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La memoria sigue viva
Aray, Edmundo (1936 - )
Título: La memoria sigue viva (Prólogo)

Autor(es): Edmundo Aray

Idioma: Español

Fuente: Un lugar en la memoria: Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano 1985-2005

Páginas: 7 - 8

Formato: impreso - digital

En marzo de 1967 se celebró en Viña del Mar (Chile) el Festival  Cinematográfico, en su V edición, y el I Encuentro de Cineastas Latinoamericanos. Eventos de enorme significación en la historia de la cinematografía del continente y del Caribe. Un auténtico acontecimiento: permitió verificar la eclosión de un nuevo cine latinoamericano que se manifestaba de manera singular en la formidable carga expresiva de las películas de Brasil, Argentina y Cuba, y, al mismo tiempo, evidenció la causa común de los cineastas, dígase la defensa de las cinematografías nacionales emergentes, de su debido espacio en las pantallas, el enfrentamiento a la acción desnaturalizadora de la metrópoli imperial, la búsqueda urgente de nuestra identidad  y la defensa de la soberanía. Conciencia plena de la  «reafirmación de nuestros pueblos y de sus más legítimas aspiraciones».

Aquel Primer Encuentro en Chile dio lugar a la creación del Centro Latinoamericano del  Nuevo Cine: originaria fuente del Comité de Cineastas de América Latina (C-CAL), que adquiriera personalidad definitiva en septiembre de 1974, en la ciudad de Caracas, a un año del sacrificio de Salvador Allende y de la implantación fascista en la patria Araucana. El C-CAL  surgía militante y aguerrido, a tomar partido contra  las dictaduras que cerraban el paso «a la reconstrucción bolivariana y de nuestra gran patria dividida» —como afirmara en su acta constitutiva. Se trataba de participar junto al pueblo, como parte umbilical de él, en la lucha por la liberación nacional y la descolonización cultural. Propósitos firmes, sustanciales, definitorios.

Los años posteriores fueron de recias batallas, de cruentas derrotas y significativas victorias. Crecía nuestro cine. Afianzaba sus búsquedas. Aumentaba su caudal imaginario. Sorprendía por su ímpetu y su espíritu renovador. Robustecía su capacidad de denuncia. En el agitado territorio de las luchas sociales, las dictaduras cedían ante el avance sostenido del pueblo. Por galardón ciudadano: la democracia representativa, el ejercicio a medias de la soberanía. Los cineastas registraban las deserciones, los denuedos, los alumbramientos. Sus películas daban constancia  de los hechos. Con el crecimiento de las aspiraciones populares y sus nuevas, indeclinables refriegas, la afinada estrategia de los cineastas dirigida a profundizar en el lenguaje propio y, consigo, universal; orientada a impulsar leyes de fomento a la producción y protección  al autor y a las incipientes industrias cinematográficas nacionales; el  fortalecimiento de los gremios, la generación de movimientos cine clubistas y de redes alternativas de difusión, la generación y preservación de archivos fílmicos; normas de comercialización, fondos financieros de fomentos, coproducciones, acuerdos bilaterales y multilaterales; la exigencia, aún irrealizada, del establecimiento de un mercado común. Tarea ingente la de los cineastas, de magnos logros, también de numerosas postergaciones.

El C-CAL, instrumento de lucha de carácter continental, acompañaba y estimulaba los objetivos y tareas planteados. En el mismo proceso, acaso infundido en aquel sueño de un Centro Latinoamericano del Nuevo Cine, delineó la arquitectura de un organismo que sirviera de base al desarrollo institucional y fuera  cimiento de una Escuela de Cine (hoy EICTV) inspirada en la Escuela de Santa Fe que erigiera Fernando Birri. Una escuela de visión ecuménica, pero de carácter integrador: latinoamericano,  caribeño, iberoamericano. 

Y es así como en abril de 1985 C-CAL resuelve la creación de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Y el 4 de diciembre de ese mismo año,  en medio de las jornadas  del VII Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, se firma, en la Casa de las Américas, el Acta de constitución de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL). Su Presidente: Gabriel García Márquez.

Una institución para  trabajar en aras de la integración del cine regional, de lograr un universo audiovisual común y de cooperar en la lucha por rescatar y afianzar la identidad cultural de América Latina y el Caribe. Con palabras de García Márquez: «Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado.»  También dijimos entonces que el Comité de Cineastas y la Fundación eran «banderas en el frente del proyecto bolivariano y martiano: la patria única de la América Meridional». Hoy, por cierto, con el mayor regocijo, asistimos al alba luminosa de su florescencia.

Veinte años han transcurrido de aquella memorable fecha, muchos han sido los sueños cumplidos, muchos los acontecimientos que guardamos en nuestra memoria como recuerdos vivos y muchos, son también, los proyectos que tenemos para el futuro. La Fundación permanece desde aquella fresca tarde abierta, con sus amplias puertas y ventanas, para todos los cineastas de nuestro continente. Este primer volumen de MEMORIA es el testimonio de la actividad cumplida y  la que comienza a gestarse. Con su elaboración hemos constatado aciertos y desaciertos, voluntades propiciatorias y altas demostraciones de solidaridad. Corresponde pues a los lectores, como ha correspondido a quienes participaron y participan de la existencia de este espacio siempre encendido, la valoración justa y necesaria.      

EDMUNDO ARAY
La Habana, septiembre de 2005.



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