La tigra, Chaco, Cine con emoción
Por Sergio Zapata
Con el espacio como lugar genérico de la creación, los directores Federico Godfrid y Juan Sasiaín componen el relato de La Tigra, Chaco. Para realizar un sueño, el de una película hecha con amor.
En este sentido -tras el modo de producción de La Tigra, Chaco, rodada con la complicidad y participación de la población de La Tigra, en el Chaco argentino, donde se desarrolla la trama, con la única participación de dos actores profesionales de Buenos Aires –este filme supone un ejemplo de posibilidad sólo realizable con el compromiso de todo el equipo de rodaje y de la población involucrada.
Cada plano de la película, que tiembla sobre un endeble trípode, destila la obsesiva búsqueda de perfección, no compositiva sino dramática de los directores que arriesgan todo por una puesta en escena naturalista en desmedro del preciosismo (casi siempre vacuo) que interroga a la mirada y no a las emociones. Es así que ésta película resitúa la emoción desde el desvelamiento del amor, ya sea como promesa, que surge entre los personajes, y el desarraigo y desampara del protagonista, que nos guía a su terruño y a la vez a resolver algunas dudas.
Este principio tan simple como efectivo, alguien que busca, que va descubriendo las cosas en un lugar que ya no le es familiar, y que tiene a la duda como un fantasma, logra propiciar un clima de total empatía con los actos presentes en la película, anulando cualquier forma de distanciamiento.
Este milagro de película por extraña como por extraordinaria no posee movimientos de cámara, no opta por artilugios narrativos o artificiosas situaciones emotivas, sino que se sirve de planos sencillos que con su contundencia en un relato unidireccional construyen una unidad conmovedora y ejemplar sobre la posibilidad de hacer cine con amor.
(Fuente: Cinemascine.net)