FICHA ANALÍTICA

Entrevista a Miguel Littín (fragmentos)
Gutiérrez Delgado, María Elena (1957 - )

Título: Entrevista a Miguel Littín (fragmentos)

Autor(es): María Elena Gutiérrez Delgado

Fuente: Revista Digital fnCl

Lugar de publicación: La Habana

Año: 2

Número: 3

Mes: Julio

Año de publicación: 2010

ME.- ¿Qué ha sido el cine para usted?


ML.- La vida, no he hecho otra cosa en mi vida que cine. Es la cosa más maravillosa, el cine me llena de ensueños, de emociones, de sentimientos. Y encontrar el sentido de la vida, encontrar al hombre, la mujer, sus problemas, los amores, la pasión, el placer que significa narrar, contar historias. A los tres años, si tengo memoria, fue cuando vi la primera película, sentado en la falda de mi abuelita, en su jardín donde pusieron una sabana blanca en medio del barro, los frutales, la verdura y todo eso. Debió haber sido maravilloso lo que estábamos viendo porque después todos los niños corrimos por detrás de la pantalla para ver de dónde salían esos barcos, esos caballos, ese mar, esas voces que brotaban ampliadas así como por el viento. Todos los campesinos también estaban aterrados mirando todo eso, después seguí mirando, viendo, seguí con tanta pasión el cine que un día vino La pasión y muerte de Cristo para Semana Santa y cuando vi que lo crucificaron... Uno de los guasos chilenos sacó el revólver y empezó a tirar a la pantalla y dijo: “¡A mi Señor no me lo mata nadie! Y disparaba confundiendo la realidad y el cine. Era tan fuerte la impresión, y después, cuando a los nueve años vi Roma, ciudad abierta, de Rosellini, entonces, quedé absolutamente prisionero de ese lenguaje, de esa forma de narrar, de esos contenidos y de alguna u otra forma se produjo una integración de lo que era la enseñanza cristiana, que yo no la veía en la práctica que nos daban en el colegio, con los caminos del revolucionario y del comunista que están en la película y entonces cristianos y comunistas luchan contra el fascismo por la libertad. Para mí, en esa edad fue muy importante.

Después estudié, claro. Me regalaron una reproductora, una filmadora. Tuve la suerte que mi familia siempre me apoyó; un tío me regaló una reproductora, mi padre me dio una cámara fotográfica, me regalaron una filmadora. Después, un primo mayor, con el que veíamos películas, compró un proyector muy bueno. Después, cuando se acabaron las películas del repertorio con que contábamos, teníamos que hacer películas nuevas. Y ahí comencé a hacer mis primeras películas en el ámbito familiar. Vivíamos en el campo. Más tarde, estudié arte dramático y técnica literaria del drama, de la dramaturgia, o sea, estudié cine, dirección de cine en la Universidad de Chile y luego fui a trabajar en la Televisión Universitaria, donde monté obras de teatro como las de Arthur Miller, las obras de la vanguardia europea que llegaron a Chile por vía de la Televisión Universitaria. De ahí al cine. Creo que 25 fue mi primer largo, que hice con El Chacal de Nahueltoro. Antes había filmado documentales; hice Por la tierra ajena, mi primer corto que se presentó en el año '67 en Viña del Mar. Toda mi vida ha sido perseguir una imagen para capturar el tiempo y guardarlo para trasmitírselo a los demás.


ME- ¡Qué maravilla! Han pasado 40 años ya. ¿Qué recuerdos le trae Viña del Mar? ¿Qué herencia ha dejado ese encuentro en su vida y para sí?


ML.- Viña del Mar fue fundamental porque nos dimos cuenta que no estábamos solos, que no éramos chilenos aislados, porque encontramos a nuestros hermanos cubanos, bolivianos, argentinos, peruanos y mexicanos. Y veíamos el cine en una gran pantalla que era América latina y reconocíamos en esos rostros, los campesinos del noroeste brasileño, la esencia en este conjunto, en este crisol de naciones de individualidades: una variedad maravillosa de culturas. Encontrábamos nuestra propia identidad, estos somos, somos latinoamericanos y somos parte de una gran lucha continental. Nos Insertamos, comenzamos a hacer, a andar, verdaderamente, por la historia. Ya no estábamos mirando solamente al cine europeo, estábamos mirando la expresión del cine de América Latina a través de sus grandes realizadores. Inmediatamente esto produjo una gran movilidad y comenzamos a hacer nuestras películas de largometraje. De tal manera que ya en el '69 teníamos largos en Chile, en el ‘67 teníamos cortos, en el ‘69 presentamos largometrajes, 5 o 6 largometrajes, así que fue verdaderamente un fuerte remezón. Nos dijimos: "bueno, si todos pueden hacer películas por qué nosotros no." Y ahí comenzamos a hacer los largometrajes.


ME.- ¿Cómo se gesta este Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano? ¿Cuáles han sido los lineamientos, debilidades, fortalezas?


ML.- Realmente quien nos junta a todos y va uno por uno fortaleciendo sus ideas y hermanándonos a todos es Alfredo Guevara. Enmarcado en el '67 y el '69. En el '67, siembra y en el ‘69, entonces, recoge gran parte de lo que ha sembrado y va amarrando, ligando destinos- Ha sido una verdadera labor de formación, y los lineamientos están ligados a la Revolución Latinoamericana. Los lineamientos eran el Che, la lucha de Allende, Tabaré desde hace muchos años. Reconocerse en las grandes necesidades del pueblo, reconocerse en las mayorías, encontrar que el arte está comprometido, pero tiene que ser arte liberado de las ataduras formales, alcanzar un nivel de expresión que esté a la altura de la literatura Latinoamericana de la época: Carpentier, García Márquez, Neruda en la poesía; que esté a la altura de los grandes muralistas mexicanos: Ciñero, Orozco, Sequeiros, Rivera; que esté a la altura de las vinculaciones culturales, vertical, horizontal como Wilfredo Lam, que nos descubre nuestros rasgos africanos; como Roberto Matta, el último surrealista, los pintores que al surrealismo le agregan también estas raíces profundas que son nuestros ancestros. Nos descubrimos como latinoamericanos en el arte en cuanto allí está la identidad, allí están Rulfo, en Pedro Páramo, novela que está en los acordes de los grandes músicos latinoamericanos, de la pintura, la poesía, el arte, el teatro; allí encontramos nuestro marco de referencia pero sobre todo en las luchas populares, en las luchas de los campesinos por la tierra, la reforma agraria, las grandes movilizaciones obreras, las grandes movilizaciones mineras, la gente que ya no está pensando en sí misma, que está pensando en los demás, que une su dolor al del otro, y juntos emprenden la lucha, como decía el Che, “Esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar”. Allí están los lineamientos: independencia creativa, compromiso con el pueblo, independencia de los cineastas para hablar con su propia voz. No éramos cineastas rebeldes, no éramos cineastas sometidos a ninguna estructura burocrática de poder, en eso hay una gran diferencia. Los lineamientos estaban en el arte universal, en el arte latinoamericano y en la búsqueda de nuestra identidad.


(…)

ME. Usted hablaba del Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, hablaba de las ideas; díganos algo de esas ideas estéticas de los fundadores, sus principios, las figuras principales.


ML.- Bien, está la lucidez de Alfredo Guevara, tanto en el discurso, en la palabra, como en la acción y la coherencia de habernos reunido a todos. Es un hecho que voy a remarcar siempre, porque parece que a muchos se les ha olvidado. Esto fue el ICAIC y Alfredo Guevara, una figura latinoamericana hablando de las revoluciones y los valores del socialismo y los derechos de los pueblos e impulsando a los cineastas a ser más audaces. La figura de Glauber Rocha como cineasta: creador inagotable, extendiendo los grandes planos-secuencia a un plano inagotable del nordeste brasileño en que el hombre se convierte en un sujeto universal de la historia, tomando el más grande hito de la literatura universal y poniéndolo en la vía de los campesinos brasileños como es Antonio Das Mortes, Dios y el Diablo en la tierra del sol, como para mostrarnos y señalarnos que también los latinoamericanos somos poseedores de la cultura universal, adaptando así "El Diablo y el buen Dios" de Sastre a la realidad de Brasil y haciéndolo universal. Los primeros filmes, Manuela de Humberto Solás, sensible, rompiendo los mitos del machismo, incorporando a la mujer como protagónico de la historia de este continente, mujer fuerte pero también débil y al mismo tiempo postergada, que lucha, no que se queja, pero a la vez con una belleza inconmensurable en sus suntuosos planos. Después lo lleva en Lucía y en Cecilia, el erotismo que tiene Manuela es muy notable y también le incorpora la técnica de la actuación. Bueno, la lucidez del corredor de fondo que es Gutiérrez Alea, Memorias del subdesarrollo, película profunda que incorpora no sólo la calidad del paisaje humano y político de América Latina, sino la verticalidad de lo psicológico del individuo, puesto en una situación extrema de su vida y de la sociedad que lo rodea, su mirada es universal. Y comienza a trazar la estética inconclusa, no, concluye porque los círculos históricos en América Latina no han concluido, por lo tanto, siempre se comienza en un punto de nuevo, pero estos grandes realizadores dejaron siempre abiertas sus películas para que se continuarán.

Ahí están la idea fundamental, motrices, los documentales, Carbón, una película en Chile sobre los mineros de carbón que por primera vez salen desde las minas subterráneas, en el fondo de la tierra, salen a la luz y desfilan sobre el río Bio Bio, como el antiguo araucano, cuando detuvieron a los conquistadores españoles en el río Bio-Bio, contado por el cine   araucano, desfilan con sus banderas y sus pancartas en la gran marcha del carbón apoyando a Allende que ya era candidato a la presidencia de la República, tomando en cuenta que esa era una meta de él para hacer la Revolución en Chile. Los desheredados de la tierra, los desheredados de siempre salían a la luz, caminaban y cantaban y de caminar y cantar y se convertían en danza y en vuelo, en lucha de los grandes movimientos obreros de América Latina. Esta es una película fundamental, Carbón de Sergio Bravo en el cine chileno, los documentales sobre los campesinos brasileños, película de Sergio Muñiz, literatura de cordel, canciones, música, imágenes. Santiago Álvarez es audaz en Now, Hanoi Martes 13, García Espinosa planteando el cine imperfecto y el cine perfecto reaccionario que es también de alguna forma también señalar los rasgos de una estética inconclusa que no va por lo menos, va a durar siglos que vivir. Entonces pues, hay esas grandes señales tanto en el cine como en lo que es la palabra y la acción pero yo siempre veo la palabra cuando se convierte en acción. No creo en los ensayistas de cine que hablan y hablan de cine pero no han hecho nunca nada integral pues se quedan solamente en un análisis muy superficial y prescindible completamente porque no lo que ha hecho en los otros cineastas y que ha creado influencia y la que nosotros hemos podido crear, es a través de los filmes.


ME.- Usted comentaba la labor de Guevara, su singular afán de unión ¿Qué nos dice su apreciación sobre el panorama artístico cinematográfico de América Latina en estas 30 ediciones del Festival de La Habana?


ML.- El Festival en estos 30 años se ha convertido en el Festival más importante del cine de América Latina. Es un Festival que reúne cuatro generaciones de cineastas y aquí no hay disidentes, no hay disidentes del Festival de La Habana. Todos vienen, todos es admirable, no ha habido un Festival que se pueda levantar con la fuerza de este, que también es nuestra obra, porque está constituido por pilares muy fuertes, digamos por las películas, que son las obras. Si no hubiese aquí películas de cuatro generaciones, no estaríamos hablando de la gran trascendencia que tiene el Festival. El hecho mismo y lo ha entendido la Ciudad de La Habana y los cubanos que se vuelcan completamente al Festival, medio millón de espectadores, sobre dos millones de habitantes que hay en La Habana es un récord absoluto y total. No hay ninguna ciudad del mundo que se vuelque con el entusiasmo y la fuerza a su festival como el Festival de La Habana. Entonces es un espacio de libertad y de expresión para todos los latinoamericanos, antes fuimos perseguidos por las dictaduras; teníamos que encontrar un lugar donde vernos, donde reflexionar y donde crear las perspectivas para nuestras próximas obras, porque sobrevivir en esos espacios fue realmente una hazaña. Sobrevivimos y sobrevivieron las gentes más fuertes, con más rigor y con más capacidad de organización, más autocontrol y también los más audaces que se jugaron incluso la vida para hacer sus filmes. De aquí, salieron proyectos como Acta general de Chile, que me permitió ir clandestino a Chile y estar dos meses y medio en las barbas mismas de la dictadura, burlándola permanentemente y haciendo este documental de cuatro horas que era un reflejo de la vida chilena en directo y de lo que estaba ocurriendo, en ese momento en el año '85en la dictadura. 5ntonces, ese papel no se lo juegan los analistas, no se lo juegan los críticos, los seudocríticos, los seudopopes de papel, esos no se la juegan, no se juegan nada, y ellos proclaman y quieren dictar normas; pero eso no va a ocurrir en esta cinematografía, porque aquí los cineastas estamos también preocupados de la formación de los nuevos cineastas y a propósito de la formación, el Festival de La Habana refleja ese ciclo y esa preocupación que afortunadamente tuvimos hace ya 20 ó 25 años y lo vimos con claridad. Había que formar a las nuevas generaciones. Fuimos dando clases de cine por todo el continente y fundamos la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, bueno esa ha sido la labor de los cineastas, por lo tanto, los popes de papel se pueden tragar su papel y hasta gastársela, porque tiene que ver la obra en conjunto. No es solamente películas filmadas, es una vida entera para construir un movimiento que se expresa en este Festival de La Habana, que los congratula y me congratula ser parte de él porque verdaderamente es fundamental para el futuro.


ME.- ¿Qué comenta de las nuevas generaciones, de las actuales escuelas de cine? ¿Qué opina de las nuevas generaciones de cineastas chilenos?


ML.- Los latinoamericanos son realmente muy creativos, tienen fuerte personalidad, tienen certidumbres que son justas y están dando obras que son realmente un renacer permanente por eso le llamamos nuevo cine, nuevo cine porque el cine en cuanto a dialéctica nunca será viejo porque siempre va creciendo y naciendo de nuevo. Estos realizadores y realizadoras —porque hay una incorporación muy fuerte de las mujeres es muy importante. Soy partidario absoluto y total, y he impulsado siempre la participación de la mujer. Le dan un matiz y una textura diferente donde aparece con mayor presencia, la ternura, la mirada femenina y las interrogantes de esta juventud que tiene derecho a interrogarse todo y también a responderse. Están buscando, buscando, me parece que mientras más rebeldes sean, más iconoclastas sean, mientras más avanzan, más niegan y afirman: y ahí está un mejor futuro. El futuro es nuestro.



Descriptor(es)
1. CINE CHILENO - HISTORIA Y CRITICA
2. LITTIN, MIGUEL, 1942- - DIRECTOR

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