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Fernando Pérez, habanero, cineasta y cinéfilo apasionado
Sánchez, Martha
Título: Fernando Pérez, habanero, cineasta y cinéfilo apasionado (Entrevistas)

Autor(es): Martha Sánchez

Publicación: Prensa Latina ; Agencia Informativa Latinoamericana

Descripción: 6 páginas

Idioma: Español

Formato: Digital

Fernando Pérez conmueve al mundo a través del cine. El laureado director cubano se reconoce como cineasta pero al mismo tiempo un cinéfilo no contaminado por la profesión pues considera que ha vivido tantas vidas como películas ha visto.

El director de Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, La vida es silbar y Suite Habana, entre otras cintas, conquistó el Colón de Plata a la mejor dirección artística, en el Festival Iberoamericano de Huelva, España, por José Martí: El ojo del canario, su más reciente largometraje.

 Hombre de fe, humilde, inquieto, interesado en hacer un cine que se comunica con el espectador emocionalmente y luego le deja una reflexión, Fernando, de 66 años, todavía busca elementos que le sorprendan y lleven por caminos distintos.

Más de una vez se ha preguntado por qué hace cine, y la respuesta la encuentra casi a diario según me cuenta. El disfrute de poder expresarse y descubrir por sí mismo le motiva a crear. Me recuerda que comparte la perspectiva de David Lynch quien decía que el cine es capaz de expresar lo invisible.

Para Fernando no todas las emociones que una historia provoca son narrables con palabras, sin embargo el cine puede expresar emociones que no están ni clasificadas.

-¿Desde cuando le atrae el cine?
«Desde niño para mí el cine es una pasión como espectador, si a mí una película me atrapa, me la creo y me voy con ella como cualquier otra persona. Después empiezo ya a ver el montaje y otros aspectos, pero me ocurre que me dejo llevar por la emoción, si me emociona su historia y estética».

 -¿Por qué siempre Cuba en la mira de sus creaciones?
«Porque soy cubano, me nutre esta realidad. Es lo que he vivido, lo que me mueve. Aquí es donde siempre me siento creativo. Yo he filmado fuera, estuve una vez en Chile e hice varios capítulos para una serie televisiva que me gustó mucho hacer, y una vez filmé en Moscú un documental del ICAIC, pero realmente es aquí donde me motivo, tal vez por un proceso de identificación que es lo que lo nutre a uno. Son mis obsesiones, mi mundo de vivencias».

-Más allá de las carencias materiales, ¿qué factores influyen en el que el cine cubano contemporáneo no esté a la altura del cine de otras épocas?

«Ese análisis nunca lo he hecho, lo que sí he constatado es que a partir de los años ‘90 el cine cubano perdió su dinámica, es evidente, la perdió por razones históricas, es decir, la crisis económica y social que vivió el país. Y realmente el resultado negativo de esa etapa es que la generación joven que iba a eclosionar en aquel momento, porque venía ya desde los años 80 prometiendo un gran boom del cine, fue sacrificada por la historia, se perdió. Muchos jóvenes emigraron, otros se quedaron aquí pero no pudieron hacer cine en su momento. Por otro lado, hay que reconocer que la industria cinematográfica sobrevivió. Eso fue un milagro. En otro país, con otro sistema social, la industria de cine hubiera desaparecido en las condiciones económicas de Cuba en aquella época, en ese período especial. Sobrevivió por la inteligencia de algunas personas del ICAIC que lucharon por encontrar salidas. No obstante, el balance final fue que el cine cubano perdió la dinámica porque se deprimió la producción. Se hicieron algunas películas significativas pero no constituyó un movimiento, digamos».


-¿Y el momento actual cómo lo definiría?
«Hoy aunque las condiciones no son tan distintas porque de alguna manera en aquel momento se tocó fondo, y ahora no es que se haya salido totalmente de la crisis, pero nace un fenómeno nuevo que tiene que ver con la tecnología. Hay una nueva generación que no tiene que esperar por la industria para poder expresarse y hay un cine independiente que comienza a dar frutos. No hablo de un futuro promisorio sino de una realidad presente que seguirá creciendo y es lo que le devuelve, para mí, la dinámica al cine cubano. Hay obras imperfectas, hay desigualdades, y hay piezas que siempre sorprenden. Ahí es donde yo siento que está ese río turbulento que marcha hacia una nueva vitalidad del cine cubano que todos queremos».

-¿Se refiere a una nueva generación de realizadores?
«Los jóvenes también tienen que comenzar a expresarse. Es como una carrera de relevo. Es cierto que a veces por la precariedad con que ellos tienen que trabajar sus películas a veces no logran las facturas, pero hay otras que sí que como propuesta artística están mucho más allá de lo que puede ser una película hecha en la industria. Sin hacer generalizaciones, ahí es donde está la verdadera dinámica, a la cual incluso yo quisiera incorporarme, para probar. Me interesaría muchísimo hacer una película independiente, tengo varios proyectos en la cabeza y creo que uno de ellos lo voy a hacer sin la industria. A ver qué pasa. Esta nueva realidad del cine cubano yo la veo dinámica, no veo que el cine ahora esté con serios problemas. Los tiene como cualquier otro, y no es que sea más fácil para los jóvenes filmar, pero ya no es tan difícil como antes».

-¿Qué artes le han inspirado como realizador?
«La música, la literatura, la pintura. No soy de ir a los museos pero las artes plásticas me atraen mucho. Hay cuadros que a veces los miro y los vuelvo a ver porque realmente me comunican algo. A veces incluso los utilizamos como referentes visuales para recrear atmósferas en las películas. También muchos libros que he leído me provocan imágenes o me mueven a crear paralelos cinematográficos, y la música, no es que yo sepa mucho de música, pero a veces escuchando algo mientras escribo me inspira un ritmo determinado para cierta atmósfera dentro de una situación dramática. Me pasó, por ejemplo, con La vida es silbar; pues la idea me surgió escuchando una música de Philip Glass. Yo estaba en Chile, trabajando para un serial de la televisión chilena y ya tenía ganas de regresar a Cuba, estaba un poco triste, y puse aquella música que es de percusión y va muy in crecendo, y escuchando eso me vinieron varias imágenes de gente que trataba de llegar a un lugar y no llegaba, y la angustia de llegar. Ahí surgió la imagen del final de La vida es silbar, donde los personajes quieren llegar a un punto y no llegan o llegan tarde, que era como una metáfora de la búsqueda de la felicidad. El punto de partida fue esa música de Philip Glass que después recreamos con Edesio Alejandro. No usé la misma pero a mí me hubiera gustado utilizarla».

-¿Cuál ha sido el premio más importante que ha recibido?
«El del público en la calle, y el público cubano es realmente muy especial. Los premios por supuesto que me gustan pero yo no hago películas para ganarme premios, es decir, no las hago pensando en eso. Mira, Memorias del subdesarrollo, que es una cinta extraordinaria, nunca se ganó un Oscar. ¿Por qué? Por toda una serie de circunstancias de la época, pero es una película que merece todos los premios del mundo. Hoy es reconocida pero pudo haberlo sido en su momento. Y eso te da la medida de que un premio más o uno menos no determina. Para mí lo valioso es la relación con el público».

-¿Qué características debe tener un actor para trabajar con usted?
 «Con el tiempo, yo diría que uno de los aspectos de mi labor que más me gusta es trabajar con los actores. Primero, no me considero un director de actores, me gusta trabajar con ellos porque el trabajo del actor depende mucho de las emociones, y con el tiempo he aprendido que las emociones no se dirigen. Quien lo pretenda está yendo por el camino erróneo. Uno tiene que tratar de compartir esa emoción con el actor. Con el tiempo, he aprendido también que hay dos grupos grandes de actores: los que pueden aplicar una técnica, y aquellos que más que la técnica aplican una cierta intuición que es la identificación emocional. Ambos son buenos, interesantes. Uno tiene que dominar esto para poder encontrar una solución de trabajo con un actor. Siempre digo que el actor es el dueño de su trabajo. Yo lo que trato es de inspirarlo, de que la chispa de la hélice creativa y emocional se prenda. Después, cuando yo digo acción, el actor es el que se dirige a sí mismo. Lo logra o no lo logra, y cuando ves que sí uno comparte sensaciones y emociones muy fuertes. En Cuba, existe una cantera de jóvenes actores extraordinaria, que se entregan con un desprendimiento, por el simple hecho de poder actuar. Yo le agradezco mucho a los actores jóvenes lo que le han aportado a mis películas».


-Usualmente, involucra en sus creaciones a Raúl Pérez Ureta en la dirección de fotografía, a Edesio Alejandro como compositor musical, a Erick Grass en la dirección artística.

«Soy intuitivo, muchas veces yo he sentido que las cosas salen porque la vida me las dio, no porque yo las hubiera planificado. Y en esa energía creativa en la que participan Raúl, Erick, Edesio, hay muchas cosas que han salido porque así tenían que salir y no porque las hubiéramos calculado. Esos son regalos de la vida. Por ejemplo, en Suite Habana salimos a la calle y de pronto algunas cosas estaban allí, nosotros solo las filmamos. Y en otras películas también me ha sucedido lo mismo. Hay un título de un filme en inglés: Someone to much over me. La traducción sería Alguien está velando por mí, o Alguien me cuida. Y a veces yo siento que hay algo que lo cuida a uno cuando está haciendo una película, y lo ayuda a encontrar».

-¿Cuál es su lugar ideal?
 «Mi casa, donde quiera que esté. Yo vivo en un edificio de la calle Infanta desde 1999. Allí tengo un apartamento pequeñito pero que tiene una vista de toda la Habana y me vino a la mente cuando me preguntaste. De pronto me fotografié, un flash, y me vi en la ventana mirando La Habana».

 -¿Usted nació en la capital?
«Sí, en Guanabacoa. Hay una película argentina, de Adolfo Aristaín llamada: Un lugar en el mundo. Y cuando la vi, que me gustó muchísimo, me dije: mi lugar en el mundo es La Habana. Por muchísimas razones, espirituales, cotidianas. A mí me gusta viajar, es muy lindo, porque descubres nuevas realidades, pero siempre siento la necesidad de volver. Y cuando llego y camino por aquí, siento: esto es lo mío. Gabriel García Márquez decía que cuando uno viaja llega primero el cuerpo y tres o cuatro días después el alma, el espíritu. Eso es verdad. Cuando uno va al extranjero eso se queda atrás y tres días después llega y te sientes mejor. Sin embargo, cuando yo regreso a La Habana, llego en cuerpo y alma, no tengo que esperar nada porque está aquí, el alma está aquí».

-¿A qué proyectos se entregará Fernando Pérez en el futuro?
«Estoy trabajando en tres ideas. Una es otra película histórica, un proyecto que está bastante avanzado y me interesa la historia. Aborda un hecho real de a principios del siglo XIX, que constituyó el juicio más escandaloso de la historia de Cuba. Enrique Faver, aparentemente un médico suizo que se estableció en Baracoa y se casó, hizo parte de su vida aquí y de pronto se descubrió que Enrique era Enriqueta, una mujer que había tenido que hacerse pasar por hombre para poder ejercer la medicina. No es el proyecto que yo quisiera hacer de inmediato porque acabo de haber una película histórica y me gustaría ahora trabajar en una película más contemporánea como son los otros dos proyectos que tengo. Uno es Nocturno, que usaría como tela de fondo el popular programa de radio, y otro es un guión que está avanzado pero hay que desarrollarlo todavía. Me lo propuso Abelito, un muchacho que trabaja en un banco y le encanta escribir guiones, me había entregado varios y este yo sí siento que es una historia, bastante complicada, que me gustaría contar. Le voy a poner un título simpático: Chupa pirulí. Después se sabrá por qué, es un título que parece de comedia pero la historia es bastante dramática. Está ubicada en el barrio de Los sitios, ocurre solo en dos o tres locaciones, se puede filmar con cámara en mano, ese es un proyecto que ojalá pueda terminar y hacer lo más pronto posible».

-¿Alguna vez piensa en el tiempo?
 «A mí me encantaría vivir tres mil años, por simple curiosidad. Imaginarme un mundo dentro de tres mil años y que uno no esté, mhum... Pero a lo mejor estamos, de otra manera, no sé, al menos confío en eso. Si me voy quisiera volver».


Ubicación: REF - INT

Web: http://multimedia.prensa-latina.cu/App_Files/TextFile/fernandoCineasta.pdf

Descriptor(es)
1. CINE CUBANO - PEREZ, FERNANDO, 1944-
2. CINE CUBANO - ENTREVISTAS

Película(s) asociada(s) a este fondo
- Madagascar
- Suite Habana
- Hello Hemingway
- Clandestinos
- Madrigal
- José Martí: El ojo del canario
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