“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

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  • Puños de la nación: Lo panameño en pantalla grande
    Por Betty Brannan Jaén

    Yo me acuerdo perfectamente de la noche en que Roberto Mano de Piedra Durán ganó el título mundial de peso ligero. Era junio de 1972. Esa noche, colocamos el televisor más grande de la casa (de blanco y negro, por supuesto) en el centro de la sala y toda la familia se reunió a ver la pelea, incluso mi abuela —muy avanzada en edad y para nada fanática del boxeo. Ninguno de nosotros lo era; yo misma, desde entonces, jamás he vuelto a afanarme por ver un evento pugilístico.

    Pero esa noche, hasta nosotros nos habíamos contagiado del gran entusiasmo que el país sentía por Mano de Piedra, a quien recuerdo —en su juventud— como un hombre guapísimo, con un magnetismo salvaje que francamente echaba chispas. Creo que todas las jovencitas del país estábamos de acuerdo en eso; imposible negarlo. Bueno, la pelea comenzó y nosotros, cuando no estamos comiéndonos las uñas, gritábamos "¡dale, Durán!" y cosas por el estilo. La única excepción era una tía inglesa —muy querida, por cierto— que inicialmente pensó que su deber anglosajón era remar por el adversario de Durán, el escocés Ken Buchanan. Ella se pasó los primeros rounds gritando "¡go, Buchanan", pero a la mitad de la pelea se rindió al tsunami pro-Durán y comenzó a gritar en su acento inglés, pero en español, "¡pégale, Durán, pégale!". Todos nos reímos y enseguida le servimos un trago doble.

    Mano de Piedra triunfó esa noche y pocos días después regresó al país, donde lo recibieron con el equivalente panameño del ticker-tape parade que hacen en Nueva York cuando los Yankees ganan una Serie Mundial. El país se paralizó; Panamá tenía muchas ganas de celebrar algo y ese algo era Durán.

    Todo aquello lo reviví recientemente al ver el documental Los puños de una nación (The Fists of a Nation), que se presentó aquí como parte del Festival Anual de Cine Latinoamericano. El filme, dirigido y producido por Pituka Ortega-Heilbron, me gustó muchísimo. Encontré que ella ha hecho un trabajo excelente de recopilar e incorporar los videos viejos de las peleas de Mano de Piedra; me encantó la mezcla de emoción y asombro que sentí al ver escenas que o ya conocía o me eran totalmente nuevas; y sentí que se había puesto mucho cuidado a detalles como la música y los subtítulos.

    Como por allí me dirán que yo no sé nada de cine —lo admito— agregaré que fui a ver el filme con mi hijo, quien acaba de trabajar en la producción de una película con Isabella Rossellini y Uma Thurman; él elogió el profesionalismo de Ortega-Heilbron, diciéndome, I was astonished at how high the production values were. ("me asombré con lo elevado de los valores de producción). Dos panameños que entrevisté en el teatro —Julieta Montiel y Benny Medina— también elogiaron el filme.

    La película es más que una simple biografía de Durán, porque Ortega-Heilbron hace un paralelo entre la historia de él y la historia política de Panamá. Aunque no siempre estoy de acuerdo con su análisis político, aplaudo su esfuerzo por darle contexto y mayor profundidad de contenido a lo que de otra manera sería un relato bastante simple. De crítica, solo diré que me hubiera gustado aclarar más aquel incidente del "¡no más!" y conocer más de cómo el propio Durán analiza ahora su extraordinaria carrera como boxeador.

    Pero esas críticas se quedan chicas ante lo bien realizado del filme, que está teniendo buena recepción en el exterior. El diario británico The Independent lo describió como una de las obras más "intrigantes" en el Festival de Cannes este año, y el embajador panameño en Francia, Omar Jaén, lo describió como el mejor documental del reciente Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz. Opinó Jaén: "Excelente sería poco para calificarlo"

    El personaje principal es Roberto Durán, pero la película va mucho más allá de su vida y sus realizaciones deportivas. Pone en paralelo la historia política y social e internacional de Panamá en la época, desde 1970 hasta el año 2000, con mucha sutileza e inteligencia, añadiendo una dimensión metafísica de la lucha paralela de un deportista y de un pueblo por encontrar su identidad y recuperar su dignidad".

    Estoy totalmente de acuerdo. Aplausos para todos los involucrados en esta obra.


    (Fuente: prensa.com)


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