“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
El guionista y director chileno, Miguel Littín, quien es homenajeado en la Tercera Muestra de Cine Contemporáneo Chileno que ocurre en Argentina, con una retrospectiva de su filmografía. Littín es parte de una generación que destacó, “siempre vio al cine de América Latina como un solo cine, sin diferencias con los cineastas argentinos”.
“Nos sentimos muy ligados”, dijo, al tiempo que evaluó que “situaciones como ésta, ayudan y contribuyen a que desde la Patagonia se proyecte hacia el resto del continente, esa necesidad, ese deseo, esa voluntad y vocación de integración”. Para Littin “el cine de América Latina no tiene otra posibilidad para existir sino integrándose”, toda vez que, “nuestros mercados son mercados cautivos, son verdaderos enclaves coloniales, y ninguna película se puede financiar en su propio territorio por ejemplo, lo que coarta la posibilidad de expresión, por lo tanto es una necesidad imperiosa la integración, para poder existir”.
Ante este panorama, el director evaluó que “es un deber histórico de las autoridades, de integrar la América Latina a través de un mercado, un espacio común del cine de la región, en el puedan verse las películas de argentinos, chilenos, brasileños, peruanos, bolivianos”, ya que advirtió que “hay millones de espectadores en la región y sin embargo apenas tenemos acceso a ellos”.
Littin ubicó no obstante a la Argentina en un momento de vanguardia, por la legislación que le otorga un momento de privilegio que no tienen otros países, y con una cantidad de producción, y de talentos jóvenes que surgieron, “que no solamente han llegado a los festivales latinoamericanos, sino a los del mundo, y han seducido a través de sus actores, sus actrices y del talento de sus creadores, a los públicos europeos, como el español o el francés”.
Sin embargo evaluó que, “sigue siendo necesaria la integración fuerte de los latinoamericanos”, y explicó su presencia como una forma de contribuir aunque sea de una forma muy modesta para hacer una cinematografía poderosa en la región, “para que algún día, o más temprano que tarde, esa situación se de porque es una necesidad imperiosa”.
Una estética inconclusa
Littin ha dedicado mucho esfuerzo y mucho trabajo a sus producciones, y espera que al público de esta muestra, les gusten tanto como a él le ha gustado hacerlas. La primera programada para hoy a las 21, El chacal de Nahueltoro fue realizada hace casi 40 años, ha sido proyectada en todas partes del mundo, y muchos cineastas reconocen en ella a una de las películas angulares del llamado nuevo cine latinoamericano, junto con otras obras de autores como Pino Solanas en nuestro país.
El director explicó que “eso fue el primer momento, el primer impulso hacia una cine latinoamericano caracterizado con una estética inconclusa”, según definió, “porque nuestras vidas, nuestras situaciones, nuestras historias sociales son historias inconclusas, cuando estamos a punto de cerrar un ciclo, hay un rompimiento, viene otra cosa, nuestra historia está marcada por esta impronta y nuestra estética también”.
De Los Náufragos que era exhibida anoche, contó que “fue hecha veinte años después del regreso a Chile, de vivir un larguísimo exilio”. “Fui uno de los últimos chilenos que entró, siendo cineasta”. Littin confesó que como todas las películas que hizo, le gusta mucho, si bien admitió que, “es una película muy dolorosa, muy solemne”, al punto que proyectándola en Buenos Aires, “un amigo argentino se me acercó, le pregunté si le gustó la película, porque no me decía nada, y me dijo: cómo me va a gustar un funeral”.
Es que se trata de una película que habla de los desgarros, de lo que significa volver al lugar que uno ha idealizado como patria después de tantos años, y que aseguró, “tiene que ver tanto con nuestra historia”.
En cuanto a La última luna dijo que “es un filme insólito en América Latina, porque sale de sus escenarios, por razones que son del exilio, por las que he filmado en México, en Venezuela, en Francia, en Italia, y siempre dije que la patria de los cineastas es el lugar donde filma sus películas”.
Filmada en Palestina, hablada en árabe y en hebreo, es la historia de dos amigos que en 1214 comienzan a construir una casa en las montañas de Judea. Para Littin esta selección que hizo Alarcón de su filmografía, “es representativa de la producción de un tipo como yo que lo único que ha hecho siempre son películas de combate, porque vivimos en tiempos de combate, de transición, y el cine se puede hacer de muchas formas, pero ese fue el que me eligió a mí y ha determinado mi destino”.
En cuanto al cine en tiempos de democracia, Littin afirmó que “la gran censura en América Latina no es la censura oficial de los papeles, sino la del no hay, no hay material virgen: no hay recursos, no hay aquí, no hay allá”.