“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
Más que un sueño yo llamaría a El Cobrador un producto del imaginario colectivo que liga los problemas personales de cada quien con los problemas económicos, políticos o culturales de cada uno con el bombardeo de imágenes y de temas violentos a los que estamos sometidos o de buscar soluciones a los problemas a través de la violencia, donde el caldo de cultivo hacia la violencia está dado.
No hay más que leer el periódico, o sea, no es un tema que esté descubriendo, aunque es algo de lo que se habla poco. Se habla de la violencia un poco para calificarla o para simplemente informar del algún hecho violento en alguna parte, pero las razones de este aumento brutal de la violencia actual en todo el mundo no se vuelve un tema de reflexión.
La intención de la película era un poco provocar eso, es decir, que el espectador se lo replanteara, como un thriller pero que al final se le diera como una sacudida y se lo tuviera que repensar un poco y que tuviera que rearmar el rompecabezas en función, no de descubrir quién es el asesino, sino el de descubrir cuales son las causas de que todos los personajes que hay en la película sean asesinos.
Supongo que el cine ha tenido —desde el momento en que hubo una batalla de Hollywood contra el planeta y la ganó Hollywood— un aumento en ser considerado como entretenimiento, lo cual no está mal, pero durante un período incluso dejó de ser plural. Hubo una época que parecía hacia dónde iba el cine, que con mucha facilidad empezabas a ver películas brasileñas, japonesas, australianas y de todas partes del mundo y eso sería lo bueno de la globalización. De pronto eso bajó brutalmente al grado que hizo que desaparecieran las cadenas de arte y ensayo en Francia y afectó a la misma producción. Empezó por el final, pero afectó al principio.
Cuando digo el final quiero decir que también el público ha sido sometido tanto a esa presión que tiende a buscar un lenguaje y temática norteamericano para la narrativa cinematográfica, aunque el tema sea el que sea y el país productor sea el que sea. Afortunadamente un poco gracias a lo digital y otras razones, esto está superándose y vuelve a empezar el cine con una cierta pluralidad.
Yo no creo mucho que el cine pueda proponer soluciones de nada. Creo que el cine puede cuando mucho hacer reflexionar a los espectadores y somos nosotros como público quienes tenemos que buscar las soluciones en nuestra vida real, en la vida cotidiana, política, cultural y económica. En ese sentido, eso se intenta con Cobrador, pero no puedes ir más allá.
He estado tanto tiempo sin hacer cine porque hay muchas otras cosas que se pueden hacer en la vida y que no son películas, entonces me harté un poco de hacer películas porque como cineasta latinoamericano tienes que andar de un lado para otro buscando productores y eso es un tipo de vida que me llegó a aburrir, entonces pensé que tampoco era una 'manda', como se dice en México".