“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
Cerro Bayo se articula a partir de un relato coral que no presenta fisuras narrativas desde ninguno de sus ángulos, Galardi trabaja con una estructura que se asemeja al típico guión de hierro que impuso Hitchcock en donde se nota que no hay cabida para la improvisación y cada escena está cronometrada hasta en su más mínimo detalle.
Con claras referencias al cine indie norteamericano como Historias de familia (The squid and the wale, 2005) o Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006) el film retrata la disfuncionalidad pero sin caer en lo cliché. La coralidad de la trama no se narra con historias que se cruzan sino que lo hace a partir de los personajes de una familia que deambulan independientemente el uno del otro pero que como en toda familia en algún momento se encontrarán.
La no utilización de música incidental para provocar un efectismo innecesario es uno de los tantos logros que el film posee. Serán sólo tres momentos claves en donde la música entrará en acción y su aparición se justificará por sí sola siendo funcional al relato.
Desde lo actoral el filme encuentra el casting perfecto gracias a la construcción de personajes de los que uno no se siente alejados. Sin perder el humor pero sin caer en el grotesco cada uno transmite a través de la pantalla los sentimientos propios de sus seres. Adriana Barraza le pone el tono justo a esa mujer resignada que se contrapone con la desesperación del personaje de Verónica Llinás o la inocencia banal que transmite Eugenia Alonso. Inés Efron le brinda el toque de humor mientras que Nahuel Perez Biscayart logra darle la dosis justo a ese chico que lo aleja de lo freak que lo caracteriza habitualmente.
Cinematográficamente hay que destacar el meticuloso trabajo fotográfico de Julián Ledesma creando los climas justos que Cerro Bayo necesita, sin caer en la estilización visual logra un naturalismo atípico en este tipo de producciones.
Cerro Bayo es una de esas historias que combina el cine de autor que apunta no sólo a una élite privilegiada o un público festivalero. El cine de Victoria Galardi podría compararse con el de Lucrecia Martel pero más abierto, más popular. Estamos frente una de las mejores películas que el cine argentino nos dio en mucho tiempo, gracias al trabajo de una directora que encontró la medida justa para combinar los ingredientes necesarios que hacen a la excelencia.