“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

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  • God’s Neighbors


    God’s Neighbors, del israelí Meni Yaesh, violencia y orden (religiosa) en las calles de Bat-Yam

    God’s Neigbors, escrita y dirigida por el israelí Meni Yaesh, presentada en competición a la Semana de la Crítica, que aspiraba a la Cámara de Oro del Festival de Cannes, aborda el complejo y siempre renovable triángulo temático religión-violencia-sexo. Yaesh (31 años), en su corto Eliko (2008) ya había rodado la historia de un joven judío de Bat-Yam dividido entre la religión y las noches hedonistas de Tel-Aviv, vuelve al mismo decorado suburbano para contar la historia de tres amigos que no dudan en recurrir a la violencia para garantizar que sus vecinos se comportan según la orden y la moral de la religión. Esta especie de misión terrena que une a los tres jóvenes queda patente desde las primeras escenas de la película, tan esplendorosas como contradictorias: el líder del grupo, Avi (Roy Assaf), reza en su habitación, pero minutos después se mete en una lucha con un grupo de jóvenes que están bebiendo y escuchando música tecno en la calle. En su pelea le ayudan sus amigos Kobi (Gal Friedman) y Lugassi (Itzik Golan). Este comportamiento, algunas veces en forma de violencia física, otras en una versión ligeramente más suave de amenazas e insultos, se reproduce al largo de la película con diferentes blancos: los comerciantes que no cierran en el sabbat, el vendedor ambulante de DVD eróticos, los árabes de Jaffa y Miri (Rotem Ziesman-Cohen), una nueva vecina cuya falda es demasiado corta.

    De hecho Miri, en su supuesta rebeldía, será el desencadenante de la transición de Avi, quien empieza a cuestionar su comportamiento y el del grupo. Sin embargo, Yaesh retrata ese posible cambio de su protagonista con sutileza y sin caer en la fórmula poco creíble del amor puro que detona la redención; sobre todo, porque el amor no está en el centro de la película. En mitad de peleas varias, la idea que pasa es que esa violencia casi cotidiana no es más que una sublimación de la frustración sexual de los personajes; una frustración manipulada y enraizada en un contexto asfixiante donde la religión, en su versión fanática pero socialmente aceptada, es un camino del que es difícil escaparse.

    God’s Neighbors, coproducida entre Israel (Transfax) y Francia (Bizibi), en asociación con el Israel Film Fund, se rodó en menos de un mes y forma parte del catálogo de ventas de la parisina Rezo World Sales.


    (Fuente: Cineuropa.org)


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