FICHA ANALÍTICA

Viña del Mar 67, entre la ira y los sueños
Ramos, Alberto (1957 - )

Título: Viña del Mar 67, entre la ira y los sueños

Autor(es): Alberto Ramos

Fuente: Revista Cine Cubano On Line

Número: 10

Año de publicación: 2008

Lo primero que salta a la vista en Los años de la ira. Viña del Mar 67,(1) volumen editado por el sello de la Casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en ocasión del cuarenta aniversario del I Encuentro de Cineastas Latinoamericanos (Viña del Mar, 1-8 de marzo, 1967), es la ausencia de toda pretensión nostálgica o laudatoria, una de las trampas más frecuentes en que incurren los proyectos «conmemorativos».

Alfredo Guevara, fundador del ICAIC y una de las figuras claves del Nuevo Cine Latinoamericano, y el periodista y profesor universitario Raúl Garcés, han optado por una aproximación más discreta y estimulante: documentar aquel momento excepcional, donde se consagró la emergencia de un nuevo cine de identidad continental, desde los hechos y las voces mismas que lo convirtieron en historia.

En la apasionada introducción a cargo del chileno Miguel Littin (El chacal de Nahueltoro), otro de los fundadores del movimiento, aquel califica a Viña del Mar de espacio profético, abierto a toda una generación de artistas que por primera vez se afirmaba como latinoamericana, asimilándose a la vanguardia de la cinematografía mundial y del pensamiento revolucionario e intelectual de los sesenta (Sartre, Fanon, la literatura del boom) para alumbrar una obra asombrosamente multiforme y rabiosamente imperfecta, forjada en el fragor del combate político, la denuncia de una realidad de hambre, violencia y olvido seculares, y el imperativo de rescatar y reivindicar la grandeza de la cultura popular latinoamericana. Una verdadera revolución en el cine que acompañó a un continente estremecido por vientos de revolución, cambiando el espejismo enajenante del estudio por la trágica realidad del suburbio, el sertão, la pampa, la selva y la sierra.

«Una cámara en mano y una idea en la cabeza», la imagen autosuficiente de la cámara-arma empuñada por los cineastas-combatientes se convirtió en emblema de aquella década convulsa, de los que fueron, como concluye el propio Littin, «los años de la ira».

La foto de portada resume el espíritu libertario de esa época espléndida y vertiginosa: un joven se empina hasta lo alto de un muro para dejar, allí donde la luz se impone al silencio y a la sombra, la consigna enardecida: «liberdade». Sorprendido de espaldas, en gesto desafiante, la cámara muestra su figura anónima y vulnerable, a la que las ásperas texturas en blanco y negro imparten un extra de romántica urgencia. Entre la recia, afirmativa verticalidad de la composición y el tiempo implacable de la cámara se disponen los créditos, que al cerrarse sobre la imagen parecieran destinados a apropiársela, preservándola de toda contingencia en nombre de la posteridad.

En su primer capítulo, Los años... recoge la documentación más relevante generada por el I Encuentro de Cineastas Latinoamericanos.

Quedan comprendidos, entre otros, la relación de filmes presentados (ordenada por países), las actas de premiación de los jurados, las resoluciones aprobadas –que marcarían la agenda de trabajo en los tiempos por venir– y los llamados «informes» de las cinematografías nacionales (Brasil, Cuba, Chile, Argentina y Uruguay), con los cuales se inaugura una práctica de rescate, valoración y reflexión en torno a la prehistoria e historia del cine latinoamericano que prefigura empeños ulteriores de mayor ambición y resonancia.

El tono se vuelve más personal en el capítulo siguiente, estructurado a partir de un amplio dossier de entrevistas realizadas a los participantes, la mayoría de las cuales apareció en el número 42-44 de Cine Cubano, dedicado al Nuevo Cine Latinoamericano. La sección abre con las declaraciones de Aldo Francia, presidente del Festival y principal animador del Encuentro –a quien está dedicado el libro–, a las que siguen las respuestas de Jorge Cedrón, Eliseo Subiela, Edgardo Pallero, Eduardo Coutinho, Carlos Diegues, Geraldo Sarno, y Mario Handler, entre otros creadores cuyas carreras despegaban por aquel entonces bajo el signo renovador del Nuevo Cine. Sus testimonios aportan una nota de humanidad, ajena a la retórica negociada de las resoluciones, que da cuenta de las enormes expectativas despertadas por el Encuentro, en su formulación del cine latinoamericano como proyecto cultural de la izquierda, enmarcado en la utopía colectiva de una gran patria continental. Las intervenciones trascienden, sin embargo, la nómina de quienes se hicieron presentes en Viña, prolongándose hasta otros que, como Glauber Rocha y Paul Leduc, compartían el espíritu iconoclasta del Nuevo Cine.

Especialmente feliz es la inclusión de un fulgurante texto de Rocha publicado apenas tres meses después del Encuentro. «Cine de la valentía», que así se titula, es una hermosa diatriba que arremete contra la miopía paternalista y el conservadurismo de la crítica europea, incapaz de avistar –más allá de los avances y retrocesos eventuales que marcan a toda obra singular–, la emergencia de otras poéticas indóciles que, como en el caso del Nuevo Cine Latinoamericano, se desmarcaban de una hermenéutica acotada en la tradición cinematográfica occidental.

Dado que el Encuentro inauguró una vigorosa cultura de intercambio y confrontación que lograría sobreponerse a golpes de Estado, dictaduras, exilios y desapariciones, hasta renacer plenamente en La Habana con el I Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de 1979, el segmento siguiente, dedicado a Viña del Mar 69, resulta del todo consistente con esa noción de continuidad reivindicada por el movimiento como una de sus conquistas más perdurables. Téngase en cuenta, además, que el apogeo del Nuevo Cine se ubica precisamente en el trienio 67-69, coyuntura en que aparece un puñado de títulos considerados hoy día clásicos, desde Tierra en trance hasta La hora de los hornos, hecho que, a falta de otras razones, vuelve imprescindible la referencia in extenso al festival de 1969.

Algo similar en términos de coherencia y significación puede argumentarse, veinte años después, respecto al homenaje que el Festival de La Habana rinde en 1987 a Viña del Mar 67. De esto se ocupa el cuarto capítulo, conformado por otra serie de intervenciones en las que, inevitablemente, la perspectiva acusa el paso del tiempo (Guevara, Saraceni, Berú, Subiela, Francia, Alves Netto y Kohon son apenas algunos nombres de una larga lista) y que cierra finalmente con un texto leído por Littin en el seminario convocado a la sazón por La Habana.

Por último, un anexo incluye valoraciones de la prensa cubana, argentina y uruguaya alrededor de ambas ediciones de Viña del Mar, de las cuales se intercalan, además, sendos testimonios fotográficos al final de los correspondientes capítulos.

¿A quién, podríamos preguntarnos, va dirigido en última instancia este libro, tan confiado a la pura elocuencia de los hechos, tan ejemplar en su lealtad a la palabra que hace historia como ajeno en su austeridad a cualquier pretensión festiva? La clave, a juzgar por las palabras de Alfredo Guevara en la presentación, está en las generaciones presentes y futuras:

En esta hora, incitando a la nostalgia, no puedo menos que terminar la introducción, que no he podido ni sabido convertir en recuento, rindiendo homenajes sin nombres, y sin citas, a los que han sido audaces y antirrutinarios, a los que quisieron serlo; y sobre todo a los que lo son hoy, con su obra, con sus proyectos. Y aun con sus sueños. Ellos, los depositarios de la imaginación poética, lo son también de cuanto hizo y puede hacer «Nuevo», al «Nuevo Cine Latinoamericano», a nuestro «Movimiento».

NOTA:

(1) De Alfredo Guevara y Raúl Garcés, comps., publicado por Ediciones Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana, 2007.



 



Descriptor(es)
1. NUEVO CINE LATINOAMERICANO - HISTORIA

Web: http://www.cubacine.cult.cu/sitios/revistacinecubano/digital10/cap07.htm