FICHA ANALÍTICA

Solás en el vórtice del melodrama
Lezcano, José Alberto (1935 - )

Título: Solás en el vórtice del melodrama

Autor(es): José Alberto Lezcano

Fuente: Revista Cine Cubano On Line

Número: 14

Mes: Abril - Junio

Año de publicación: 2009

En arquitectura, las líneas rectas son el resultado de técnicas artesanales aparentemente poco complejas. Dependen ante todo del dominio de la plomada, el cordel, la regla y la escuadra.

La estética de Humberto Solás no se mueve en líneas rectas. No responde a instrumentos familiares. No se aferra a la gramática de las imágenes según los dictados del orden a toda costa, del equilibrio formal contra viento y marea, de la armonía trabajada con cincel en el horno del cálculo y el cerebralismo.

¿Poeta del desorden? Y a mucha honra. Es el desorden que nos asalta desde esas pinturas que nos hacen escuchar la respiración del artista mientras sostiene la paleta y desde esas partituras que nos entregan sin rodeos el latido íntimo de un compositor. Más que desorden, transfiguración. La Lucía decimonónica (la enamorada, la romántica) baila en su dormitorio y este baila con ella, pero su réplica oscura (la engañada, la sufriente) comparte con un vasto escenario su locura y su angustia. Su Cecilia huele a veces a monte calcinado y en ocasiones despide el aroma de un jardín salvaje. Amada es la timidez y el azoro, pero pronto reacciona contra los demás y contra sí misma, henchida de una luz humildemente posesiva.

Más que transfiguración, exasperación. La búsqueda a quemarropa de identidad y posición en Manuela, la decisión de avanzar en la segunda Lucía, el retorno a las raíces en el protagonista de Miel para Oshún, son otras vueltas de tuerca en el dilema humano de llegar y definirse o fracasar en el intento.

Solás entendió desde sus inicios que, aun cuando el arte no es un silogismo, sabe apelar a los pensamientos para alcanzar sus metas. Creyó firmemente en la capacidad de la imagen en movimiento para traducir conflictos, colisiones, carencias y deformidades. Su repertorio de fantasías verídicas y realidades fantásticas devino sistema de juicio y valoraciones. Conjugó el mito, la historia y la pasión, tan desnudo en sus propósitos como sincero en sus resultados. Abrazó sin reservas los estallidos sentimentales y las desmesuras del melodrama, pero siempre en función o al servicio de una óptica que apuntaba hacia horizontes mucho más confiables y significativos que los del típico folletón de buenos y malos: su Barrio Cuba, obra que ostenta uno de los más sólidos conjuntos de actuaciones en el cine latinoamericano de los últimos tiempos, fue su final ajuste de cuentas con el melodrama y, al propio tiempo, otro punto de mira en la forma de articularlo.

Humberto Solás dejó su huella. Y lo hizo sin despreciar las líneas curvas, esas que no se logran con plomada, cordel, regla y escuadra.

El melo y sus coartadas

Isabel Santos, actriz de "Barrio Cuba".A estas alturas, nadie puede negar que el melodrama es, en el cine de nuestra América, una de sus columnas básicas. Ha sobrevivido el siglo y se proyecta hacia las veredas del futuro. Fue embestido durante largas décadas por la actitud perdonavidas de ámbitos oficiales, la falta de recursos y la competencia del folletín abrigado en Hollywood por presupuestos gigantescos y estrellas deslumbrantes. Sobrevivió al napalm de sus detractores de oficio, las radiaciones de la crítica refinada y los crematorios destinados a quienes, en determinado momento, se negaban a imitar la Nueva Ola francesa, el distanciamiento a lo Antonioni y los temores metafísicos a lo Bergman, pobres pecadores que persistían en desenvolver, una y otra vez, conflictos sobre madres solteras, criaditas engañadas, prostitutas irredentas, bastardos que se vengaban de viejas humillaciones en el último rollo, y rivalidades amorosas entre hermanos. Contra todo pronóstico, los melodramas muestran su rostro cada año como el ave fénix de la leyenda y cabalgan, con mayor o menor empuje y a veces con el temor de caer, frente a la arrogante armadura de espectáculos con respaldo multimillonario y mercado sin trabas. Desperdigados a lo largo y ancho de la pantalla continental, los melo de la región –en sus logros vitales– han puesto el dedo en la llaga de distintas fallas sociales y, no pocas veces, les han exigido puntuales soluciones para los problemas que plantean, demanda que suele olvidarse cuando los padres de las criaturas se nombran Steven Spielberg o Martin Scorsese: la crítica, ya se sabe, también tiene heridas en su capa de ozono.

Por otra parte, no hay que ocultar el hecho de que el melodrama ha sentido muchas veces la necesidad de defenderse contra ciertos simpatizantes. El género puede ser siempre el mismo, pero no lo mismo. Separar la paja del grano es tarea que exige visión crítica, lo que implica sentido de la perspectiva, conciencia del cambio, buena dosis de objetividad razonable y, sobre todo, una mirada muy atenta a la evolución y madurez artística de los sobados géneros. La especificidad melodramática de Solás lo aleja años-luz del relato sentimentaloide y vacío que predominó en el cine cubano de la República, como lo distingue también de la mayoría de los realizadores que funcionaban en la llamada «edad de oro» del celuloide mexicano y argentino. Y ya se impone aclarar que no toda la explicación de esa diferencia radica en la pertenencia a épocas diversas. Hoy mismo, un buen número de cineastas latinoamericanos, tan ajenos al paso del tiempo como el indolente Rip Van Winkle, que regresó a su pueblo tras una dormida de veinte años, sigue ejercitando, sin mínima voluntad de cambio, las más viejas fórmulas de antaño. Contra el calco irresponsable, el realizador de Lucía redimensiona la química del melo, desarticula lúcidamente sus mecanismos y recompone artísticamente sus postulados. En este terreno, no hay duda de que participó en una corriente renovadora que, en la faz del continente, ha incluido, entre otros creadores, al mexicano Arturo Ripstein, a la argentina María Luisa Bemberg, al peruano Francisco Lombardi y al brasileño Carlos Diegues. Frente al naturalismo como adorno, la autenticidad del tono. Contra los personajes de cartulina, criaturas que respiran y se mueven de manera creíble. Contra el esquematismo y la banalidad, honduras analíticas y equilibrio entre los fines y los medios.

El cine de Solás, en su mejor forma, no renuncia a la mirada subjetiva, pero sabe apuntalarla con detalles muy objetivos. En Lucía, los abanicos arropan sonrisas cómplices y guiños disimulados. En Un hombre de éxito, el desplome del advenedizo sobre la gran mesa burguesa adquiere el carácter de una premonición. En Cecilia, el desenlace va creciendo en tintes fantasmales, como augurio de la tragedia. En Barrio Cuba, el abrazo erótico de los protagonistas teje un agudo contrapunto con la imagen religiosa que la mujer invoca con un movimiento de los labios.

Raquel Revuelta en « Lucía 1895…».Solás obedece a una óptica realista, pero no se desprende de la metáfora poética ni confunde la ficción con el simple documentalismo. Domina el fluir del tiempo: sabe comprimirlo hasta extremos asombrosos, pero acepta dilatarlo cuando la situación lo reclama. En su obra, la llamada intriga es un vehículo antes que una esencia: sugiere más de lo que muestra. Sus finales arrastran preguntas: ¿Qué curso siguieron las relaciones de la tercera Lucíay su machista compañero cuando la pantalla cerró su historia? ¿En qué nuevo círculo de fuego se enredaron los personajes de Un día de noviembre? ¿Hasta qué punto serán sensibles y marcarán rumbos en el Roberto de Miel para Oshún la accidentada peregrinación y el reencuentro con sus raíces? Solás funde escenarios y personajes en una correspondencia afortunada y transita sin dificultad de la timidez al desenfado, de lo sencillo a lo complejo. Su rúbrica es un acto de puro malabarismo: cuando parece aletargarse adopta de pronto la agilidad de una pantera o la fuerza de un rayo. Cuba y su cine quedan unidos para siempre.

Descriptor(es)
1. CINE CUBANO
2. CINEASTAS CUBANOS
3. SOLAS, HUMBERTO, 1941-2008

Web: http://www.cubacine.cult.cu/sitios/revistacinecubano/digital14/cap01.htm