FICHA ANALÍTICA

Presencia cubana en el Festival de Mar del Plata
Castillo Rodríguez, Luciano (1955 - )

Título: Presencia cubana en el Festival de Mar del Plata

Autor(es): Luciano Castillo Rodríguez

Fuente: Revista Cine Cubano On Line

Número: 3

Año de publicación: 2006

Cientos de personas colmaron el hermoso Teatro Colón, una remozada edificación que data del año 1923, en el homenaje tributado por la vigésimo primera edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata a la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV). El certamen, que se celebró entre el 9 y el 19 de Marzo en esa ciudad argentina, es uno de los más importantes dentro de los 12 festivales internacionales competitivos «Clase A» reconocidos por la Federación Internacional de Festivales Cinematográficos, y el único en esta categoría dentro de América Latina. El Festival, presidido desde hace dos años por el cineasta Miguel Pereira, se propuso continuar con la búsqueda de la riqueza cultural y artística del universo cinematográfico internacional y, especialmente, latinoamericano.

El cineasta argentino Fernando Birri, al dirigirse al público luego de una prolongada ovación, relató las circunstancias que condujeron a la materialización de ese sueño compartido durante tantos años por creadores de todo el continente, de contar con un lugar para la formación de las nuevas generaciones de cineastas. El director de clásicos del cine latinoamericano como Tire dié y Los inundados —y que estrenara recientemente su nueva obra, ZA05: Lo viejo y lo nuevo—, evocó la frase que cerraba el Acta de Nacimiento de la Escuela de los Tres Mundos: «Larga vida a la utopía del ojo y de la oreja».
La productora Dolly Pussy, quien integrara el cuerpo docente de esta institución cuyos fundadores nunca pensaron que alcanzaría veinte años, entregó una placa conmemorativa a Antonio Rodríguez, representante de la EICTV, y se refirió al surgimiento y abrupto cierre de la Escuela de Cine de Santa Fe, creada por Birri a fines de los años 50; al Festival de Viña del Mar, que resultó tan importante para impulsar la consolidación del movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, y a la creación del Comité de Cineastas de América Latina, todo ello como antecedentes del fenómeno de San Antonio de los Baños, calificado por algunos como «el pueblo más filmado del mundo».

Los asistentes recibieron con entusiastas aclamaciones la selección de ocho cortome-trajes documentales y de ficción producidos por la Escuela a lo largo de estas dos décadas. En competencia participó el cortometraje Cinema Árbol (2005), del graduado colombiano John Jairo, que causó una grata impresión en el público por la sensibilidad y el fino sentido del humor. Similares tributos por los veinte años de esta institución emprendieron los festivales de Guadalajara, Cartagena y Ceará.

Como una ráfaga de aire cálido y fresco irrumpió Viva Cuba, de Juan Carlos Cremata —uno de los primeros egresados de San Antonio— e Iraida Malberti, escogida para la sección oficial en concurso del certamen. En medio de una selección dominada, hasta el momento de su proyección, por películas interminables, desbordantes más de pretensiones que de logros, y una progresiva tendencia al tedio como denominador común, la película que representó a Cuba fue muy bien recibida por el público que reaccionó constantemente ante las situaciones de la trama y hasta en determinados diálogos.

La Sala Astor Piazzola del Teatro Auditórium, sede principal de las obras en competencia, colmó su capacidad (1000 espectadores), que ovacionaron al final de la exhibición y se apresuraron para dirigirse a la salida, hacia los ordenadores situados para ejercer el voto electrónico. El reputado cineasta argentino José Martínez Suárez (Dar la cara), a quien rindió homenaje el Festival con una retrospectiva de su obra, afirmó al salir que, además de considerar excelente la película, era «lo mejor que se haya visto en el Festival», criterio compartido por no pocos de los presentes.

El Diario del Festival publicó una reseña promocional del filme en la que el autor expresó: «El binomio de cineastas imprime a la película un ritmo desenfrenado y una estética moderna y heterogénea, en la que encuentran lugar para incluir animaciones».

Que el filme mexicano Noticias lejanas, de Ricardo Benet, se alzara luego con el máximo galardón, el Astor de Oro, en la clausura del certamen, en una irregular selección oficial que incluyera nada menos que El arco, del sudcoreano Kim Kiduk, no evidencia la pujanza del nuevo cine mexicano, sino la controvertida decisión del jurado oficial, bastante dividido, por cierto. De los 18 títulos seleccionados para la competencia, nadie, absolutamente nadie, podía imaginar que el premio a la mejor película le fuera destinado a este acercamiento tarkovskiano a la realidad, tanto en el campo como en las ciudades aztecas.

El Astor de Plata al mejor director fue entregado —en otra polémica decisión— al portugués Marco Martins, por Alice, —laureada también con el premio de la FIPRESCI—, que aborda la obsesiva rutina cotidiana de un padre para localizar el paradero de su hija desaparecida. El premio especial del jurado fue para la cinta germana A la manera de Molly, de Emily Atef, que sigue el itinerario de una joven irlandesa decidida a encontrar al polaco que le hizo pasar una noche inolvidable. Mirar a ambos lados, una reflexión sobre la muerte, realizada por la australiana Sarah Watt, mereció los galardones al mejor guión y a la mejor actriz (Justine Clark), cuando todos esperaban que fuera entregado a la protagonista de la espléndida cinta iraní Café Transit, de Kambozia Partovi, la gran favorita de la crítica para el principal reconocimiento del jurado y a la que fue asignada la insuficiente segunda mención, aunque la Asociación de Cronistas Argentinos le otorgó su lauro.

El actor norteamericano William H. Macy nunca tuvo oponente a la altura de su extraordinaria labor como el hombre anodino que, súbitamente, revela su violenta naturaleza en Edmond, dirigida por Stuart Gordon, todo un especialista del cine de horror, a partir de una sólida obra teatral de David Mamet. El Astor de Plata al mejor largometraje iberoamericano fue compartido por Cine, aspirinas y buitres, del brasileño Marcelo Gomes y Derecho de familia, sobrevalorado título del argentino Daniel Burman, en torno a un abogado en búsqueda de su identidad, que se alzó además con el premio otorgado por SIGNIS y el del público. Una primera mención fue para el filme Quédate conmigo, de Eric Khoo (Singapur), integrado por varias historias sobre el amor, la esperanza y el destino, que se entrecruzan y se pierden entre ellas. El excelente cortometraje Medianeras, de Gustavo Taretto (Argentina), recibió muy merecidamente el premio en su categoría, además de numerosos reconocimientos no oficiales y de patrocinadores.

La decepcionante superproducción norteamericana El nuevo mundo, de Terrence Malick (¡la historia de Pocahontas narrada por el director de La delgada línea roja!), tuvo que conformarse con un premio no oficial a Emmanuel Lubezki por la fotografía, único rubro destacable en un filme que no logra captar la atención del espectador a lo largo de 135 infinitos minutos.

La decisión dividida y muy sorpresiva del jurado no eclipsó, de todos modos, la brillantez de un Festival que muchos consideran como el mejor realizado desde 1996 en que resurgiera este certamen en Mar del Plata, a escasos metros del lugar escogido por la poeta Alfonsina Storni para perderse entre las olas.

Descriptor(es)
1. ESCUELA INTERNACIONAL DE CINE Y TELEVISIÓN (EICTV), SAN ANTONIO DE LOS BAÑOS, CUBA