y La edad de la tierra (1980), se erigen en alegatos del poder fecundante de la irritación y la inconformidad. Fue un fundador en todos los órdenes creativos en que incursionara. Y así, no solo dotó a su país, y al continente, de la primera producción vanguardista coherente y estimable, sino que también supo catalogar, clasificar y evaluar lúcidamente el cine brasileño de la primera mitad del siglo XX, al tiempo que combatía las estructuras mentales y económicas del subdesarrollo, único modo de imponer el llamado Cinema Novo, el movimiento que él mismo fundara e impulsara en compañía de Nelson Pereira dos Santos, Ruy Guerra y otros cineastas.

    Y es que la obsesión dominante en el cine glauberiano sigue iluminando el presente y por ello no es para nada fotograma muerto, material de archivo, curioso y desdeñable. Se trata de la revelación, en veinticuatro imágenes por segundo, de la singularidad y vehemencia de una nación, desde la melancolía arrebatada y mística, desde el análisis, por supuesto, de las inequidades sociales y la catástrofe política, apostado en fecundar el polémico interregno del cine y la poesía, el cine y la pintura, el cine y el teatro popular.

    Dios y el diablo en la tierra del sol combina elementos tan dispares como el folclor bahiano y las leyendas nordestinas, la iconografía del oeste (al estilo contemplativo de Sergio Leone y sus fabulosos westerns spaghetti), las prácticas distanciadoras de Bertoltd Brecht, la tradición operística europea, y las constantes referencias al barroquismo latinoamericano, todo ello a veces signado por la incoherencia y la confusión, pero cuánto necesita esta actualidad —colmada de productos culturales adocenados, donde todo está masticado y listo para el consumo, donde nada hay que pensar, añadir ni cuestionar, puesto que los contenidos son lineales, elementales y además pre digeridos— de semejante espíritu revulsivo, de aquellas dudas angustiosas, de aquel caos alumbrador que presentaba Glauber Rocha en la mayoría de sus películas, casi todas incomprendidas por el público mayoritario y fustigadas hasta el exterminio por la prensa menos perspicaz.

    El cine, la obra toda de Glauber Rocha era visceralmente asimétrica, entendido este último término en el sentido que él mismo le daba cuando aseguraba que “el problema del arte moderno es la dialéctica entre simetría y asimetría, que también puede volverse convencional en cualquier momento, por eso es necesario el ejercicio de las rupturas”.  Quizás en este asunto radique el por qué de la polémica, con visos de eternidad, respecto al valor de los filmes realizados por Rocha.

    Abandonó Brasil en 1971 durante el régimen dictatorial militar brasileño y vivió y trabajó  durante mucho tiempo en  países de Latinoamérica y Europa, como Chile, Cuba, España,  Portugal e Italia. No regresó a Brasil hasta sus últimos días, cuando viajó a Río de Janeiro, donde falleció el 22 de agosto de 1981, a los cuarenta y tres años de edad.




    Glauber de Andrade Rocha, one of the greatest Brazilian film directors of all times,  was born on March 14, 1939, in Vitória da Conquista, state of  Bahia, Brazil and died on august  22, 1981 in Rio de Janeiro. He studied law in Brazil and practiced film criticism and  adapted some theater plays. As filmmaker he took part in the creation and development of the Cinema Novo movement in Rio de Janeiro, until he became his theoretical leader and its main ambassador in Europe. His writings Riverçao critica do cinema brasileiro 1963 and Una estética de la violencia were the theoretical bases of  the Brazilian Cinema Novo in 60´s decade of the Twentieth Century.

    Mediocrity and contamination of mercantilism, that many consider as inherent to filmmaking, seemed to Glauber Rocha as the worst enemies of an heterodox, purifying, authentically  national and intellectually elevated  art.  Through his critical article, his   committed and  insightful journalism, his theoretical writings, and most of all his unconventional films opposed to traditional narratives canon,  a cinema of the rapture and the daydream, of the bizarre symbolism and the poetic approach to popular elements, the creator became a enlightened and witness of  a  tumultuous  world (Brazil, Latin America, and consequently the Third World) and of contradicting, miraculous and surrealists realities. 

    All his ten feature films, but mainly Deus e o diabo na terra do sol (1964) Terra en transe (1967) y A edad da terra (1980), stand up in defense of the fertilizing power of anger and nonconformity. He was a founder in all the creative expressions in which he made incursions into. In this way, he not only  offer  Brazil and Latin America the first coherent  and valuable avant- garde production, but he was also able to catalog, classified and lucidly evaluate the Brazilian cinema of the first part of the twentieth Century; at the same time that  he fight the mental  and economical constructions of the underdevelopment, only way to set the so called Cinema Novo, the movement that himself founded and promoted alongside Nelson Pereira dos Santos, Ruy Guerra and other filmmakers.

    So the dominant obsession of Glauber’s  cinema continues illuminating the present, is in no way a death still, curious and insignificant archive material. His films are the revelation in 24 images per second of the singularity and passion of a nation, considering its enraged and mystic and the analysis, of course, of the social inequity and the political disaster; films that bet to fertilize the polemic interregnum between film and poetry, film and painting, film and popular theater.

    Deus e o diabo na terra do sol combines elements as opposed as the Folklore of Bahia and the northeast legends, the Western iconography (like the one of the contemplative style of Sergio Leone and his fabulous Spaghetti Westerns), the estrangement effect of the theater of Bertolt Brecht, the European operatic tradition and the constant referents to the  Latin American baroque, all this films are marked by  incoherence and confusion, but how desperately needed and still needs capitalist society   -full of hackneyed cultural products, where everything is prepared and ready for consumption, where nothing has to be analyzed, added or questioned, because the content are lineal, elemental and spoonfed  — of such a revulsion spirit, of those anguishing doubts that Glauber Rocha present in most of his movies.

    The films, all the creation of Glauber Rocha was deeply asymmetric, the later word understood  as the filmmaker himself do when he stated that  “the problematic of modern art is that of the dialectic between symmetry and asymmetry that also can become conventional at any given moment, what makes necessary the exercise of breaking”.  Maybe this reasoning explains the polemic, which seem to be eternal, in regard to the value of the films directed by Rocha.

    Abandoned Brazil in 1971 during the dictatorial military regime and lived and worked for a long time in countries of Latin America and Europe as Chile, Cuba, Spain,  Portugal and Italy. Never came back to Brazil until his last days when he traveled to Río de Janeiro where h died on August 22, 1981 at the age of forty-three.

    Referencias en el Portal:

    Barravento, 1961, Dirección
    Deus e o diabo na terra do sol (Dios y el diablo en la tierra del Sol), 1964, Dirección
    Terra em transe (Tierra en trance), 1967, Dirección
    O Dragao da maldade contra o santo guerreiro o Uma aventura de Antônio das Mortes (Antonio das Mortes), 1969, Dirección
    Cabezas cortadas, 1970, Dirección
    Der leone have sept cabeças, 1970, Dirección
    Di Cavalcanti, 1977, Dirección
    Jorge Amado no Cinema, 1977, Dirección
    A idade da terra (La edad de la Tierra), 1980, Dirección
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