FICHA ANALÍTICA

Decir verdades disfrazadas de mentiras.
Machado Conte, Andrés

Título: Decir verdades disfrazadas de mentiras.

Autor(es): Andrés Machado Conte

Fuente: Revista Cine Cubano On Line

Número: 1

Mes: Segundo Semestre

Año de publicación: 2005

No parece creer mucho en los asertos zodiacales, aunque piensa que el principio virgo de ir rápido a lo suyo sí va con él. Disfruta la fidelidad del público cubano, que le resulta auténtica inspiración. Por momentos, sus recuerdos cultivan la nostalgia. Gerardo Chijona deplora la pérdida de ciertas transparencias, y por eso, a lo mejor, pretende regresarlas en la honestidad de sus comedias. Se sabe profesor, pero de un tipo diferente, del que aún aprende con sus alumnos.

¿Cómo ve el Chijona crítico, que muy pocos recuerdan, al Chijona realizador de Perfecto amor equivocado?

Gerardo ChijonaDespués que termino de hacer una película no me gusta verla más, porque el Chijona crítico solamente ve esa película donde se equivocó. Es una sensación un poco contradictoria, porque hay que saber el trabajo que uno pasa desde que se le ocurre la idea original de una película hasta que la ve en la pantalla. O sea, es un rosario de calamidades para levantar un proyecto, que por supuesto se compensa porque nadie es masoquista. Pero hay satisfacciones y dichas suficientes como para que uno después que termina ya quiera hacer la otra de inmediato.

Pero yo soy —digamos— severo con las cosas que hago, y en ese sentido me da un poco de pudor seguir viendo mucho la película. Cuando termino una, lo que trato ya es de estar metido en otro proyecto, y no pensar mucho en lo que hice. Ya es un poco dejársela al público. Cualquiera que haga cine lo que siempre busca es como una complicidad con el público. Uno tiene fantasmas, angustias, preocupaciones, ilusiones, que de alguna manera siente que están en las cosas que hace. Y lo que busca es precisamente eso, transmitirlo a un espectador que paga dos pesos y se sienta en una luneta a ver una película.

Ahí es donde realmente el director sabe, cuando opinan los demás, hasta dónde llegó o no llegó. Para mí es válido el juicio de todo el mundo, por muy desfavorable que sea. Yo no me creo mucho eso, cuando todo el mundo te dice: «¡Qué genial!». Cuando me dicen eso, siempre me pongo un poco los frenos. Trato de distanciarme un tanto de lo que hago. Quizás es un rezago que me queda todavía del Chijona crítico que hacía tres críticas a la semana, y que destrozaba mucho a las películas.

¿En qué piensa el Chijona crítico que se equivocó el Chijona director de Perfecto amor equivocado?

Todavía no tengo distancia para decirte por dónde anda la cosa. Sí te puedo decir que la película me costó trabajo encontrarla, puesto que quien vea la película se da cuenta cómo va cambiando invisiblemente de tono, el registro de la historia, y eso, cuando escribes comedias, cuando las diriges, y tú tengas como intención cercana o lejana que la gente piense un poquito, lo tienes que hacer de una manera muy sutil, invisible, de manera tal que la gente en el cine no sienta que le están dando la clase del día, una más, porque le dan muchas en el día, y entonces, cualquier espectador del mundo cuando siente demasiado una pezuña didáctica, pedagógica, como que se distancia del material.

Tú tienes que decir las cosas como Scheherezada contaba sus historias, ¿te das cuenta?, como los buenos autores de literatura te la cuentan, que coges a la gente por la oreja y los metes en ese mundo, y de pronto casi no se dan cuenta que están viendo la película. Esa operación costó trabajo, sobre todo cuando la estaba montando. Hice como cinco cortes de la película y el montaje final no aparecía por ninguna parte. Estaba más claro en el papel que en la pantalla. A mí me gusta mucho editar, disfruto mucho la edición, y tengo una editora muy buena, pero fue una etapa muy tensa puesto que lo que yo quería no lo veía, y aún siento que existen momentos que eso está a mitad de camino; o sea, lo veo un poco de manera no tan sutil como hubiera querido.

Pero el proceso, sí, es la clásica historia que arranca como una comedia ligera, como Adorables mentiras lo era también, y poco a poco empezaba a cambiar de tono, y al final, se convertía en una película un poco —digamos— amarga, cínica, un poco desencantada, pero sin moralinas, ni sermones de ningún tipo, puesto que yo no me siento ni fiscal ni policía para juzgar a nadie.

Más de una vez usted ha dicho que se considera un hombre de pésimo sentido del humor, y sin embargo sus tres largometrajes han sido comedias. ¿Es una paradoja en su vida?

Lo que hago es ponerme como tubo de ensayo a la hora de escribir y de dirigir, y como me cuesta tanto trabajo reírme, cuando yo por lo menos me sonrío con lo que hago, tengo la esperanza de que los demás también compartan esa experiencia, pero, bueno, yo no estoy descubriendo nada cuando digo que hacer reír da más trabajo que hacer llorar. Quiero hacer un drama ahora después de esta para ver si soy capaz de hacer llorar a la gente, ¿no?

Cuando hacía documentales hice solo uno —digamos— humorístico, El desayuno más caro del mundo, y Ella vendía coquitos en algunos momentos, pero bueno, hice documentales —digamos— serios, para decirlo de alguna manera, pero hay temas que tú sientes, cada tema tiene infinidad de maneras de abordarse. Uno escoge una, ¿te das cuenta?, y llegar al tono que debe llevar la historia, que es lo primero que hay que tener claro a la hora de escribir, yo pienso que es lo más difícil.

Soy incapaz de decir por qué he hecho tres comedias seguidas, puesto que son temas que me han buscado a mí. Yo no los busqué a ellos, salvo Cuando termina el baile, el documental sobre Tropicana, que fue la semilla para rodar Un paraíso bajo las estrellas. Fueron temas que me buscaron, y en este mundo yo no estoy descubriendo nada cuando uno hace la película que puede y no la que quiere.

Tengo otros proyectos de dramas escritos, inclusive basados en documentales míos, Una vida para dos, Kid Chocolate, o sea, son guiones que están escritos, pero son guiones de presupuestos —digamos— considerables. No pierdo las esperanzas de hacerlos algún día. Han sido casualidades de la vida e imperativos de producción que me han llevado a hacer tres comedias seguidas. No tengo ningún problema con la comedia, ni me voy a traumatizar con la comedia. Si de pronto ahora estoy con un drama, y veo que no avanza por equis razones, y tengo oportunidad de hacer otra comedia que estoy escribiendo, bueno, pues arranco con eso.

¿Dónde termina la «culpa» de Chijona, y dónde empieza la de Eduardo del Llano en esta última película?

Escena del filme Perfecto amor equivocadoEn este caso fue una «culpa» compartida, es casi tripartita, porque la película surgió de una idea original de Lourdes Prieto, que siempre ha trabajado conmigo como directora asistente, y ya es una buena realizadora de documentales. Eso era un proyecto que ella tenía ahí dormido, una sinopsis muy pequeña que yo siempre le dije que la quería hacer porque me interesaba un poco la mirada femenina que tenía del mundo de las relaciones de pareja, pero bueno, no tenía la cantidad de personajes que tenía finalmente el guión de Eduardo, ni tenía el tono final de la película. O sea, estaba más cerca del drama que de la comedia.

Con la anuencia de Lourdes empezamos a trabajar, y ahí sí, por lo menos nos divertimos bastante, porque Eduardo compartió una manera que yo tengo de trabajar, que es arrancar la historia con algunos puntos por donde sabemos que va a pasar, pero muchas veces sin saber dónde va a terminar, y que los personajes por el camino vayan buscando sus propias características y su propia expresión hasta el momento en que prácticamente se independizan de uno, porque cuando uno —pienso yo— trata a toda costa de demostrar alguna tesis o de dar alguna lección al espectador, de alguna manera empieza a meter una camisa de fuerza a los personajes y después, al final que ya contaste la historia, sale algo más, yo pienso que las películas son para mí más efectivas. Entonces, Eduardo realmente se acopló mucho a ese estilo de trabajar y pienso que fue formidable, la verdad.

También se sabe que Chijona es un amante de la literatura inglesa. ¿Tiene que ver la indecisión de Julio del Toro con la de Hamlet?

No tiene tanto que ver Julio, como el estilo de contar, porque desde los griegos, desde el teatro isabelino, ese tipo de comedias de enredo, ahí no hay más nada que inventar. O sea, cuando te mueves dentro de esa dramaturgia, esa estructura teatral en tres actos, el cine la ha respetado totalmente en la escritura cinematográfica, y bueno, son los mismos puntos de giro que de alguna manera tiene la comedia isabelina, las buenas comedias de Shakespeare, con cosas que parecen tan inocentes como una puerta que deja de abrirse, y se abre la puerta y ahí se acaba la obra. Shakespeare es tan genial que se toma esas licencias para que uno se trague eso.

Uno hace eso igualmente con el azar en las historias, cuando ya has creado un mundo lo suficientemente lógico y coherente por muy caótico que sea, o por muy delirante. Si eso tiene una lógica interna, el público se traga lo que sea, y entonces, yo pienso que Julio tiene más de Julio del Toro que del teatro isabelino, y también de como estaba originalmente en la idea de Lourdes, o sea, que era un poco el clásico mitómano, porque este es un tipo que se cree todo lo que dice. No estamos hablando de un mentiroso de plantilla, sino de un mitómano, que lo que les dice a los demás, lo que se dice a sí mismo, él lo asume como verdades, y todos sabemos que este país está poblado de Julios del Toro, y bueno, eso es una de las cosas que de alguna manera queríamos que compartieran el resto de los personajes, de la manera en que cada cual ha incorporado la doble moral y la mentira como una forma de vida sin tener por eso ningún tipo de angustia existencial. Si comparas estos personajes con los de Adorables mentiras, aquellos estaban aprendiendo a mentir, estábamos todavía en otro momento de la sociedad cubana. Estos, diez o doce años después, ya se acostumbraron a mentir y no tienen realmente muchas angustias, ni pierden el sueño por eso.

Usted decía hace unos momentos que cuando termina un trabajo, ahí mismo se le ocurre la idea del siguiente. Era de esperar, entonces, que después de Adorables mentiras, apareciera Perfecto amor equivocado, y sin embargo fue Un paraíso bajo las estrellas, que además no se relaciona tanto con las otras dos...

No fue una casualidad, porque realmente Un paraíso... iba a ser mi primera película, pero como era un proyecto tan complicado se tuvo que aplazar. Lo empecé con Senel Paz, y después lo retomé con Luis de Agüero, y después Senel lo retomó, volvió a entrar. Siempre quise hacer una película en Tropicana a partir del documental que rodé, y te acuerdas, antes en Hollywood, en los años dorados de la industria, en los años treinta, cuarenta, se decía que uno se graduaba cuando realizaba un oeste o un musical.

Aquí traté de graduarme de director, y por eso fue Un paraíso... quizás no en el tono original, puesto que como lo teníamos originalmente estaba más cerca del drama que de la comedia, pero yo podía hacer una cosa, un poco el humor llevado ya a grados de delirio, partiendo del supuesto de que la vida era un show. Esto me permitía fusionar el musical con la vida real, para decirlo de alguna manera, tomándome todas las licencias que tiene la película de credibilidad y de verosimilitud, en tanto que nunca está abordando la realidad tal como era, sino un proyecto de realidad que solamente estaba en mi cabeza, en la de los personajes, y en la del público.

Esas cosas son perfectamente casuales, o sea, no es que se atravesó entre Adorables mentiras y esta. Siento que existe más relación entre Adorables mentiras y Perfecto amor equivocado, pero el musical tiene otras reglas, y, de alguna forma, nos adelantamos a todos los musicales que vinieron después: Molino rojo, Chicago, etcétera, etcétera.Recuerdo que coincidí con Baz Luhrmann, que es el director de Molino rojo, en una buena cantidad de festivales. Cuando estrené en Cannes Adorables mentiras él estaba con su primer musical ahí, Strictly Ballroom, y nos hicimos supersocios, porque coincidimos como en ocho festivales, cada uno con su primera.

¿Teme Chijona sentirse acabado alguna vez como director de cine? ¿Cuáles son los temores que comparte con Julio del Toro? ¿Cuánto hay de Julio del Toro en Chijona, y cuánto de Chijona en Julio del Toro?

Uno siempre comparte ese temor, independientemente de la edad o del momento de su vida. En este momento no lo tengo, o sea, contrariamente a Julio, siento que puedo levantar un poco la varilla y es lo que voy a tratar de hacer; o sea, hago un drama, una comedia, por lo menos temáticamente. Voy a tratar que las películas sean un poquito más complejas realmente porque ya domino el oficio. No sé dónde lo aprendí pero sí sé dirigir actores. Nunca han dicho de una película mía que los actores están mal, guste o no.

No tengo fantasmas tipo Julio del Toro en estos momentos. A lo mejor mañana abro los ojos y estoy peor que ese personaje, pero en estos momentos me siento con ganas de hacer otras cosas. De pronto se mete uno diez años sin rodar una película y eso no depende de uno, sino de otros factores, no porque no hayan ideas ni temas que tratar; o sea, siento que me sobran temas en estos momentos. Quizás después es que no aparece la casa editorial, ¿no?

¿Cuál es el próximo proyecto? ¿Piensa que en algún momento los personajes aprenderán a decir la verdad?

Paradójicamente, el próximo proyecto se titula Tocar el cielo. Es un proyecto al que Arturo Arango y yo le hemos dedicado unos cuantos años de nuestras vidas. Es una historia que tiene lugar en los años sesenta, y todos los personajes dicen la verdad. Aquí nadie miente. Era otro momento de la sociedad cubana, y no había espacio para la duda ni para la doble moral. Pero tiene otras complejidades. Ya llevamos trabajando bastante tiempo, ya entregamos el proyecto, estamos esperando por el proceso de aprobación, pero te puedo decir que es una película totalmente inteligente a la hora de establecer ese diálogo, porque existen verdades que son aplastantes, y la gente lo que hace es rechazarlas, y mucho más cuando tú sabes bien que los medios lo que hacen es colorear esa realidad por no reconocerla, aunque el público la reconoce en su vida cotidiana. Pero cuando se la devuelven desde la pantalla, siempre tienes que lograr establecer la complicidad, porque si no, la gente se levanta y se va. «A mí esto no me interesa», pucutún, y hasta ahí llegó la película, en el rollo cuatro, y uno tiene que seducirlo primero para después decirle esas verdades disfrazadas de mentiras.

¿Hay algún margen para una adorable verdad, y que pueda llegar a ser una comedia?

Pienso que sí. Lo que pasa es que sería una película tremendamente dura, o sea, una película solamente con personajes diciendo verdades, pienso que sería una película muy crítica, realmente.

Se afirma que el trabajo de actores es bueno en Perfecto amor equivocado, sin embargo, se le señalan lagunas en el diseño de los personajes, que si son caricaturas, que si fue a ultranza el desnudo. ¿Qué piensa de todo eso?

Escena del filme Perfecto amor equivocadoDel desnudo siempre digo que es parte del diseño de vestuario de una película. Eso viene desde el guión, aunque paradójicamente, puede haber un actor que te pida hacer un desnudo, si siente que es coherente con la escena. No soy nada mojigato; a veces piensan que uno pone los desnudos por gancho, siempre se le pone el adjetivo comercial a eso, que aquí en Cuba es una cosa de locos. Cada vez que alguien me dice eso, yo no sé de qué me están hablando, porque gana lo mismo si la película tiene un millón de espectadores —como lo hizo— como si no acude ninguno a verla. O sea, la taquilla para mí no significa nada. Eso en otro contexto uno lo puede entender, ¿no? Esta escena por qué está, ¡ah!, para que la gente vaya al cine, pero a mí ni se me ocurre, porque no le veo ni pies ni cabeza. Si recibiera un diez por ciento de taquilla, la gente pudiera decir: «Este sí es un bicho, que lo que quiso fue meter siete desnudos en la película para que la gente vaya corriendo a verla, aunque sea por eso nada más, y después le dan el diez por ciento de la recaudación» pero bueno, a este país no ha llegado eso todavía.

Los desnudos son causas mías, o sentencias mías, a partir de la manera que yo quería que algunos personajes se relacionaran entre sí. Por ejemplo, Silvia no tenía ningún desnudo, porque ella está en otro mundo. O sea, hay mundos y mundos para los desnudos, pero realmente te confieso que no le dedico mucho tiempo a romperme la cabeza de si llevan ropa o no. Es una cosa que a la hora de escribir siento que no puedo ponerla en primer lugar, porque hay otras más importantes que esa. Lamentablemente, cuando vas a contar una comedia en noventa minutos, siempre tienes más espacio para unos personajes y menos para otros.

Me hubiera gustado mucho contar la historia de David-Diego, por ejemplo, a pesar de que la relación parte de una broma, pero potencialmente ahí había otra película, o sea, esa relación de amor entre dos hombres, que en el cine cubano es casi inexistente. Está el precedente de Fresa y chocolate, pero más como amistad que como historia de amor. Me hubiera gustado si en vez de ser una película hubiera sido un serial, dedicarle mucho espacio a esa relación. Los momenticos en que nos asomamos a ella —son personajes muy episódicos— te das cuenta que ahí existía material dramático para hacer tremenda historia. Ese es el precio que hay que pagar y yo prefiero pagarlo.
Me gusta que la gente se queda con ganas de ver, que es lo que yo trato siempre de que me pase cuando voy al cine, que la película me deje con cosas por dentro para que, después que se acabe, seguirla después en mi casa, con todo lo que no dijo la película, pero yo se lo pongo de mis vivencias y mis pensamientos. Y aquí uno siente que se le quedan, no al ciento por ciento, pero advierto que tienen que ver con el tiempo que uno tiene para dedicarlo a cada personaje. La relación de Julio con su hija puede ser una película, la de Julio con Silvia pudiera ser otra. Son películas truncas que uno, de alguna manera, tiene que engarzarlas junto con la historia de Julio. Siempre quisimos que Julio fuera el centro de la historia, pero que todos los personajes tuvieran un conflicto, y sí lo tienen, mayor o menor, pero todos lo tienen.

Eso, cuando estás escribiendo, es que te das cuenta lo difícil que es, porque uno siempre se divierte mucho enredando la pita, pero cuando ya tienes que empezar a ponerte un poquito más serio, y que cada cosa no vuelva a su lugar —porque no tiene ningún sentido contar historias para que todo vuelva a su lugar, porque eso es muy moralista— no dejar ningún cabo suelto, y aunque sea una información muy remota, la gente pueda saber qué le pasó a cada personaje, puesto que todo el mundo quiere saber qué pasa con cada cual de los que desfilan por la historia, y eso sí, yo siento que a la película le faltó espacio.

En Adorables mentiras recuerdo que nos pasó lo mismo con el personaje que interpretaba Miguel Gutiérrez, que era un funcionario corrupto, y siempre se nos quedó como la historia de Miguel Gutiérrez, porque era un personaje trágico finalmente, porque no robaba porque era ladrón, sino porque le hacía falta el dinero para mantener a la mujer que tenía, y entonces había que entenderlo como ser humano, o el director de cine tipo Julio del Toro, sin talento. Eso era otra película también. Entonces recuerdo que escribimos la primera versión del guión, que tenía como 200 páginas. Espero que Senel algún día escriba esa novela, y sé que si la va a escribir va a ser extraordinaria, porque se quedó una cantidad de material enorme para hacer un buen libro con eso, pero al final la película tenía que tener cien minutos, no podía tener tres horas, porque la comedia sí tiene eso. Tiene un tempo, que si la gente empieza a aburrirse, te fastidiaste.

Se dice que Perfecto amor equivocado no lleva las cosas hasta las últimas consecuencias, que van ocurriendo pequeñas acciones que no se desarrollan suficientemente...

Rodaje de Perfecto amor equivocadoSabíamos que era así, sino tienes que hacer un serial, o sea, ocurre en cualquier película que tenga hora y media o dos horas, y ya una comedia de dos horas me parece una locura. Vamos a pensar en Woody Allen, el paradigma de la comedia contemporánea, el mundo de él es así. Hay personajes que halan la historia y otros que van detrás, y entonces tú tienes que decidir cómo jerarquizas. Yo prefiero que la gente se quede con ganas de saber, o sea, que no se atiborre con los personajes, pero vuelvo y repito, es la manera que tú decides cómo vas a contar la historia, porque también la película podía ser más coral, y cada cual tener un espacio mayor y otros menor, ¿te das cuenta? En Perfecto amor equivocado están Julio, Silvia y Míriam, que son los que halan ese tren, son las locomotoras que halan los vagones, y el resto de los personajes van detrás, pero pudo ser al revés. Si la película se hubiera contado desde la hija de Julio, o desde Ana, sería otra película y no esta, y serían las historias de ellos halando la locomotora, pero esa fue la que le dimos nosotros. Cada cual ya la acepta o no.

De la sexualidad, de los temores y de la indecisión, ¿qué estaciones quedan al final?

Creo que sobre todo la indecisión, o sea, de la gente que no quiere tomar decisiones.

¿Volvemos a Hamlet otra vez?

Puede ser. Hay un chiste que Silvia dice en la película, pero no fue una cosa deliberada realmente, o sea, de que es Hamlet el que te estaría mintiendo, pero es un poco en el caso de Julio, ¿no?, una persona que le cuesta trabajo decidir, y de pronto hay otros que empiezan a decidir por él. Y eso en la vida es muy acomodaticio, es también el virus, la rutina y la muerte de los seres humanos. Siempre es más fácil que alguien decida por uno y te lo ponga en bandeja. Pero no, la vida es otra cosa, y esos personajes pasivos dan mucha guerra también porque no solamente cuando un personaje no genera acción dramática, sino que los demás la generan por él, te da mucha guerra a la hora de escribirlo también. Pero eso también fue deliberado. Julio, que piensa que tiene el mundo en la mano, el Julio de inicios de la historia, con hija, mujer, amante, segunda amante, de pronto sin que se dé cuenta, le empiezan a serruchar el piso, y cuando viene a ver, está en el infierno.

Fuimos lo suficientemente generosos con Julio para sacarlo del infierno, lo metimos en otro, pero para él es el mejor de los infiernos, y bueno, es un poco la operación que uno quiere que la gente compartiera. Por eso el final es tan sorprendente. Eso sí me consta, que nadie se lo imagina, porque todo el mundo lo que hace es gritar cuando ve a David entrar por esa puerta.

Descriptor(es)
1. CHIJONA, GERARDO, 1949- - CINEASTAS CUBANOS