FICHA ANALÍTICA

Sazón de febrero Reflexiones tras la VI Muestra de Nuevos Realizadores.
Caparó, Gabriel (1974 - )

Título: Sazón de febrero Reflexiones tras la VI Muestra de Nuevos Realizadores.

Autor(es): Gabriel Caparó

Fuente: Revista Cine Cubano On Line

Número: 6

Año de publicación: 2007

Sazón de febrero Reflexiones tras la VI Muestra de Nuevos Realizadores.

 La VI Muestra Nacional de Nuevos Realizadores es historia. Se aleja en un fade lentísimo que estremeció El Vedado entre el 20 y el 25 de febrero, con una avalancha de propuestas audiovisuales que demuestran la seria pujanza de la generación nueva. Esta vez, también demuestran que las aproximaciones hacia los espacios polémicos y desatendidos de nuestra realidad —presentes en cada edición del evento, aunque con más fuerza desde hace dos o tres años— ya no son un afán aislado, ni una casualidad: son un hecho. Existe una prole de cineastas jóvenes que está dialogando con la sociedad, exhibiendo sus preocupaciones desde el arte.

Ante todo, sorprende la afluencia de público que se alcanza. Más de una vez, la sala Chaplin estuvo colmada. Es evidente que ya se reconoce y se espera la Muestra como un acontecimiento que no solo exhibe el cine más joven realizado en la isla, sino que lo analiza, lo debate. De hecho, uno de los sucesos más inesperados ocurrió en una de las sesiones de debate: hubo que trasladar al público hacia un local más espacioso donde se discutieron las propuestas. Imagino el regocijo de los organizadores del evento.

Nuevamente, pudieron apreciarse películas con los más variados tratamientos: dramas y comedias, descripciones de la actualidad, sátiras y metáforas, tragedias y lirismos, elaborados sarcasmos, pasatiempos y críticas, vuelos filosóficos, ironías y diversiones. Cada obra, con mayor o menor logro. No es este un espacio que ofrezca el arte en su cota más sublime —aunque lo sueñe—, sino que toma el pulso a la incipiente creación, para discutir sus rumbos, para conocer la temperatura creativa de quienes harán el cine cubano en un futuro. Este es un festival abiertamente propositivo: cineastas y público proponen juntos; incluso, deciden juntos.

Yo pasaba por aquí buscando una maceta. No la encontré, pero me alegro muchísimo de haber entrado por primera vez a esta sala y de haber conversado con todos ustedes sobre las películas que vimos esta tarde».

Así terminó la intervención de una mujer que opinó sobre tres obras en debate. ¿Quién era esta mujer? No lo sé, y tampoco importa mucho. Una cubana que pasaba. Para ella también se hace esta Muestra. Eso sí importa.

Esta vez, en la sección competitiva se presentaron treinta y tres obras realizadas por cuarenta realizadores jóvenes de seis provincias del país. Es notable la predilección por el documental, con veintitrés materiales concursantes; ante la presencia de solamente seis ficciones y cuatro animaciones. En este desbalance, influyen, claro, los costos de producción. Los documentales, por lo general, no necesitan grandes equipos de realización, ni escenografías, ni iluminaciones, ni ensayos. Es preocupante que se desatiendan los cortos de ficción, que se descuide el fascinante oficio de hilvanar una historia al antojo del creador. Muchos creen que los documentales tampoco necesitan un guión que parta de cero. Creen que el tema encontrado se considera un empujón suficiente que escribe por sí solo la historia; entonces se dejan seducir por la anécdota exhibida y aspiran a que ella por sí sola seduzca al público. Cuidado. De ahí al aburrimiento hay un pequeñísimo paso. Y otro paso igual de corto hacia el olvido.

Es preciso desterrar ese prejuicio y exprimirse el ingenio. El tema de una película por sí solo no es suficiente emisor de un discurso: el emisor debe ser el cineasta. Se debe construir un tratamiento a base de intensidad, drama, manejo sensorial, transgresiones. No basta conocer los códigos del cine: hay que dominarlos, jugar con ellos, experimentar con ellos, reinventarlos.

El guión —tema al que se dedicó una mañana de reflexiones— sigue siendo un quebradero de cabezas. El cine cubano está lleno de excelentes ideas que no llegan a convertirse en buenas historias. Entonces, desde los comienzos, hay que ensayar terapias para conectar a los nuevos realizadores con la arquitectura de una ficción. Bienvenida la abundancia de sus documentales, que develan una realidad por lo general silenciada en los medios, pero es preciso animarlos a sumergirse, además, en el mágico proceso de fantasear. La Muestra tuvo una fabulosa iniciativa al convocar a un concurso de guiones para ficción, pero desafortunadamente, quedó sin ganador. He ahí el síntoma.

Mostradas propuestas

Este año, con agrado, encontramos documentales como Invierno, de Roberto Renán, una mirada forastera al mundo rural, con exquisita factura —fotografía y edición de lujo— donde la cámara se pasea sin mayores intervenciones, ni entrevistas, para apoyar la tesis de que las estaciones verdaderamente habitan en el alma; o De generación, de Aram Vidal, interesante acercamiento a un grupo específico de jóvenes habaneros, donde se pretende exponer sus preocupaciones sobre la realidad.

También Buscándote Havana, de Alina Rodríguez; una estremecedora y muy aplaudida mirada a las condiciones de vida en varios asentamientos periféricos de la capital, donde habitan emigrantes de otras provincias, mayormente orientales. Pese a su corta edad, la realizadora se lanza al tema con, al menos, dos encomiables intenciones: la necesidad de un enfoque sistémico —aquí es aún ingenuo, pero estimable— al abordar cualquier problemática; y el empleo de una variedad de discursos, sin temer a las contradicciones entre ellos, que expongan múltiples opiniones y enfoques existentes. El mérito es doble, cuando conocimos, justamente en la tarde del taquillero debate, las penosas condiciones de hostigamiento a que fue sometido el equipo de realización, por parte de las autoridades que debieron apoyarlo.

 Sandra Gómez en Las camas solas, atestigua la evacuación de un ruinoso edificio de la capital, ante el inminente azote de un huracán. Aplausos para la sutileza formal de esta obra con la cual se teje progresivamente una formidable intensidad.

Abro paréntesis para reconocer cuán estimulante resulta la creciente asistencia de realizadoras a la Muestra. Definitivamente, este debe ser un buen augurio para la futura presencia femenina en el cine cubano. Talento sobra y ha sobrado por décadas, sin que se haga justicia de género detrás de las cámaras. Cierro paréntesis con el reconocimiento a la formidable labor de Valeria López en el sonido del documental Model Town, dirigido por Laimir Fano, que repasa la nostalgia de una comunidad, con una encomiable demostración de cómo hilvanar un discurso con destreza desde cada una de las especialidades, sagazmente orquestadas.

Durante estas seis jornadas, se presenciaron otros interesantes materiales como La cuchufleta, documental de Luis Ángel Guevara Polanco: abordaje en tono divertido hacia una iniciativa personal en una comunidad de montaña, que permitió una básica electrificación de más de cien viviendas. En la misma línea de organización espontánea ante los problemas cotidianos está Protectoras, de Daniel Vera, documental que constituye toda una estremecedora lección ante la indiferencia que se torna habitual. Son alentadoras estas miradas hacia una sociedad viva, dinámica, que pondera al ciudadano activo frente a sus problemas, que prefiere la innovación alternativa antes que cruzarse de brazos en espera de la solución paternalista, que muchas veces demora.

Encontramos también documentales como Coro de ciudad, de Luis Leonel León —un recorrido por la 9na Bienal de Arte Contemporáneo (2006) y por la Habana—, y 72 horas, de Jeffrey Puente, material que se sumerge en los carnavales de Candelaria (Pinar del Río), para enfocar las excepciones, más que la norma en este tipo de fiestas.

 Monteros, de Alejandro Ramírez, con una de las más logradas facturas vistas aquí, nos presenta una visión inusual de la Ciénaga de Zapata, y nos entrega esa necesaria lección de que ante un entorno violento, es preciso siempre enfatizar la humanidad. Por otra parte, Timbalito, de la debutante Annette Pichs —una obra que desdibuja las fronteras entre el documental y el video clip— se regodea en una dualidad discursiva con un estupendo empleo de la ironía.

 En cuanto a las ficciones, se destaca el largometraje Personal Belongings, opera prima de Alejandro Brugués, que aborda con éxito el tema del amor imposible, a partir de dos personajes enredados en la telaraña de la emigración, cada uno a su manera. Al final… bueno, mejor no contarlo ahora: persíganla y entérense. Con una fotografía de campeonato y una magistral edición, el estreno de Alejandro como realizador —lo vimos en la Muestra anterior como guionista de Frutas en el café (2005)— es un promisorio avance de lo que podría regalarnos en el futuro.

El cortometraje de ficción Gozar, comer, partir, de Arturo Infante, está compuesta por tres historias en las que parodia, con su habitual sarcasmo, situaciones de la vida cotidiana. Estamos ante un filme que pretende inclinarse más hacia su Utopía (2004), antes que a sus otros intentos, menos logrados. Completan la escasa lista de ficciones Stand by, de Carlos Machado; Frutos amargos, de Susel Benavides; Como gotas de ilusión la verdad se escurre, de Luis Gárciga y Órbita, de Asori Soto, un veterano de estas lides que ahora nos sorprende con una insólita propuesta.

 Hombres verdes, de Yimit R. González, resaltó como una excelente animación, donde en una sencilla fábula cíclica, y con una hábil exhibición técnica, se presenta el drama de la tenacidad humana. Con más destreza técnica que sustancia por contarnos, vimos animaciones como Patricia y Golosito, de Rayner Valdés; Jurassik Cube, de Yimit González; Erpiromundo, del conocido Ernesto Piña.

Así, desfilaron ante nosotros más de tres decenas de películas donde queda dibujado el panorama actual de la más joven cinematografía cubana. Un año donde se constata salud, ímpetu y madurez en las miradas. Que así sea siempre.

 Cada una de estas películas es una escuela para las que vendrán. Mucho se agradece que no estén enmarcadas en una única manera de contar, sino que se balanceen en la pluralidad más desprejuiciada. Si algo pondero de casi todas, es que se pretendan como un desafío a la indiferencia, un buen intento de sacudirnos a base de picante, de abrirnos los ojos para que nos preguntemos qué podemos hacer como seres sociales en el arduo camino de solucionar nuestros problemas. Si debe objetarse algo en común, sería la impericia general para evidenciar propósitos: sin una sinopsis esclarecedora, algunos de estos materiales son confusos, a veces desconcertantes. Hay que abrazarse fieramente al tema central de una obra, y no permitir que las supuestas apoyaturas dramáticas sean todo lo contrario: una distracción, un contratiempo.

Un mundo donde caben muchos mundos.

Es reconfortante palpar cómo el evento crece. Hace un año, estas mismas páginas referían cómo las ansias expresivas de los materiales —sobre todo los documentales de la Muestra anterior— recordaban las ediciones del Noticiero ICAIC Latinoamericano. En uno de los espacios de debate de esta edición, un cineasta cubano opinó que aquella formidable serie podía considerarse dignamente relevada por estas nuevas miradas a la Cuba actual. Ahora solo resta que el arte del relevo sea exhibido. ¿Podría hacerse, tras cada Muestra, una exhibición por todo el país de las obras destacadas? ¿Podrían programarse estos documentales, ficciones y animaciones —algunos tienen sobrada calidad para ello— junto a los largometrajes habituales en nuestros cines? Pienso que sí, puede y debe hacerse. No solo como premio al tesón juvenil, sino como política cultural que suscriba el arte que también se hace en nuestro país y para todos nosotros. Ya en los meses posteriores al evento, hemos visto que se mueve el cine joven por las salas de la capital. Enhorabuena.

A medida que aumenta la edad de un concurso, es preciso adecuar su convocatoria a las demandas que impone el entorno creativo. La Muestra no ha sido excepción. Es estimulante que su proceso de adaptación ha optado por ser inclusivo, más que restrictivo: lo demuestra el creciente ingreso de nuevos realizadores a esta fiesta del cine. Si el lente es cada vez más amplio, estará garantizada una variedad de miradas, de formas de hacer, de criterios.

Nuevamente siento una ligera discrepancia con los premios de esta edición, mucho menor que la vez anterior, eso sí. Y es que ahora —aunque felizmente sí se destacaron obras que exponen y reflexionan críticamente sobre nuestra realidad— se optó por premiar en las categorías a verdaderos maestros del cine cubano.

Es admirable que veteranos de nuestra industria aparezcan en varias de las obras que se vieron aquí. No alcanzarán lauros para reconocer su continuo acercamiento a las nuevas generaciones, lo cual sería una envidiable escuela para cualquier joven realizador de cualquier lugar del mundo. Entiendo también que son justos los reconocimientos desde que, en efecto, son trabajos impecables. Y no es porque les sobren premios (creo que se sentirán orgullosísimos de contar con estos de ahora), sino porque prefiero que los aplausos le hagan honor al nombre mismo de la Muestra y estimulen a los jóvenes que se aventuran en este camino. El signo de la Muestra debe ser el incentivo.

 Alguna vez los que aquí concursan, no solo conocerán: sino dominarán los códigos del cine; no serán ya advenedizos, sino consagrados. Entonces podrá otorgárseles el premio a la obra perfecta. Ahora el premio debe ser otro: un reconocimiento a la osadía, al abordaje del arte aún con un arsenal imperfecto, pero dispuesto a ser empleado a fondo.

Y para terminar

Estupenda la decisión de incluir un pequeño taller sobre el documental, impartido por el experimentado cineasta Enrique Colina. Si desde años anteriores se revelaba una meritoria inclinación de los más jóvenes hacia el documental, pero con evidentes carencias formales, nada mejor que un impulso educativo de este tipo, y lo demuestra la amplísima demanda y asistencia que pudo verse en las aulas. Habría que proveer similar atención hacia las ficciones. Sobre todo, ante el pobre panorama que pudo apreciarse este año. La Muestra no debe quedar como una isla, como hecho anual al que acudimos para renovarnos la sorpresa del cine joven. Deberían trazarse puentes que conecten las obras con otros espacios de formación, exhibición y confrontación, en otros momentos del año y en varios lugares del país.

Desde enero pasado, quienes hacen posible la cultura cubana han exhibido madurez y plenitud para desenvolver un tenso, pero honesto debate sobre nuestro pasado, presente y futuro. La opción mejor para el país no ha de ser el repliegue silencioso hacia el cotidiano triunfalismo habitual, que tanto nos estruja el ánimo. La más saludable opción para el país será la de mantenernos despiertos al diálogo incansable con la sociedad, que nos haga atender con denuedo nuestros problemas, no con una mirada meramente descriptiva, sino además propositiva, constructiva, dispuesta.

No es un descubrimiento del ahora, pienso, ni una iluminación puntual. Es el resultado de un largo camino que nos ha conformado como sociedad adulta, que no necesita esperar más para pensarse y hablarse a sí misma.

Asimismo, este espíritu de análisis pleno, que atestiguamos en las seis jornadas de febrero, no es un desborde crítico de ocasión, ni un repentino pataleo, ni una movida oportunista para ensayar el griterío; este espíritu es la maduración de un largo proceso educativo que ha tenido como bandera el arte que postula su derecho a la opinión plena. No es nada nuevo en los cines de febrero: se ha practicado año tras año en las Muestras, y ahora se exhibe crecido ya, sin ninguna mojigatería, ni temor al apetito de intercambio que provoca.

Hoy podemos mirar atrás y entender el espíritu reflexivo de hoy como un cauce facilitado por este evento, que madura cada vez más y va dando sus frutos: una generación de creadores y público dispuesta a dialogar y pensar nuestra realidad con toda la pasión que requiere ese acto de honestidad. Bienvenido sea, bienvenido siga siendo. Gracias a la Muestra.




Descriptor(es)
1. CINE CONTEMPORANEO
2. CINE CUBANO
3. CINEASTAS CUBANOS
4. FESTIVALES CINEMATOGRAFICOS
5. FESTIVALES DE CINE
6. MUESTRA DE NUEVOS REALIZADORES, LA HABANA, CUBA

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